Lo que dicen las importaciones y la encrucijada monetaria tras el PIB del tercer trimestre

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Opinión
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La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ha informado que el Producto Interno Bruto mexicano crecerá cerca de 2% este año

Muchos datos interesantes se dieron a conocer la semana pasada. El INEGI reportó las cifras de la balanza comercial de septiembre y la estimación oportuna del PIB correspondiente al tercer trimestre.

En Estados Unidos, el Bureau of Economic Analysis (BEA) divulgó la cifra preliminar del PIB de aquel país para el mismo período. Por si fuera poco, aquí también, Hacienda publicó su Informe de Finanzas Públicas al mes de septiembre. Este último por cuestión de espacio no lo trataremos en esta ocasión.

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A primera vista las tasas de crecimiento del 3.4% de Estados Unidos y el 3.2% de México parecen un empate. Y si, prácticamente lo son, pero no hay que dejarse engañar.

El BEA reporta variaciones trimestrales anualizadas: ese 3.4% equivale a cuanto se expandiría la economía norteamericana al cabo de un año, si creciera a la misma tasa trimestral que lo hizo en julio-septiembre. El INEGI destaca, en cambio, la variación anual contra el tercer trimestre de 2025. Homologando, el PIB anualizado de México rondaría el 3.6%.

Lo alentador es la composición. Las importaciones de bienes intermedios, 80.4% de las compras externas del año, crecieron 38.8% anual en septiembre y alcanzaron 63 mil 103 millones de dólares.

Importar insumos es comprar producción futura: coincide con exportaciones no petroleras 38.8% mayores y con un salto de 94.7% en equipos eléctricos y electrónicos. Las importaciones de bienes de consumo, en cambio, subieron 11.4%. Es un crecimiento jalado por la inversión y la integración productiva, no por gasto desbordado, y por eso luce más duradero.

En Estados Unidos, la inflación se ubicó en 3.6% en el mes de septiembre y la subyacente fue 3.1%, ambas siguen sobre la meta. Con ello, la Fed elevó su tasa a 3.75%-4.00% en septiembre.

En octubre la mantuvo, con dos votos disidentes que preferían otra alza, y las minutas indican que la mayoría vería apropiado un nuevo aumento antes de fin de año.

Banxico mantuvo su tasa en 6.50% en septiembre, con una inflación de 3.62% en la primera quincena de octubre. Con el crudo mexicano a 106 dólares por barril y las importaciones petroleras creciendo 31%, tampoco hay razones para relajar. Lo previsible es una pausa prolongada, cuidando el diferencial frente a una Fed que aprieta, para no presionar al peso.

En esta compleja coyuntura con fuertes ritmos de crecimiento económico, tanto la Reserva Federal como el Banco de México deben recalibrar con máxima prudencia el rumbo de su política monetaria. Un recorte apresurado y excesivamente agresivo de las tasas de interés con la intención de abaratar el costo financiero de la deuda pública podría desanclar las expectativas de precios y reavivar brotes inflacionarios indeseados.

En sentido contrario, mantener una postura monetaria severamente restrictiva por un tiempo prolongado corre el peligro de asfixiar la inversión fija, encarecer los refinanciamientos de la deuda existente y mermar el crecimiento económico indispensable para estabilizar el coeficiente deuda pública-PIB.

El camino pasa por inversión y productividad, justo lo que sugieren los insumos que hoy cruzan las aduanas mexicanas, y por bancos centrales que no cedan antes de tiempo, pero que tampoco aprieten las condiciones sin considerar los efectos de segundo orden.

Guillermo Garza De La Fuente Economista y Catedrático de la Facultad de Economía de la UAdeC y de la Universidad La Salle Saltillo.

X: @guillermo_garza

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