Lo que hay que saber, independientemente de lo que se dice, de la revocación de mandato

Opinión
/ 20 marzo 2022
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Para entenderlo de manera simple, la revocación de mandato es un mecanismo democrático, como el referéndum, el plebiscito, la consulta, las audiencias públicas y el acceso a la información pública. Aparece en la reforma de los artículos 35, 36, 41, 73, 81, 83, 99, 116 y 122. Como bien lo sabe, tiene como base la idea de que el gobernante debe cumplir y hacer cumplir la Constitución, sino, como todos lo hemos oído, que el pueblo se los demande. Por supuesto, el pueblo nunca ha demandado absolutamente nada. Fieles a nuestra costumbre, aguantamos vara.

Simple y llanamente, para que se entienda mejor, si en el caso que nos ocupa el Presidente de la república está haciendo bien su trabajo, que siga, y si no que deje su cargo. Todo esto apegado al artículo 81 Constitucional que a la letra dice:

“La elección del presidente será directa y en los términos que disponga la ley electoral. El cargo de presidente de los Estados Unidos Mexicanos puede ser revocado en los términos establecidos en esta Constitución”.

El artículo 35 constitucional, fracción IX, marca la ruta que se debe seguir. La primera parte ya se ha hecho, es decir, el 3 por ciento de los inscritos en la lista nominal de por lo menos 17 entidades federativas solicitaron la revocación de mandato. Probablemente a una buena parte de la población le pasó de noche. En este rubro, el capital político del partido ahora dominante, con 16 gubernaturas a lo largo y ancho del País, garantiza lo solicitado.

Otro dato importante que marca el artículo 35 constitucional es que para efectos de que se haga válida la revocación de mandato se requiere al menos la participación del 40 por ciento de las personas inscritas en la lista nominal que, al corte del 11 de marzo de 2022, es de 93 millones 335 mil 175 personas.
En concreto, basta con que 37 millones 334 mil 070 personas salgan a votar el próximo 10 de abril.

La elección está a cargo del INE de todo a todo, por eso el conflicto que se ha generado. Dinero, voluntad, intereses, filias, fobias, la Presidencia de la República, los diferentes actores, los bloques de poder; opiniones de líderes económicos, de medios, sociales y demás, han hecho del tema, como siempre ocurre en nuestro País, un evento complejo, controvertido y sesgado.

En caso de que resulte que Andrés Manuel se vaya a su rancho en Palenque, Chiapas, el Congreso de la Unión entrará a cubrir el vacío que se queda para posteriormente convocar a elecciones y buscar un nuevo presidente. El 84 constitucional afirma que “en caso de haberse revocado el mandato del presidente de la República, asumirá provisionalmente la titularidad del Poder Ejecutivo quien ocupe la presidencia del Congreso; dentro de los treinta días siguientes, el Congreso nombrará a quien concluirá el periodo constitucional”.

Para que tenga una idea, la figura está validada y se ha implementado ya en Ecuador en 1997, donde un grupo importante pidió la salida de Lenín Moreno por asuntos de incumplimiento de promesas de campaña y de corrupción. Lo mismo le pasó a Rafael Correa, con quien no procedió la solicitud. En Colombia se encuentra en el artículo 103 de la Constitución. También está aceptada en Venezuela, en Bolivia, en Argentina y en Perú, donde se ha implementado en algunas ocasiones. En Estados Unidos hay 26 estados que la facultan.

Sin lugar a duda, requerimos mecanismos para que en un país donde el abstencionismo es un instrumento de control político, disminuya. La revocación de mandato, sin las suspicacias que ha levantado el presente proceso, optimiza el principio de soberanía popular, la participación del ciudadano, rompe la hegemonía de los partidos políticos, la preocupación y la legitimación de la democracia y pudiera convertirse en una buena práctica que impulse una ciudadanía activa, donde la participación de los medios puede jugar un papel relevante como cuarto poder y no al servicio de intereses, hacia un lado o hacia el otro, como desde hace tiempo lo hacen.

Como práctica, el instrumento es deseable. La pregunta sería, ¿por qué nunca se utilizó? Creo que llegamos a este punto justamente porque ni los gobiernos priistas ni los gobiernos panistas respondieron a lo que se esperaba, ¿o sí? El ejemplo es simple, si un empleado en una empresa no rinde o hace lo que se espera de él, ¿le seguiría pagando? El problema ha sido la partidización y la polarización en la que vivimos. Actos de corrupción constantes, ineficiencia, violaciones de los derechos humanos, pérdida de legitimidad y otras cosas más, son elementos por los que debe promoverse la figura y que los gobernantes entiendan que deben de ser responsables del rol que juegan en la democracia.

Por la lamentable idea que tenemos de pluralidad, tolerancia, diálogo y respeto, valores fundamentales de la democracia, la herramienta “revocación de mandato” se ha convertido para algunos en una medición de popularidad, en un tema de reelección, en una oportunidad para mostrar músculo de parte de un grupo u otro, teniendo como base los intereses personales, de grupo o de partido y nunca el interés común. El INE nos pone en perspectiva, “es un instrumento de participación solicitado por la ciudadanía para determinar la conclusión anticipada en el desempeño de la persona titular de la Presidencia de la República, a partir de la pérdida de confianza”. Eso y no otra cosa.

La política algunos autores la cimientan en la deliberación pública. Hay muchas razones y voces que hablan de no salir a votar el próximo 10 de abril, por supuesto, están en su derecho de expresar sus ideas y de mostrarlas a la ciudadanía, hay otras que invitan como el INE, al que no le queda de otra de llamar a la Consulta, pero creo que usted tiene la palabra para hacer un análisis a fondo sobre la responsabilidad histórica que podría comenzar a darse para que en lo futuro la figura tomara relevancia. Perversión, manipulación, control, medición de popularidad, manoseo o lo que usted guste y mande, con todo lo que hemos asentado, estamos ante la presencia de un excelente mecanismo a largo plazo. ¿No lo cree así? Así las cosas.

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