Los jóvenes ya no se comprometen con su rol de estudiantes
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Hoy los alumnos sólo cumplen con aprobar la materia o con entregar las actividades. En otras palabras, cumplen con lo mínimo para obtener una buena calificación, pero no aportan algo extra
En mis casi 50 años de experiencia docente, una de mis preocupaciones más importantes es por qué el alumno está poco comprometido con su rol de estudiante. Claro que hay excepciones, pero cada vez son menos. Y no es que carezcan de capacidades ni de inteligencia respecto a generaciones anteriores; el problema fundamental es su menor compromiso intelectual y emocional con el aprendizaje. Solamente cumplen con aprobar la materia o con entregar las actividades. En otras palabras, cumplen con lo mínimo para obtener una buena calificación, pero no aportan algo extra. En mis últimos 20 años de docencia universitaria, fueron muy pocos los alumnos que participaban en clase y aportaban ideas que iban más allá del material obligatorio del curso.
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Existe una falsa creencia entre los alumnos de que mantenerse ocupado equivale a aprender. El incremento en actividades, como el uso de tecnologías, la realización de trabajos en equipo o la entrega de tareas, no necesariamente refleja su compromiso con el aprendizaje. Entonces, ¿qué significa comprometerse con su aprendizaje?
– Atención sostenida
– Esfuerzo cognitivo
– Interés real
– Sentido de propósito
Desde mi punto de vista, las calificaciones, los premios, los puntos, los castigos o la presión externa ya no logran mantener el compromiso como antes. Los estudiantes se ven obligados a hacer “lo mínimo necesario” para cumplir, pero no para aprender. Desde la neurociencia, entenderemos el porqué:
– La dopamina inmediata (recompensa inmediata) no genera motivación duradera.
– El cerebro demanda sentido y retos, no sólo estímulos.
Una de las principales razones del “disengagement gap” (falta de compromiso) es la falta de vinculación entre lo que se enseña y la vida real del alumno. Cuando el cerebro no capta la utilidad, el sentido o el reto:
– Disminuye la atención
– Desaparece el interés
– Aprende sólo para olvidar
Otra pregunta que surge es: ¿cuál es la causa del no compromiso? Quizás el motivo más importante es la laxitud de los entornos educativos:
– Evitan la frustración
– Simplifican en exceso
– Bajan el nivel de exigencia
Esto genera alumnos más cómodos, pero menos involucrados y responsables. El cerebro requiere un reto moderado para que tengan lugar la activación y la transmisión del aprendizaje. Además, la tecnología aumenta la desconexión cuando se apodera del esfuerzo. No es sólo el uso de pantallas, sino la manera en que se utilizan. Cuando la tecnología soluciona antes de que el receptor haya pensado, llega a reducir el esfuerzo cognitivo; evita el error.
El maestro es la solución. Los estudiantes se comprometen mucho más con las personas que con la pantalla. El hecho de relacionarse con el docente –con expectativas claras, con exigencia justa, con interés sincero– provoca atención, regulación emocional y motivación intrínseca.
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El principal problema educativo en la actualidad no es el bajo rendimiento, sino la decepción con el aprendizaje. Y sin esto: no hay esfuerzo, no hay consolidación cerebral y no hay verdadero aprendizaje
Conclusiones para padres y alumnos. En contraposición al disengagement gap:
–Con reto cognitivo
–Con sentido
–Con vínculos humanos
–Y con esfuerzo