Hijos sin voluntad y frágiles

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Opinión
/ 19 febrero 2026

La fuerza de voluntad o carácter es la habilidad de resistir tentaciones o caprichos diarios para lograr metas a largo plazo. Esta capacidad evita las gratificaciones instantáneas

Esta semana, una de mis alumnas universitarias me preguntó qué podía hacer porque no tenía suficiente voluntad para dejar TikTok. “Maestro, todos los días me propongo ver TikTok solamente por 30 minutos, pero es imposible dejarlo. Me paso más de ocho horas diarias viendo videos en TikTok y, por más que pongo un límite, me gana”.

TikTok es una de las aplicaciones más adictivas que existen en las redes sociales. El cerebro, con cada video al que es expuesto, produce el neurotransmisor llamado dopamina, que produce placer y es causa de adicciones. Entre más dopamina es producida en el cerebro, mayor es el riesgo de desarrollar dependencia hacia esa sustancia o actividad. Los videos de TikTok son breves, con un promedio de 15 segundos de duración, y con cada nuevo video, el cerebro es expuesto a la novedad y produce dopamina, generando placer.

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La fuerza de voluntad es una de las capacidades que debemos desarrollar en nuestros hijos. La voluntad tiene varios sinónimos, como autodisciplina, determinación, carácter, autocontrol, virtud, fuerza mental o tenacidad. En el año 2011 se realizó un estudio sobre el estrés en América, el cual reportó que el 27 por ciento de los participantes carecía de carácter o fuerza de voluntad.

La voluntad es la capacidad para elegir bien las metas y poner todos los medios para lograrlas. Gracias a la fuerza de voluntad hacemos ejercicio, seguimos una dieta, ahorramos, regulamos el consumo de alcohol, superamos la procrastinación, logramos metas y tenemos la capacidad de vencer cualquier tentación que impida nuestro bienestar. Mahatma Gandhi definió el carácter como: “La fuerza no proviene de la capacidad física. Viene de una voluntad indomable”.

La fuerza de voluntad o carácter es la habilidad de resistir tentaciones o caprichos diarios para lograr metas a largo plazo. Esta capacidad evita las gratificaciones instantáneas. Los estudios, especialmente los del Dr. Walter Mischel de la Universidad de Columbia, muestran que las personas que demuestran autocontrol y regulan sus conductas tienen mejor rendimiento escolar, menor consumo de drogas y logran completar sus metas de vida, en comparación con quienes no pueden controlar sus impulsos.

La neurociencia nos afirma que esta actividad de autorregulación se realiza en el lóbulo frontal de nuestro cerebro y su madurez se alcanza entre los 25 y 30 años. Antes de esta edad, la persona está a merced de sus impulsos y deseos instintivos, y la mayoría de sus decisiones están basadas en el “querer” y no en el “deber”. Esta es la probable razón por la que muchos adolescentes inteligentes y brillantes tienen comportamientos de alto riesgo, aun entendiendo y sabiendo las consecuencias de sus acciones.

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No es fácil el trabajo del lóbulo frontal cuando el cerebro no ha madurado, y nos impulsa a pedir una hamburguesa y no una ensalada, o entrar a TikTok en lugar de realizar la tarea escolar. La mayoría de nuestros hijos desearía cumplir con sus obligaciones, pero los impulsos y el placer inmediato son más poderosos que cumplir con una responsabilidad. Y aquí entra una de las funciones más importantes de los padres: “control parental”.

No podemos dejar que nuestros hijos tengan total libertad en sus acciones, porque en su mayoría tomarán malas decisiones. Tenemos que ayudarles a regular sus actividades y horarios: “Solamente 30 minutos podrás usar tu celular” o “no puedes tomar alcohol, ya que no tienes la edad permitida”. Los papás deben ser el lóbulo frontal de sus hijos, como Pepe Grillo en la novela de Pinocho. Debemos ser su conciencia para ayudarlos a regular sus deseos de placeres instantáneos y a que tomen buenas decisiones y a cumplirlas.

Es licenciado en Educación con Maestría en Desarrollo Organizacional por la UdeM. Maestría en Psicopedagogía Clínica en España. Cuenta con doctorado en Currículum e Instrucción por la Universidad del Norte de Texas y estudios de Postrgrado en Educación, género, aprendizaje y cerebro en el programa de Velma Smichdt por la Universidad del Norte de Texas.

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