Los libros, la mejor universidad

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Opinión
/ 25 abril 2026

Lea, lea, no le saque al bulto. Vaya a la Feria del Libro a escuchar autores o a comprar algo que le atraiga

Ahora que tenemos al alcance la Feria Internacional del Libro en Arteaga, creo que es una invitación para hablar de lo que significan los libros. Son tan importantes que un profesor de la Universidad de Chicago escribió una bella obra donde afirma que no necesitamos de universidades, que los libros son la mejor de ellas. Proponía 100 autores como elementos fundamentales para el conocimiento del mundo. Su libro lo leí hace muchos años y fue mi mejor guía. Su autor, Mortimer Adler, se doctoró en Derecho en Columbia. Lo único que le critico es que le da un enorme espacio a libros de ingleses y norteamericanos. Eso se corrige fácilmente leyendo a Borges.

Éste había conocido y tomado como guía a Alfonso Reyes, a quien admiraba y consideraba el más grande de los autores de la lengua española. Los domingos, Borges iba a la embajada de México en Buenos Aires a desayunar con Reyes. Tanta era su admiración por él que, cuando Borges ya era Borges, quiero decir, uno de los más grandes del mundo, propuso simplemente a los suecos que le entregasen el Premio Nobel de Literatura a Alfonso Reyes. Por supuesto, los porteños se pusieron locos y se lanzaron contra la propuesta. ¿Cómo puedes proponer a un mexicano? Nada más Victoria Ocampo lo apoyó.

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La cosa no quedó ahí: no pocos mexicanos también le negaron su apoyo: “Siempre ha vivido fuera de México”, decían, “además, es de provincia (Monterrey)”. Y el resultado fue que no se lo dieron. ¡Qué ojetes! (no me tome a mal esta palabreja; la usó varias veces el grandioso Francisco de Quevedo). Un lindo poema dedicó Borges a Reyes: “El vago azar o las precisas leyes / que rigen este sueño, el universo / me permitieron compartir un terso / trecho del curso con Alfonso Reyes. Supo bien aquel arte que ninguno / supo del todo, ni Simbad ni Ulises / que es pasar de un país a otros países / y estar íntegramente en cada uno”.

En septiembre de 2025 leí por cuarta vez “Don Quijote de la Mancha”. Por primera ocasión lo hice casi de corrido. Me acababan de operar del corazón y me pusieron un marcapasos; por ello tuve atado el brazo izquierdo un mes completo. Me puse un almohadón en las rodillas, ahí coloqué el libro y lo leí, dándole la vuelta con la mano libre. Lo disfruté. No había percibido antes la inteligencia de Cervantes. Es y será grandioso. Marx, Freud y Engels aprendieron español para leer el Quijote en su lengua original. Alcancé también a leer dos maravillosos libros de Augusto Monterroso, autor que no me cansa.

Del extraordinario poeta inglés T. S. Eliot (quien renunció a la nacionalidad estadounidense) conocía poco, lo confieso. Uno es más ignorante de lo que cree. Descubrí sus ensayos “La Aventura sin Fin” y empecé a gozarlo. Como había iniciado la lectura de “La Divina Comedia”, encontré que le dedicó dos profundos ensayos. Declara que Dante es su mayor inspirador, que casi no hay poema o escrito suyo en que no esté el maestro. “Dante es, por encima de todos los demás poetas de nuestro continente, el más europeo. Es el menos provinciano, aunque hay que admitir de inmediato que, para lograrlo, no se vio obligado a dejar de ser local”.

¿Qué decir de los nuestros? Digo, además de Reyes. Pues la respuesta es fácil: Juan Rulfo, Juan Rulfo y Juan Rulfo. Un escritor chino, del que no recuerdo el nombre, lo leyó en su lengua y lo amó tanto que supo que no podría morir sin conocer a Rulfo. Aprendió español y vino a México. Alguien le dijo que Rulfo acostumbraba ir (me parece) al Gallo de Oro, una elegante y famosa cantina. Y sí, lo vio solo en una mesa, se le acercó y le preguntó si él era él. Rulfo dijo: sí. Bebieron juntos y se llevó sus libros, uno en chino (que traía) y otro en español, dedicados.

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-feria-mi-feria-nuestra-feria-ED20236637

Estando en Chiapas, donde viví seis años, en Huitiupán, donde se encuentra la ceiba más vieja (nació antes que Cortés llegara a México), pasaron en un cine pequeñísimo la película “Pedro Páramo”, la italiana. Desde ahí inició mi locura rulfiana, y no ha parado.

Lea, lea, no le saque al bulto. Vaya a la Feria del Libro a escuchar autores o a comprar algo que le atraiga. Deje de lado a los que hablan de superación personal; nadie se ha superado con ellos. Compre a Kafka, Cercas, Galeano, Borges, Sabines, Paz, Conrad, Auster, Steiner, Vargas Llosa, Castellanos, Woolf. Gócelos. Nunca se arrepentirá de haber leído. Apague la televisión y encienda un libro (esta frase no es mía).

Columna: De habla y tiempo

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