Los mexicanos estamos ‘satisfechos’ con la vida
Los seres humanos somos optimistas por naturaleza. Pero está claro que a los mexicanos la naturaleza nos ha provisto con una dotación particularmente alta de este atributo
Una de las encuestas más interesantes –por la información subjetiva que aporta– de las muchas que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía es la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE). Este instrumento mide el bienestar subjetivo y la salud mental en México.
Dicha encuesta explora, mediante la aplicación de un cuestionario estandarizado, tres variables relacionadas con el bienestar subjetivo de las personas: su satisfacción con la vida, el balance anímico y el sentido de la vida, es decir, el significado que las personas le dan a su propia existencia.
Cada una de las variables anteriores se mide en una escala del 0 al 10, en la cual cero implica una inexistente satisfacción y 10 la satisfacción total.
Cualquiera esperaría que, siendo nuestro país uno especialmente proclive a las malas noticias, la mayoría de las personas se manifestara muy poco satisfecha con la vida que les ha tocado vivir. Pero, contrario a esta presuposición, los resultados muestran a una población esencialmente optimista.
En efecto, la calificación promedio que las personas entrevistadas –en poco más de 37 mil viviendas de todo el país– otorgaron a la pregunta: “¿Qué tan satisfecha(o) se encuentra actualmente con su vida?” fue de 8.62, es decir, muy cerca de la satisfacción total... o al menos muy lejos de la insatisfacción.
Curiosamente, las personas más jóvenes –adultos de entre 18 y 44 años– fueron las que manifestaron mayor satisfacción, pues más del 60 por ciento de ellos dijeron estar “totalmente satisfechos” con su vida actual. También resulta interesante observar que quienes tienen mayor escolaridad, así como las personas casadas, se dijeron totalmente satisfechas con su vida, en contraste con quienes poseen solamente educación básica, así como quienes están separados, divorciados o son viudos.
Y en ese contexto, los coahuilenses ocupamos la posición de honor, con un promedio de calificación de 8.85 (sobre 10) en el nivel de satisfacción expresado durante la Encuesta.
Las interpretaciones posibles ante tales resultados son múltiples y dependerán, en todo caso, de la disciplina desde la cual se realice el análisis. Sin embargo, es posible decir, en términos generales, que la visión optimista de la realidad que esta encuesta refleja, entre la población del país, se explica a partir del hecho de que el optimismo es una condición natural del ser humano.
Señalar lo anterior es importante para decir que el nivel de satisfacción de la población mexicana (o de cualquier país del mundo) no es producto de la acción gubernamental, ni el resultado de una política pública específica. Desde luego que los resultados del trabajo gubernamental pueden influir en el ánimo con el cual se percibe el futuro, pero incluso el más desastroso de los gobiernos es incapaz de conculcar el optimismo natural de las personas.
Y qué bueno que los humanos seamos así. Porque si la existencia constituye un desafío permanente y una fuente aparentemente inagotable de motivos para la desesperanza, sólo cabe imaginar lo que ocurriría si no estuviéramos dotados de la capacidad natural para ver con optimismo el futuro.