Malas compañías
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Si bien EU es el niño rico, bully y altanero del barrio, era mucho mejor influencia que malandros como Cuba, Nicaragua y Venezuela
Todos tuvimos un amigo (amiga) al que nuestros padres no miraban con tan buenos ojos...
Y aquí sí, es muy importante que haga memoria, porque si no se acuerda de ninguno, ya conoce la regla: entonces usted era la lacra que otros progenitores veían con desconfianza.
Pero si no es usted la manzana podrida de su generación, seguramente mami o papi le advirtieron que andar en la vagancia, con tal o cual, sólo lo iba a meter en problemas y a ganarle una mala reputación.
Sucede que cuando uno transita por ese oscuro periodo de la vida llamado adolescencia, experimenta cierta fascinación por esos personajes que nos parecen más temerarios, desinhibidos, inconformes, contestatarios, originales y auténticos.
Nos resultan seductores y hasta vivimos un crush no sexual (no necesariamente) con el chico peligroso, la chica desenfrenada, y los agarramos de modelos a imitar.
A lo mejor ya lo hice acordarse de alguien. ¿Qué fue de aquel amigo que ya consumía sustancias? ¿Y de aquella chica que se volvió sexualmente activa antes que las demás?
Pues nada necesariamente. Quizás él sólo es hoy un burócrata obeso y calvo, y ella es la abnegada madre de cinco que ahora se escandaliza hasta porque las niñas perrean al ritmo de Baboni. Tampoco es como que fueran a acabar en la correccional o en el cementerio. La vida no es una película de “Rebeldes sin Causa” de los años 50.
Lo que no significa tampoco que en su momento no fuesen una mala influencia y que a sus padres les faltara razón en desaconsejar y hasta prohibirle las salidas con alguien a quien evidentemente ya le había hecho efecto todo el cóctel de hormonas que nos hace pasar de querubines a Mr. Hyde.
México es un país muy joven. Pese a que cada mañana se siente como que ya entramos en la menopausia nacional (las tragedias no acarician), lo cierto es que apenas tenemos 200 años de existir.
Sí, algunos alegarán que hay mucha historia prehispánica previa, pero sin el componente ibérico no estábamos identitariamente completos y, de manera formal, nacimos para el mundo apenas en 1821.
Y ya hemos visto cómo ello es nada comparado con imperios como China, que tienen cinco mil años de presencia en la Tierra. A su lado no somos ni pubertos, apenas unos chamacos dejando el pañal.
Y quizás ello explique por qué México ha escogido tan mal a sus amistades, a sus naciones aliadas, a sus países hermanos.
Si bien Latinoamérica presume que todos los países del continente comparten un mismo gen identitario, la verdad es que ni de chiste somos todos lo mismo.
Luego de los movimientos independentistas que dieron a luz a un montón de naciones de padre ausente (España) y madre comatosa (las culturas originarias), iniciaron todas un proceso de definición y autorreconocimiento, cada una decidiendo si quería ser una monarquía, una república, un principado, una sociedad anónima de capital variable...
Algunas potencias europeas quisieron aprovecharse de esto, seguras de que podían consolar a la mamá luchona y darle apellido al hijito bastardito mientras seguían explotando sus inagotables recursos naturales.
– ¡Saluda a Austria, va a ser tu nuevo papá!
Pero ya estábamos muy creciditos para aceptar la presencia de ese nuevo “cuyeyo” y aquello nomás no funcionó. En fin, que ahí hemos ido creciendo un poco a la buena de Dios.
¡Ah! Luego otros tuvieron padrastros militares en forma de horribles dictaduras (nosotros también hemos padecido la bota, nomás que todavía no les da por sentarse en la Silla, aunque ya Morena les anda quitando las restricciones a los milicos para poderse postular).
El caso es que México en cierto momento parecía uno de los chicos aventajados del vecindario y todos lo veían con una mezcla de envidia y admiración:
– ¡Mirá qué economía! ¡Qué PIB! ¡Qué penetración cultural! ¡Mira nomás ese soft power! ¡Wow, ya hasta tiene un tratado de libre comercio con América del Norte! ¡Ve cómo se codea con los del primer mundo! ¡En una de esas lo admiten en el club, eh!
Tan aplicados y ejemplares que nos mirábamos hasta hace apenas unos años, hoy somos uno de los adolescentes más vagos, viciosos y holgazanes, no digo de la cuadra... ¡Del mundo! Y sí, mucho han tenido que ver las compañías con las que México ha decidido andar en décadas recientes.
Aunque no soy partidario de rendirle pleitesía incondicional a Estados Unidos ni a su modelo económico, sí que tenemos todavía mucho más que aprenderle a estos sobre el manejo de sus recursos y sobre institucionalidad que a Venezuela, por ejemplo.
Si bien EU es el niño rico, bully y altanero del barrio, era mucho mejor influencia que malandros como Cuba, Nicaragua y Venezuela, países que le dieron la espalda por completo a la democracia y dejaron de reconocer los principios que nos definen como civilización occidental.
Y sí, ahorita las políticas de la administración Trump lo colocan más cerca de esos dictadores bananeros que del liderazgo del mundo libre, pero EU aún se debate entre ser un proyecto de nación más grande que su tirano en turno. En cambio, Cuba, Nicaragua y Venezuela se convirtieron hace mucho en coto de un sólo hombre, a saber, Castro, Ortega y Maduro... ¿Y México?
Bueno, México está en la misma pugna que Estados Unidos, debatiéndose en descubrir si sus cimientos son más fuertes que todo el poder destructivo al que sus respectivos líderes mesiánicos los han sometido. No lo sabemos: a veces parece que está todo perdido, a veces parece que atisbamos una luz de esperanza.
Por lo pronto, el régimen que hoy nos desgobierna le apostó a ser uno más de ese clan de los desarrapados, supuestamente por una afinidad ideológica de corte socialista, más humanista y menos orientada al capitalismo salvaje. Pero sabemos que es puro cuento, que sólo es discurso reciclado de la era comunista y que sí están bien orientados al lucro y a la generación de riqueza a costa de lo que sea (de la legalidad, del deterioro ambiental, de la vida de sus gobernados), pero con beneficio exclusivo para la élite gobernante.
Esa militancia en el bando de la falsa izquierda, de los antiimperialistas del Eje Bolivariano, nos ha metido ya en numerosos entuertos diplomáticos totalmente innecesarios. Pero hoy tiene al Gobierno de la doctora Shein y, por ende, a todo proyecto de López, pendiendo de un delgado hilo, pues el eslabón más débil de su cadena de corrupción está en poder de uno de los adversarios políticos más viscerales y locos que jamás tuvo un gobierno mexicano... Uno que la 4T se consiguió también de manera gratuita, innecesaria.
Y si bien no puedo decir que no me alegra, no deja de ser irónico que hoy estén pagando el precio de sus estúpidas alianzas seudoideológicas.
¿Tendrá don Javier “El Pelucas” Milei la cortesía de regresarnos a nuestro corrupto contraalmirante Farías, o se lo quedará para ofrendárselo cual minino a su amo y señor, Mr. Trump?