Malaventurados los pobres
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Millones de mexicanos, sin embargo, no pueden disfrutar los bienes que la vida ofrece. Son pobres, y de la pobreza derivan muchos males, entre ellos la ignorancia, la falta de salud y la marginación social
“Ahí viene el mesero con la especialidad de la casa: la cuenta”. Lugares hay, en efecto, donde comes rico, pero sales pobre. No son muy de mi gusto los restoranes anunciados como de “cocina de autor”, “cocina fusión” y otros semejantes sonorosos títulos. Ahí te ponen en un plato descomunal una porción milimétrica de vianda adornada con una ramita de cilantro o perejil, y te la cobran igual que si te hubieran servido un ave del paraíso en salsa de ambrosía o una copiosa orden de lenguas de caballitos de mar. Comes como ermitaño y pagas como soberano. Sales de ahí con la panza vacía y la cartera más vacía aún. Prefiero los restaurantes a los que vas a comer, no a que te vean comer. Dice un cierto amigo mío, ochenteno como yo: “Lo comido y lo con ge es lo único que gocé”. Sabia filosofía es ésa. Con buen sentido declara un proverbio popular: “El muerto a la sepultura, y el vivo a la travesura”. Millones de mexicanos, sin embargo, no pueden disfrutar los bienes que la vida ofrece. Son pobres, y de la pobreza derivan muchos males, entre ellos la ignorancia, la falta de salud y la marginación social. Eso los lleva a caer fácilmente en manos de políticos aviesos que los compran mediante dádivas en dinero a fin de usarlos para ganar el poder y mantenerse en él. Tal fue lo que hizo López Obrador, quien llegó al extremo de comparar a los pobres con mascotas a las que su propietario debe alimentar. Seguirá habiendo pobres, es decir, seguirá habiendo Morena. ¿Bienaventurados los pobres? No. Malaventurados más bien, condenados a una vida de carencias. El Señor los bendijo, pero fue un rico quien cedió su tumba para sepultarlo. “Ay, qué mancha tan negra es la pobreza”, dice una dolorida canción tradicional. Es cierto. Por esa mancha estamos como estamos... Peroración sombría fue ésta, escribidor. ¿Acaso te has propuesto conturbar nuestro ánimo? Conturbado está ya, debes saber. La criminalidad sigue rampante; nuestra relación con Estados Unidos se pone más tensa cada día; la libertad de expresión está amenazada; la impunidad que favorece a los delincuentes morenistas es agravio flagrante a la justicia. ¿Y todavía le echas gasolina al fuego, con lo cara que está? Vuelve a lo tuyo, y pon en la escritura algunas notas de humor leve... Lord Feebledick asistió en Londres a la comida anual del Cuarto Regimiento de Calcuta. El ágape terminó tempranamente, pues se acabó la dotación de whiskey, y el señor llegó a su finca rural antes de lo esperado. Ahí encontró a su mujer, lady Loosebloomers, en ocasión coital con Wellh Ung, el pelirrojo mancebo encargado de la cría de los faisanes. A la vista de ese penoso espectáculo, el mitrado marido perdió la tradicional flema británica y prorrumpió en dicterios contra el mocetón: “¡Bellaco sinvergüenza! ¿Para eso te pago, tunante?”. “No, milord –respondió cortésmente el follador–. Esto lo hago completamente gratis”... Avaricio Cenaoscuras era piedra de machucar muertos. Esa extraña expresión servía para calificar al tacaño, agarrado, cicatero, mezquino, miserable, ruin. Iba a casar con viuda, y alguien le preguntó: “¿A dónde van a ir de luna de miel?”. “Iré yo solo –respondió Avaricio–. Ella ya pasó por eso”... Con incitante andar la bella dama entró a la mueblería y le pidió al empleado: “Quiero una cama matrimonial”. El encargado le mostró varias, y le preguntó: “Perdone la indiscreción: ¿va usted a casarse?”. “No –replicó ella–. Voy a ampliar el negocio”... “Me duele el testículo izquierdo”. “Señor: ésta es la Facultad de Derecho”. “¡Caramba! ¡No sabía que cada uno tiene su propia Facultad!”... FIN.