Mirador 06/02/2026
Una mirada a la estatura y robustez del cliente le bastó al experto vendedor para saber que esa no era la medida del hombre
Relato muy triste es éste que mi abuelo don José María solía relatar.
Un cierto amigo suyo fue a comprarse unos zapatos. El empleado de la zapatería le preguntó de qué medida los usaba. Respondió:
–Del 8 y medio, como estos que traigo.
Una mirada a la estatura y robustez del cliente le bastó al experto vendedor para saber que esa no era la medida del hombre.
–Señor –le indicó–, creo que usted debe usar del 9, y quizás hasta del 9 y medio.
Le dijo el amigo de mi abuelo:
–Mira. En el trabajo, el jefe me trata como a un esclavo. Mi mujer es gruñona y desobligada. Tengo una hija que anda en malos pasos, y un hijo borracho y holgazán. El único placer que disfruto en la vida es llegar a mi casa y quitarme los zapatos. Ya sé que soy del 9, pero dámelos del 8 y medio.
No obstante lo pedestre de la historia, encuentro en ella una apretada síntesis de la tristeza que en el mundo existe. Insignes escritores se han ocupado de ella, y en sus escritos han puesto un tenue velo de melancolía. El relato de mi abuelo no es tan tenue, pero a mí me parece más triste que los de esos insignes escritores.
¡Hasta mañana!...