Mirador 24/10/2026
COMPARTIR
Este señor tenía una extraña ocupación. Tomaba un libro y se pasaba las horas subrayando las palabras con tinta de color, hasta que el volumen quedaba totalmente iluminado. Así decía él: iluminado.
Los verbos los subrayaba de color azul; los artículos de morado; los sustantivos de verde: los adjetivos de negro; los pronombres de amarillo; de anaranjado los adverbios; de color de rosa las preposiciones; de gris las conjunciones y de rojo las interjecciones.
Otra cosa no hacía ese señor. Su esposa se ocupaba del sostenimiento de la casa. Cuando los hijos y los nietos llegaban de visita, el señor apenas los saludaba. Les decía:–Me disculpan. Tengo mucho trabajo.
Y volvía a colorear las palabras.
Alguien le preguntó su opinión acerca de cierto escritor. Contestó:
–No es serio.
¡Hasta mañana!...