Mirador 30/08/026
Sucedió que Adán y Eva comieron la manzana. El Señor, que había puesto la tentación, se encolerizó porque sus hijos cayeron en ella
HISTORIAS DE LA CREACIÓN DEL MUNDO
Al decir de los teólogos y exégetas, al Señor le gusta que lo alaben. Para eso, según se sabe, dispone de muchos y muy variados coros celestiales. “Los ángeles cantan y alaban a Dios”.
De vez en cuando, sin embargo, el Padre saca del orfeón a un ángel y le encomienda una tarea especial, ya sea de combatiente, mensajero o sanador.
Sucedió que Adán y Eva comieron la manzana. El Señor, que había puesto la tentación, se encolerizó porque sus hijos cayeron en ella. Los expulsó del Paraíso, y puso en la puerta un ángel a fin de que les impidiera la entrada.
El guardián, aburrido después de algunos días, entabló conversación con el hombre. Le preguntó:
–¿Cómo te ha ido?
–Espléndidamente bien –respondió Adán–. Ahora soy libre: puedo comer lo que quiera y disfruto plenamente del amor.
Tímidamente le propuso el ángel:
–¿Cambiamos?
¡Hasta mañana!...