Mirador 30/09/2026

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Opinión
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No está lloviendo, y sin embargo yo escucho a mi amigo como quien oye llover

Este amigo mío con el que tomo la copa –varias– los martes por la noche tiene buen vino a veces, y otras malo.

Anoche, por ejemplo, se puso a filosofar. Traía mal vino.

–Hay que saber vivir –me dijo–, y también hay que saber morir, pues una cosa va con la otra. Ante ese trance hay dos clases de hombres: los que creen que después de la muerte hay sueños eternos, y los que piensan que sólo habrá un eterno sueño. Considero que estos últimos van a la muerte más tranquilos, pues no temen a una deidad severa que dejará sus múltiples ocupaciones para juzgarlos en forma personal, averiguar su conducta y, según el comportamiento que mostraron durante su brevísima estancia en la tierra, enviarlos por toda la eternidad al coro celestial o al fuego del infierno. La buena muerte consiste en ir a ella en forma tranquila y sosegada. Los predicadores nos privan de esa muerte.

No está lloviendo, y sin embargo yo escucho a mi amigo como quien oye llover. Creo que así se deben oír las cuestiones sobre el más allá, habiendo tantas sobre el más acá.

¡Hasta mañana!...

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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