Mirador 30/11/2022

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Opinión
/ 30 noviembre 2022
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San Virila salió de su convento esa mañana. Iba a buscar el pan para sus pobres. En el camino vio a un niño que lloraba porque su pelota había caído en las más altas ramas de un árbol, y no podía subir a bajarla. San Virila hizo un ademán. El árbol se inclinó y le entregó la pelota al niño

De regreso a su convento San Virila vio a un hombre enfurruñado porque el balón con que jugaba con sus amigos había ido a dar también a lo alto del árbol. El individuo le pidió al frailecito que repitiera el milagro que había hecho aquella mañana. Le dijo San Virila:

-Sube tú al árbol y baja el balón. No esperes que otro haga el milagro que tú puedes hacer.

¡Hasta mañana!...

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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