Morena: Sin unidad partidista es difícil llegar a la meta con éxito
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La excesiva petición, su forma reiterada e insistente de llamar a la unidad de los morenistas y petistas de Coahuila, da la impresión de que no la hay
Seguramente dan por perdida la elección legislativa del próximo 7 de junio algunos miembros del partido Morena, quienes –desilusionados de sus dirigentes, nacionales y el estatal, debido al importamadrismo impuesto– han optado por dejar correr el agua.
Veamos: por un lado, su dirigente nacional, Luisa María Alcalde, no ha intervenido para inyectarle el combustible necesario que revitalice a la agrupación en Coahuila, donde no ha podido ser un partido que se distinga por la fortaleza y destaque en la vida política del estado, pues los cuadros que lo agrupan son personas exentas de peso específico y no logran cristalizar una vida pública que sobresalga.
Últimamente ha surgido en ese partido nacional una implosión que ha agrietado los muros que lo resguardan. Y, suponiendo las consecuencias, algunos de sus miembros han emprendido una graciosa huida, mientras otros intentan luchar por sobresalir.
La presidenta nacional de ese partido se ha deslindado de su responsabilidad en la conducción de su conglomerado –si se puede llamar así– para la contienda electoral, eso por un lado; por el otro, la separación de Andy López de su puesto nacional en Morena, cuya responsabilidad han dejado en manos del presidente estatal, Diego del Bosque, quien conjuntamente con Ricardo Mejía, que comanda el Partido del Trabajo (PT) en Coahuila, decidieron coaligarse para la elección, proclamando a voz en cuello la unidad, situación inexistente. Del Bosque cada vez está más distante de su cometido y demuestra una pequeñez al lado de Mejía, quien, por más que quiera representar un tigre amenazante, no deja de ser un minino cazador de ratones, un ser que fue defenestrado en el estado de Guerrero y del Gobierno Federal, lo que le valió la distancia con la Presidenta de la República.
La excesiva petición, su forma reiterada e insistente de llamar a la unidad de los morenistas y petistas de Coahuila, da la impresión de que no la hay, por lo que sus adeptos deben cuestionar lo importante que es tener presente cuál es el origen y el fundamento de esa pretendida unidad, es decir, que no sólo represente un apareamiento perverso.
Señores dirigentes de Morena y del PT: ustedes han insistido en la unidad partidista antes de seleccionar a sus candidatos al Congreso, lo que parece un contrasentido a destiempo, pues da a pensar que es una imposición selectiva que sólo ustedes tienen en su mente y que, finalmente, se repartirán las piezas.
El quid de la cuestión es que los candidatos que propongan tengan la capacidad política y la eficacia requerida, que estén identificados con las inquietudes y anhelos sociales.
Sólo queda preguntar si los nombres de esos aspirantes que pululan en una atmósfera de sombras han sido evaluados en cuanto a pertenencia, peso político y permeabilidad social, con el fin de garantizar una contienda limpia a satisfacción del electorado. De ahí la importancia de escoger perfiles que sean capaces de alimentar una normatividad que encauce la vida ordenada en todos los ámbitos de la cotidianidad, con la meta de preservar el estado de derecho. Si es que alguno gana una curul.
Las inconformidades que a nivel nacional se han suscitado, en la lucha por adquirir posiciones de mando en la agrupación guinda, han desperdiciado el tiempo en discusiones bizantinas que no derivan en acuerdos que les ofrezcan fuerza política.
El régimen morenista se ha distinguido por seguir la línea del autoritarismo y la autocracia, la cual considera que en las entidades federativas deben seguir esas reglas como un sistema que prevalezca, dejando de lado toda democracia con el fin de que, como proveedor, les dé la facilidad de acaparar los tres poderes constitucionales, sobre todo el legislativo, para que siga sirviendo al régimen, cambiando leyes a su favor sin tomar en cuenta el establecimiento de pesos y contrapesos, cuya labor sirve para neutralizar los excesos, principalmente del Poder Ejecutivo, cuyo enunciado formal fue inspirado por Montesquieu. ¡Qué van a saber de eso!
Se lo digo EN SERIO.