Morena y el rival que no vio venir
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Washington no construyó la caída de Andy; encareció cualquier intento por relanzarlo
Durante años, Morena se preparó para enfrentar al PRI, al PAN, a los medios críticos y a cualquier liderazgo regional. Construyó una maquinaria que sabe responder cuando el golpe viene desde dentro del país.
Lo que nadie calculó fue que el actor más incómodo rumbo a 2027 no aparecería en la boleta. Estados Unidos ya se metió en la conversación política mexicana. Lo hizo con las herramientas que controla: visas, sanciones financieras, expedientes judiciales y mensajes diplomáticos. Ninguna sustituye una sentencia ni prueba, por sí misma, un delito. Pero pone una sombra sobre el señalado y obliga a su partido a decidir si lo defiende, lo esconde o lo sacrifica.
El asunto no son las visas. La cancelación de la de Andy López Beltrán sirve para entender el problema, pero no lo explica completo. Su proyecto ya venía golpeado por los señalamientos sobre su círculo, los malos resultados como operador y su repliegue hacia Tabasco. Washington no construyó su caída; encareció cualquier intento por relanzarlo.
Ahí está el problema para Morena. En 2027 no sólo deberá medir popularidad, lealtades y capacidad territorial. También tendrá que hacerse una pregunta que no aparece en sus estatutos: ¿qué sabe Estados Unidos de cada aspirante y qué podría soltar en plena campaña?
Alguien puede ganar una encuesta interna y perder viabilidad con un comunicado desde Washington. Puede contar con el respaldo de Palacio Nacional y convertirse en una carga de un día para otro. Como los expedientes consulares son confidenciales, la sospecha arribará primero. La explicación, si llega, vendrá después.
Morena presentará cada acción estadounidense como una agresión contra la soberanía. Es una defensa previsible y, a veces, legítima. México no puede aceptar que otro gobierno termine decidiendo quién puede ser candidato. Pero ese discurso tiene un límite. Cuando aparecen demasiados nombres, la narrativa deja de ser “Estados Unidos nos ataca” y abre otra pregunta: ¿por qué siempre están volteando hacia los mismos grupos?
Donald Trump seguirá utilizando la incertidumbre como método. Le basta con dejar correr la idea de que vienen más casos. Mientras permanezca en la Casa Blanca, esa presión formará parte del ambiente electoral mexicano.
¿Y la oposición? Su peor error sería festejar cada cancelación de visa como si Washington hiciera el trabajo que ella no ha sabido hacer. No puede ofrecer como proyecto nacional la esperanza de que Estados Unidos descarrile a Morena.
Su oportunidad está en otro lado: presentar candidatos defendibles, recuperar confianza, construir alianzas regionales y demostrar que es posible tener una relación seria con Estados Unidos sin arrodillarse ni pelear por consigna.
Coahuila ofrece un caso interesante. En la elección local de 2026, la alianza encabezada por el PRI ganó los 16 distritos de mayoría y obtuvo cerca del 55 por ciento de los votos, frente al 26 por ciento de Morena y el PT. Este resultado coloca al PRI en una posición favorable rumbo a 2027, cuando estarán en juego los 38 ayuntamientos. También confirma que la organización territorial, la unidad y una narrativa local reconocible siguen marcando diferencia.
También cuenta la relación con el exterior. El gobierno de Manolo Jiménez ha mantenido interlocución con Texas y con la representación estadounidense en seguridad, migración, economía, infraestructura y educación. Ha habido reuniones con el gobernador Greg Abbott y con el embajador Ronald Johnson.
No hace falta echar porras ni convertir esas reuniones en algo que no son. Basta reconocer la diferencia: mientras algunos descubren la importancia de Estados Unidos cuando les retiran una visa, otros llevan tiempo construyendo canales institucionales para atender problemas compartidos.
Esa relación no gana elecciones por sí sola. Pero en un estado fronterizo, industrial y conectado con Texas, comunica estabilidad y capacidad de gestión. Rumbo a 2027 puede ser un activo si se traduce en seguridad, inversión, empleo y resultados, no nada más en fotografías.
La elección no se decidirá en Washington. Los votos se emitirán en México y el reto para los partidos será llegar con candidatos sólidos, alianzas funcionales y capacidad para responder a un entorno cada vez más complejo.
Morena conserva la maquinaria electoral más grande del país, pero tendrá que revisar mejor a quién postula y cuánto le cuesta defenderlo. La oposición, por su parte, debe dejar de esperar los tropiezos del adversario y convertir sus gobiernos locales en pruebas concretas de que puede ofrecer orden, resultados y coordinación.
En 2027 no ganará quien explique mejor sus problemas, sino quien genere mayor confianza. Ahí estará la verdadera disputa. Ese es el nuevo tablero. Y apenas estamos viendo las primeras jugadas...