Movilidad sin voluntad. Reflexiones sobre el desplazamiento forzado

Opinión
/ 6 enero 2026

Entre más dure un conflicto, más sostenida se presentará la dinámica migratoria, con todo lo que ello implica para los pueblos, para las ciudades, para la nación misma

La celebración religiosa de la Epifanía, que guarda un gran arraigo en nuestro país como herencia desde la llegada de los españoles, nos habla de un momento de gran importancia histórica que se relaciona de manera interesante con la movilidad humana.

Desde el recorrido de los Reyes Magos, que acuden a Belén para adorar a Jesús, hasta la huida a Egipto de la Sagrada Familia para evadir al rey Herodes, quien tenía el propósito de acabar con la vida de Jesús y que, en efecto, lo intentó con la matanza de los inocentes.

TE PUEDE INTERESAR: Inteligencia artificial y gobernanza urbana (Parte I)

Claramente, en aquellos tiempos la movilidad humana estaba significativamente limitada en comparación con la movilidad de la que disponemos hoy en día. La movilidad de la época era por tierra, a pie, a caballo o mediante el arrastre de vehículos rudimentarios.

También se contaba con la movilidad por mar y a través de ríos y cuerpos de agua internos. Sin embargo, las velocidades eran limitadas y los recorridos de distancias grandes precisaban de tiempo y esfuerzo considerables para las personas.

Lo que se mantiene presente es la necesidad de desplazarnos y las razones para hacerlo, en muchos casos, siguen siendo muy similares a las de entonces. La búsqueda de mejores oportunidades e incluso la supervivencia se mantienen como motivaciones vigentes.

Hace apenas unos días, después de la inaceptable –desde nociones básicas de Derecho Internacional– intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, se ha provocado una dramática nueva oleada de migración desde ese país hacia Colombia.

Los ataques aéreos, que apenas duraron unas horas y provocaron –según se ha estimado– al menos 80 bajas entre civiles y militares, han causado también el temor en la población por sus vidas y su patrimonio, animando a muchas personas a buscar salir.

Esta migración forzada va acompañada de una multiplicidad de factores, constituyendo una verdadera emergencia humanitaria. Pero habría que sumarle también a la ecuación la incertidumbre que provoca una posible intervención militar de EU en Colombia.

Ante este escenario, ¿cuál debe ser el proceder adecuado por parte de las naciones de la región? No se trata sólo de atender la migración que provocan tanto el conflicto como la incertidumbre, sino también de reconstruir condiciones para el retorno de los desplazados.

Entre más dure un conflicto, más sostenida se presentará la dinámica migratoria, con todo lo que ello implica para los pueblos, para las ciudades, para la nación misma. Corren riesgo muchos de los elementos que mantienen cohesionada a una comunidad humana.

Las personas desplazadas llevan consigo, a la par de un equipaje integrado de manera precaria por la urgencia de retirarse del lugar de origen, sus tradiciones, sus anhelos, sus ideas, su concepción de lo cotidiano y de lo rutinario, es decir, un gran equipaje intangible.

Esa valija simbólica no se apartará nunca de la persona desplazada y se hará presente cuando llegue a su nuevo destino, a su nuevo hogar. Cada uno de esos elementos buscará materializarse cuando el nuevo contexto logre aportarle estabilidad y tranquilidad.

Eventualmente, la persona migrante comenzará a vincularse con personas de una comunidad receptora, con sus propias tradiciones, anhelos, ideas y concepción de lo cotidiano y lo rutinario. Vaya dificultad la que supone asimilar el mencionado contraste.

Si la comunidad de llegada es abierta, se materializará la posibilidad de enriquecimiento comunitario. Sus integrantes se permitirán aprender de otra cultura, de otra forma de ver la vida, de una interpretación distinta de lo que significa el lugar en el que se habita.

TE PUEDE INTERESAR: Inteligencia artificial y gobernanza urbana (Parte II)

Si la comunidad es más bien cerrada, el efecto será opuesto. Las tradiciones y formas de actuar de las personas recién llegadas se verán con una extrañeza muy parecida al rechazo y probablemente se les aislará, evitando una integración abierta y natural.

Sin embargo, cualquiera que sea el perfil de la comunidad receptora, las personas desplazadas no tendrán opción más que tratar de adaptarse, de buscar integrarse de la mejor manera posible para hacer una nueva vida, si no definitiva, por lo menos temporal.

Si las cosas se ajustan y quienes fueron desplazados logran retornar a su lugar de origen, se verán ahora ante el reto que plantea la necesidad de crear una nueva normalidad, distinta a la que dejaron atrás.

Valorar la paz y el hogar no es un tema menor, como tampoco lo es el ser apoyo, y no obstáculo, para quienes llegaron de lejos a buscar para sí mismos y para sus familias un futuro posible.

jruizf@henka.com.mx

Abogado por la U.A. de C., especializándose en Derecho Ambiental y Gestión Urbanística. Cuenta con Maestría en Gestión Ambiental por la U.A.N.E. Cursa actualmente estudios de Doctorado con enfoque en Derecho a la Ciudad. Ha colaborado en los Institutos Municipales de Planeación de Torreón y de Saltillo, así como en la Delegación Coahuila de SEMARNAT. Ha representado a México en diversos foros internacionales, entre ellos el SWYL Program y la Tokyo Conference, organizados por el Gobierno de Japón. Se desempeñó como Director Operativo de COPERES y Presidente de la Representación Coahuila de la Asociación Mexicana de Urbanistas. Es catedrático a nivel Licenciatura y Posgrado en instituciones como la Universidad Autónoma de Coahuila y la Universidad Iberoamericana.

COMENTARIOS

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM