Mundial: El arenque rojo y la deliberación pública

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Opinión
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La ciudadanía responsable no renuncia al entretenimiento, pero tampoco permite que éste sustituya la deliberación democrática ni la vigilancia de las instituciones

Vivimos en una época en la que la información circula a una velocidad vertiginosa, pero paradójicamente resulta cada vez más difícil distinguir entre los problemas verdaderamente importantes y aquellos que dominan la conversación pública de manera pasajera. Una causa de este fenómeno radica en el uso de las falacias argumentativas: razonamientos que aparentan ser lógicos, pero que contienen errores capaces de manipular, simplificar o desviar el debate. En una democracia, reconocerlas es indispensable para ejercer una ciudadanía crítica.

Entre las diversas falacias destaca el arenque rojo (red herring), cuya función consiste en desviar la atención del asunto central hacia otro tema que puede ser verdadero e incluso importante, pero que no responde a la cuestión originalmente planteada. La expresión proviene de una antigua metáfora según la cual el olor de un arenque ahumado (pescado plateado) confundía a los perros rastreadores y los alejaba del verdadero objetivo. Desde entonces, el concepto representa cualquier estrategia destinada a cambiar el foco de la discusión.

https://vanguardia.com.mx/opinion/decadas-de-continuidad-la-prioridad-de-lo-visible-sobre-lo-necesario-HF21534201

Esta lógica no es nueva. Desde el “pan y circo” del Imperio romano hasta las actuales redes sociales y medios de comunicación, el entretenimiento ha demostrado su capacidad para reorganizar las prioridades de la conversación pública. Hoy la ciudadanía recibe una cantidad inmensa de información, pero esa abundancia no necesariamente fortalece el pensamiento crítico; por el contrario, favorece una atención fragmentada que sustituye los problemas estructurales por polémicas pasajeras. La consecuencia es una sociedad inmersa en la infodemia, cada vez menos interesada en el debate público y en la participación ciudadana.

Desde la filosofía política, Jürgen Habermas advierte que la democracia depende de una esfera pública donde los ciudadanos puedan deliberar racionalmente sobre los asuntos de interés común. Cuando esa conversación es desplazada por el espectáculo, la polarización o la distracción permanente, la deliberación pierde calidad y con ella se debilita la democracia. Karl-Otto Apel, en esa misma línea, sostiene que toda comunicación auténtica implica una responsabilidad moral: dialogar exige honestidad intelectual, apertura al mejor argumento y compromiso con la verdad. Las falacias rompen estas condiciones porque sustituyen las razones por mecanismos de manipulación o distracción. El arenque rojo no busca demostrar que un argumento sea falso; simplemente evita que el verdadero problema sea discutido, y en México hay demasiados.

Basta observar la agenda pública para comprobar la actualidad de estas reflexiones. Mientras la conversación colectiva cambia constantemente de tema, permanecen sin resolverse problemas que comprometen el presente y el futuro del país, como la violencia, la inseguridad, la desigualdad, la crisis del agua, la corrupción, la impunidad, las deficiencias educativas y el deterioro ambiental. Ninguno de estos desafíos desaparece porque deje de ocupar los titulares; al contrario, suelen agravarse mientras la atención ciudadana se dirige hacia asuntos menos trascendentes.

En este contexto aparece el futbol y, particularmente, la Copa Mundial. Conviene señalar que este deporte no constituye una falacia; es una expresión cultural legítima que fortalece la identidad colectiva y despierta entusiasmo compartido. El problema no es el futbol, sino la enorme atención que concentra. Durante un Mundial, millones de personas centran su interés en partidos, resultados y emociones, mientras la administración pública continúa tomando decisiones, aprobando presupuestos e impulsando políticas cuyo impacto sobre la sociedad permanece intacto. Los grandes espectáculos poseen la capacidad de reorganizar las prioridades de la conversación pública y, con ello, disminuir el seguimiento ciudadano de los asuntos estructurales.

Los triunfos deportivos generan orgullo nacional, pero no resuelven la violencia, la desigualdad, la crisis hídrica ni las deficiencias institucionales. Celebrar una victoria es perfectamente compatible con mantener una actitud crítica frente a los problemas que afectan la vida cotidiana. Precisamente por ello, Adela Cortina sostiene que una democracia necesita ciudadanos comprometidos con el bien común y capaces de ejercer un pensamiento crítico frente a los discursos dominantes. La ciudadanía responsable no renuncia al entretenimiento, pero tampoco permite que éste sustituya la deliberación democrática ni la vigilancia de las instituciones.

https://vanguardia.com.mx/opinion/celebro-a-mexico-pero-no-a-su-aficion-DN21689587

En consecuencia, la democracia no requiere ciudadanos permanentemente indignados ni permanentemente entretenidos, sino personas capaces de distinguir entre argumentos sólidos y falacias, y de mantener la atención sobre los problemas que realmente determinan el destino colectivo.

La pregunta fundamental no es quién utiliza el arenque rojo, sino por qué la sociedad acepta seguirlo. Cada vez que un gran espectáculo monopoliza la conversación pública, conviene preguntarse: ¿qué asuntos dejaron de discutirse mientras todos mirábamos hacia otro lado? La respuesta constituye un indicador de la calidad del debate democrático y de la responsabilidad con la que ejercemos nuestra ciudadanía. Así las cosas.

Profesor-investigador del Departamento de Estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterret, campus Monterrey.

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