Náufragos con Amex

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Uno de cada 10 habitantes de Yucatán nació en otro estado llegan cerca de 20 mil nuevos residentes cada año

El éxodo VIP del norte desembarca en Mérida. Madrugada en San Pedro Garza García. Motor encendido. Bocinas bajas. Maná canta, barco perdido, nostalgia premium. Nadie navega todavía. Todos escapan.

Rodolfo Garza Treviño, cincuenta y ocho, dueño de bodegas, ajusta el retrovisor. Atrás viajan tres maletas de diseñador. Más atrás, doce inviernos de Gómez Morín a vuelta de rueda.

Vuelo, acelero, llego al mar, tararea. Ni el semáforo lo detiene. Hasta el semáforo está harto.

Cifras con sabor a bloqueador. El INEGI estimó para 2023 dos millones 382 mil 868 habitantes en Yucatán, y cerca de 240 mil nacieron en otras entidades. Uno de cada diez. Cada año arriban alrededor de 20 mil residentes nuevos, y la mayoría elige Mérida y su zona metropolitana. Solo en 2025 llegaron 12 mil 957 extranjeros de 102 países.

Uno de cada 10 habitantes de Yucatán nació en otro estado llegan cerca de 20 mil nuevos residentes cada año.

La estadística oficial no pregunta por saldo en Banorte. Las inmobiliarias sí. Ellas anotan apellidos compuestos, camionetas blindadas, pagos de contado.

Ninguna cifra separa por ingreso ni por colonia de origen.

Mariana Ibarra, abogada saltillense, rubrica escrituras en Temozón Norte. Conserva la casa de la abuela en Saltillo, retrato incluido. Compra aquí pensando en la vejez.

Saltillo guarda mi apellido, explica. Mérida guarda mi cordura.

Hace cinco años opinaba distinto. Hablaba de apoyos federales como regalo inmerecido para el sur. Hoy viaja en tren, aterriza en aeropuerto ampliado, circula por carretera nueva.

Pagaba impuestos y renegaba, admite. Ahora disfruto la obra pública. Hipocresía con aire acondicionado.

Regina Lomas llegó desde Polanco. Vendió departamento, retuvo terapeuta por videollamada.

Polanco cobraba renta de órgano vital. Aquí tengo casona, patio, mango, hamaca, cenote vecino. Allá alquilaba aire. Acá adquirí espacio.

Sebastián Orozco huyó de Santa Fe tras cuatro horas inmóvil rumbo a la oficina.

Vi pasar mi vida, relata. Duraba poco, sonaba aburrida. Compré casa antes de llegar a la junta.

Éxodo con membresía

Chacho Villarreal, cardiólogo regio, presume negocio propio en su fuga.

Receto caminatas frente al mar. Cobro consulta en pesos de Monterrey, gasto en pesos yucatecos. Matemática pura. Sus pacientes ricos infartan menos en hamaca. Mueren igual, pero con mejor vista.

Los motivos se acumulan. Aire espeso, agua escasa, avenidas eternas, apagones veraniegos. Mérida presume tranquilidad. El norte presume cansancio.

Beto y Alicia, pareja de Arteaga, compraron terreno en Chelem sin conocerlo.

Vimos fotografías, olimos salitre, depositamos anticipo, cuentan. Cero visitas previas, cien por ciento fe.

Adiós, Cozumel; hola, brisa discreta Cozumel pertenece a otra década. Los pueblos vecinos de Cancún huelen a fila, a precio inflado, a turista con pulsera. Algunos todavía firman departamento por allá. Los demás giran el volante hacia Progreso, Chicxulub, Telchac, Sisal.

Mérida carece de mar. Ofrece media hora para alcanzarlo. Basta para presumir costa en Instagram.

Vida barata, ritmo lento, mejor atmósfera, resume Rodolfo, ya sentado en terraza de Chicxulub, sin saco, sin prisa. Pagamos menos, respiramos hondo, dormimos como bebés.

Hace tiempo sostenía otra tesis.

Decía dinero tirado en el sur. Hoy la nación entera financia mi atardecer. Gracias, Federación.

Los precios suben, claro. Los recién llegados llaman ganga a todo. Comparan con Valle Oriente y Lomas de Chapultepec. Perspectiva millonaria.

La voz de la banqueta. Doña Concepción Pech vende panuchos en Mérida desde hace treinta años. Observa el desfile de camionetas sin parpadear.

Llegan apurados, pagan con tarjeta dorada, regatean limones. Casas, jamás. Sirve otro platillo. Agrega, tranquila. Aquí el calor iguala todo. Mata parejo, sin preguntar apellido. Rodolfo escucha. Traga saliva. Pide agua, la prefiere helada.

Tres meses después, Rodolfo estrena casa frente a la playa. Brisa, pescado, hamaca. Perfecto. Entonces suena el claxon. Hora pico en el Periférico de Mérida. Treinta y ocho grados. Apagón breve. Aire acondicionado agonizante. Maná sigue cantando, burlón, sobre el barco perdido. Ahora el náufrago es él.

Rodolfo mira la fila interminable. Sonríe, derrotado. Huyó del tráfico. El tráfico, con su misma placa, llegó primero.

Temas



Localizaciones



Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM