Ni muertos ni encarcelados: simplemente desaparecidos
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Las desapariciones forzadas continúan ocurriendo diariamente en México, lo que refleja un patrón crónico de impunidad
Al caer la dictadura, Ernesto Sábato, argentino universal, extraordinario físico-matemático, pero aún mejor escritor, presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. De ahí surgió el libro “Nunca Más”, conocido como “Informe Sábato”, que sacó a la luz la violación sistemática de los derechos humanos de miles de argentinos durante el periodo 1976-1983. El documento acusa que, en nombre de la seguridad nacional, miles de ciudadanos fueron secuestrados para pasar a formar parte de una categoría aterradora: los “desaparecidos”, condición tétrica y fantasmal, dice Sábato, pues no estaban muertos o encarcelados; eran simplemente desaparecidos.
La Conadep reunió más de 50 mil páginas, testimonios y denuncias que confirmaban la desaparición de 8 mil 960 personas, 80 por ciento de las cuales tenían entre 21 y 35 años de edad. El prólogo del “Informe Sábato” es por lo menos conmovedor: “Durante la década del setenta, la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda”. Un régimen de terror, con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.
En México, esa tragedia rebasa por mucho cualquier cifra que usted imagine. En su informe mundial de 2023, la organización Human Rights Watch denunció el “alarmante” incremento de desaparecidos en México, producto en gran parte de las violentas pugnas entre el crimen organizado: “Al menos 105 mil personas están desaparecidas en México, según estadísticas oficiales. Las autoridades creen que la cifra real probablemente sea mayor. Casi 90 mil han desaparecido desde el inicio de la ‘guerra’ contra el crimen organizado en 2006. Miles continúan desapareciendo cada año. Más de 36 mil han desaparecido desde que el presidente López Obrador asumió el cargo”.
Por su parte, en abril de este año, el Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada advirtió que la crisis afecta a más de 132 mil familias.
La desaparición forzada en México es un problema que concierne a todos, tanto a la sociedad como a la humanidad en su conjunto. Las más de 100 mil personas registradas como desaparecidas no son las únicas víctimas: sus familias y allegados también sufren. Todos son víctimas.
Es con profundo dolor que escuchamos el terrible número de desaparecidos, el cual crece y crece a pesar de todos los esfuerzos realizados por las víctimas, sus familiares, organizaciones de apoyo, así como por algunas autoridades del Estado. Las desapariciones forzadas continúan ocurriendo diariamente en México, lo que refleja un patrón crónico de impunidad. Yo conozco a muchas de sus familias y he podido observar sus rostros anochecidos por el dolor y el duelo permanente. Sé de sus desvelos, sus días y noches eternos, sus súplicas por no ser condenados al olvido. Buscan sin encontrar el sosiego para sus almas, haciéndose todos los días la misma pregunta: ¿Dónde están?
Pero con la desaparición de sus hijos e hijas, viene otro dolor que los persigue y hiere: el estigma de ser señalados, la indiferencia y, en muchos casos, ser tratados por muchos como enemigos. Y es que, a pesar de su duelo eterno, muchos que desconocen las causas y otros, aun conociéndolas, han llegado a decir con ligereza que desaparecieron “porque estaban coludidos con criminales”. Una respuesta injustificada desde cualquier ángulo.
La falta de ayuda oficial para investigar los casos ha llevado a las familias de los desaparecidos, especialmente a las madres, a formar grupos que buscan fosas clandestinas con la esperanza de encontrarlos. Ahí es donde surgen las decenas de colectivos de búsqueda ante la inacción de los gobiernos. En Coahuila, destaca el trabajo de Grupo V.I.D.A., FUUNDEC y Alas de Esperanza.
Hay un bello poema que el escritor uruguayo Mario Benedetti les dedicó a los desaparecidos de Argentina, y del cual transcribo algunos de sus versos: “Están en algún sitio concertados, desconcertados, sordos, buscándose, buscándonos, bloqueados por los signos y las dudas, contemplando las verjas de las plazas, los timbres de las puertas, las viejas azoteas ordenando sus sueños, sus olvidos quizá convalecientes de su muerte privada”.