‘Ni venganza ni perdón’: la escritura política como ‘fármaco’
COMPARTIR
¿Por qué Scherer, un hombre de toda la confianza del presidente, que fue su consejero jurídico, que dice ser su amigo íntimo desde hace más de 20 años, publicaría este libro en esta coyuntura?
En estos días han corrido ríos de tinta sobre el fenómeno editorial “Ni Venganza ni Perdón”, una colaboración a manera de conversación entre el periodista Jorge Fernández Menéndez y Julio Scherer Ibarra, consejero jurídico del Ejecutivo federal entre 2018 y 2021. En el libro, sus autores penetran las entrañas del poder durante el sexenio obradorista y examinan la relación de amistad entre Scherer Ibarra y AMLO.
No me interesa explorar aquí el libro como anecdotario, sino suscitar la reflexión sobre la intención de su publicación.
TE PUEDE INTERESAR: La utilidad de lo inútil: En defensa del sosiego y la cultura
Jacques Derrida (1930-2004), filósofo francés y padre del deconstruccionismo, advirtió en su ensayo “La Farmacia de Platón” (1968) sobre las contradicciones y ambigüedades que pueden generarse entre el propósito original de un escritor y la capacidad de los lectores para entenderlo e interpretarlo. De acuerdo con Derrida, estas tensiones abren una brecha entre escritor y lector que, en última instancia, atrinchera a ambas actividades en un enigma:
“Un texto no es un texto más que si esconde a la primera mirada, al primer llegado la ley de su composición y la regla de su juego. Un texto permanece además siempre imperceptible”.
Para explorar esta tensión de la escritura, el filósofo francés recurrió a una polisemia griega que adoptó del diálogo platónico “Fedro”: pharmacon o fármaco, droga, tanto en su acepción de remedio o curación como de veneno. En el diálogo, Fedro y Sócrates discurren sobre si la escritura es una buena herramienta para preservar la memoria o si, más bien, termina por corromperla. Para Derrida y Platón, la palabra escrita es ambivalente, un arma de doble filo: por un lado, imprime la razón y la memoria, lo que posibilita transmitir información para la posteridad; por el otro, el significado original que el autor quiso comunicar puede ser tergiversado por sus lectores o, peor aún, si su intención es engañar, puede perpetuarse la mentira.
Para ejemplificar esta dualidad, en el ya citado diálogo, Fedro expresa a Sócrates, su mentor:
“Y tú mismo sabes, tal vez, como yo, que los más poderosos y respetables en las ciudades, se avergüenzan en poner en letra a las palabras, y en dejar escritos propios, temiendo por la opinión que de ellos se puedan formar en el tiempo futuro y porque se les llegue a llamar sofistas”.
A lo cual el maestro responde:
“(...) se te olvidó que los políticos más engreídos, los más apasionados de la logografía (escritura de discursos) y de dejar escritos detrás de ellos, siempre que ponen en letra un discurso, tanto les gusta que se lo elogien, que añaden un párrafo especial al principio, con los nombres de aquellos que, donde quiera que sea, les hayan alabado”.
¿Por qué Scherer, un hombre de toda la confianza del presidente, que fue su consejero jurídico, que dice ser su amigo íntimo desde hace más de 20 años, publicaría este libro en esta coyuntura? La interacción entre Fedro y Sócrates arroja ciertas pistas: la vergüenza o la gloria, disyuntiva a la que los políticos se enfrentan como parte de su legado.
En una entrevista que los autores otorgaron a Bibiana Belsasso, Scherer confesó que “todos los funcionarios públicos debiéramos dejar un testimonio acerca de lo que fue nuestro paso por la administración pública, porque esto que se hace, se puede repetir muchas veces, para bien y para mal”. Aparentemente su libro nace de una vocación filantrópica, desinteresada y didáctica de mostrar los aciertos y yerros políticos. La reseña promocional, que Editorial Planeta muestra en su página web, describe el libro como “un ejercicio de honestidad y un testimonio indispensable sobre el ejercicio del poder y las cicatrices que la polarización ya dejó en la historia mexicana”.
TE PUEDE INTERESAR: Habría que desmentir a Scherer Ibarra
No me convence.
Considero que el libro, más que un anhelo pedagógico de mostrarnos las buenas y malas prácticas en la administración pública, obedece al ansia de Julio Scherer Ibarra de librarse de la ignominia a la que se enfrenta por presuntamente operar una red de extorsión y favores jurídicos desde la Consejería Jurídica de la Presidencia. En el epílogo, Scherer Ibarra nos da la clave del libro como expiación. Narra que AMLO le advirtió que irían tras él una vez que dejara la administración: “Te van a perseguir, te van a inventar, te van a querer destruir”.
Debemos aproximarnos con escepticismo a su libro –un “fármaco”, como remedio informativo y veneno egoísta que busca eximirlo–, tanto a los comentarios insidiosos como a los apologéticos. Al final, será la historia quien lo redima o condene.
X: @areopago480
Correo electrónico: areopago480@gmail.com