No al fracking, Presidenta de México
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Se dice que el gas obtenido por este método es necesario para la ‘soberanía’ energética, lo cual es una falacia
Desde 2010, Coahuila registra entre 47 y 56 pozos perforados o explorados mediante fracturación hidráulica o fracking, y se proyecta la apertura de 73 más. La zona de mayor explotación se encuentra en el hermoso Sabinas, donde un pozo fue sometido a 104 fracturas. La presencia de esta técnica se extiende también a Piedras Negras, Nava, Allende, Villa Unión, Zaragoza, Guerrero, Jiménez, Ocampo, Lamadrid, Candela y San Buenaventura.
Se dice que el gas obtenido por este método es necesario para la “soberanía” energética, lo cual es una falacia, ya que, además de Pemex, participan empresas estadounidenses y europeas.
No es sustentable desde ningún ángulo. Si se desea dejar de importar gas, se deberían abrir en territorio nacional entre 2 mil y 3 mil pozos al año, con una inversión de entre 35 y 50 mil millones de dólares por año. Las cuentas no dan: ni en el dinero, ni en los ecosistemas dañados, ni en las afectaciones a los cultivos o en la salud humana. Basta ver el maltratado vecino estado de Texas y los desastrosos resultados que ha dejado esta técnica.
Desde hace más de una década se ha difundido que en un sólo evento de extracción se usan entre 9 y 29 millones de litros de agua –lo que equivale a 12 albercas olímpicas–, que se mezclan con químicos, incluyendo sustancias cancerígenas como el metanol y el benceno.
Si en Sabinas un sólo pozo implicó 104 fracturas en 24 días, multiplique la media de 15 millones de litros de agua por cada una: son mil 560 millones de litros de agua en una sola perforación. Imaginemos que abran 73 pozos más, con una media de 80 intervenciones cada uno; la cifra se elevaría a 87,600 millones de litros de agua.
Además, se liberan grandes cantidades de metano a la atmósfera (palidece el metano producido por las vacas), y al reinyectar el agua al subsuelo se alteran las fallas geológicas y se producen pequeños terremotos, los cuales ya hemos sentido en Coahuila. Por otra parte, el líquido que retorna a la superficie resulta tan contaminado que no se puede limpiar por completo para reincorporarse de forma segura.
Ante esto, la Alianza Mexicana Contra el Fracking, formada por más de 80 organizaciones civiles, sociales, comunitarias y ambientales de distintos estados de la República, desde 2013 busca prohibir el fracking para defender el agua y los territorios, ya que además pone en riesgo el suministro hídrico en Coahuila, donde hay insuficiencia crítica.
Tanto en el debate que sostuvo la Dra. Claudia Sheinbaum para obtener el triunfo que la colocó en la Presidencia de México como en sus compromisos “100 pasos para la transformación 2024-2030”, expresó, en el número 87, su negativa a usar el fracking. Dicho punto también fue leído el 1 de marzo de 2024 durante el arranque de su campaña en el Zócalo de la Ciudad de México.
Aquí el punto íntegro: “No se van a otorgar más concesiones de minería a cielo abierto. Se evaluarán aquellas que tienen concesión, siempre que haya reconocimiento de la población y no tengan impactos ambientales. No se va a permitir la explotación de hidrocarburos a partir del fracking”. Así que ahora la Presidenta falta a la verdad.
La ciudadanía desconfía, con justa razón, en el llamado Comité Científico Federal, pues sus planes piloto consideran autorizar pozos en la cuenca de Sabinas-Burro-Picachos, compartida geográficamente por los estados de Coahuila y Nuevo León, donde se concentra cerca del 47 por ciento de los recursos de gas no convencional de todo el país.
Sin embargo, existen otras alternativas que pueden usarse mezcladas: generar biometano y biogás al gasificar la biomasa o emplear hidrógeno verde, los cuales no usan productos químicos tóxicos, aprovechan basura orgánica y desechos industriales o agrícolas. Y lo más importante: hay cero emisiones fósiles. Claro que se requiere inversión, creatividad y voluntad, pero mejor colocar los recursos aquí que en el fracking.
El vocablo fractura proviene del latín fractūra, que se origina en el verbo latino frangere (romper, hacerse añicos, quebrantar).