‘No quiero ir a la escuela’

Opinión
/ 11 agosto 2022
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La pandemia provocó que una gran cantidad de estilos de vida y rutinas cambiaran. Y uno de esos cambios fue la “escuela en casa”. La presencialidad educativa se transformó en clases a distancia y la atención hacia una pantalla. Al principio fue difícil ya que los niños y adolescentes deseaban asistir a la escuela para convivir con sus compañeros y amigos. Sin embargo, con el paso de los meses la “escuela en casa” se fue convirtiendo en un proceso de aprendizaje más sencillo ya que se desconectaban de la exposición del maestro en pantalla para jugar, dormir, distraerse o justificar su falta de estudio o tarea: “Mamá, me puedes hacer la tarea ya que no entiendo”. “Maestro, no pude presentar el examen ya que se fue el internet de mi casa”. “No funciona la cámara de la laptop y por eso no la tendré encendida durante la clase”. Muchos de nuestros se acostumbraron a la nueva normalidad de escuela y ahora que regresan a la presencialidad algunos de ellos presentan resistencia. Un papá me comentaba: “Mi hijo de 8 años se la pasaba jugando todo el día durante sus clases a distancia y ahora se niega regresar a la escuela en forma presencial”. Ahora tienen que levantarse más temprano para vestirse, desayunar y tomar el transporte para no llegar tarde a la escuela. Durante la pandemia, la mayoría de ellos se levantaba 5 minutos antes de clase y hasta en pijama estaban escuchando al maestro. Muchas mamás les daban el desayuno mientras el profesor exponía la clase en pantalla.

Las escuelas representan un aspecto esencial en la vida de nuestros hijos ya que les proporcionan oportunidades de amistad y aprendizaje. La escuela tiene un impacto positivo en la salud mental y física en la autoestima de los niños, experiencia de éxito y desarrollo de habilidades sociales a través del juego y deporte. Los niños enfrentaron un período difícil donde la mayoría de las escuelas cerradas y los parques tenían limitaciones y en muchos de ellos provocó problemas psicológicos significativos como problemas de aprendizaje, pobre concentración e introversión asociado al aislamiento.

Como los niños han estado aprendiendo en casa durante más de dos años, pueden estar ansiosos por regresar a la escuela. Los padres desempeñan un papel fundamental para ayudar a los niños a manejar su miedo y renuencia con respecto a la escuela. Los papás deben informar a sus hijos sobre la reapertura de las escuelas y las nuevas reglas con anticipación. Deben convencerlos de que el aprendizaje puede ocurrir en cualquier lugar como en la escuela y hogar. Recomiendo que escuela y padres trabajen en conjunto para que los niños tengan una buena adaptación como asistir unos días antes a la escuela y realizar algunas actividades recreativas para que vayan familiarizándose con el ambiente educativo y actividades de integración con sus futuros compañeros y maestra para que tengan una asociación positiva en el nuevo ambiento que pasarán su mañana y parte de la tarde de lunes a viernes.

Es importante no minimizar el miedo de tu hijo que tiene al regresar a la escuela: “¿Podré hacer amigos? ¿Tendré la capacidad para tener buenas notas a pesar de que no aprendí por dos años? ¿Qué podré hacer si me distraigo o me aburro en clase? ¿Podré aprobar los exámenes escritos después de tanto tiempo sin exámenes?”. Es importante acompañarlos, evitar compararlos con nosotros que tuvimos la capacidad de adaptarnos y salir adelante. Mantengamos una comunicación abierta hacia ellos y aprendamos a escucharlos para tener empatía y darles una buena orientación para que se adapten a su nueva normalidad.

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Es licenciado en Educación con Maestría en Desarrollo Organizacional por la UdeM. Maestría en Psicopedagogía Clínica en España. Cuenta con doctorado en Currículum e Instrucción por la Universidad del Norte de Texas y estudios de Postrgrado en Educación, género, aprendizaje y cerebro en el programa de Velma Smichdt por la Universidad del Norte de Texas.

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