Nuestro Hombre en La Habana
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Para el filósofo Max Weber, el poder debe ser conferido para ejercerse de acuerdo con los valores y el bien común; en el caso de Coahuila, éste fue arrebatado a mediados del sexenio de Humberto y hoy día se viven los estragos de ese experimento de un dictador que se niega a entregar la plaza a fin de seguir sangrándola.
La elección de 2017 ganada por el PAN y negociada con Memo Anaya fue la primera muestra de la descomposición de ese monstruo de mil cabezas que había creado Rubén para el proyecto de 24 años de moreirato.
En su novela “Nuestro Hombre en La Habana”, Greene revela a un espía que es sembrado en la isla previo a la Revolución Cubana, a fin de apuntalar los intereses británicos en Cuba.
Riquelme tiene su hombre encargado de dar forma a las fechorías más cruentas y oscuras a través de recursos legales o leyes a modo.
En 2017, Ríos Vega formuló la contestación al recurso legal interpuesto por el PAN, a fin de anular las elecciones de gobernador, y fue la plataforma para que los magistrados del TEPJF declararan la validez de la elección que colocó al hoy gerente de negocios en la morada de Juárez y Allende.
Luego el pago de la factura fue imponerlo como director en Jurisprudencia, pero una desafortunada plática lo hizo caer de la gracia del mandamás coahuilteco, quien, desde la casa de Sierra Nevada, ordenó su sustitución, sin embargo, su refugio fue el experimento de la Academia Interamericana con jugoso presupuesto estatal.
Para Riquelme esto no era suficiente, ya que desde que pertenecía a “La Burbuja”, grupo en el que compartió intereses con Mejía Berdeja, la influencia de Ríos Vega era fundamental para cubrir las fechorías con el manto legal y, por ende, lo nomina magistrado.
Desde 2021, la discusión por la sucesión en el moreirato se vino fraguando. Riquelme sin poder cumplir la promesa que hizo a los suyos de sólo dos años de influencia de Rubén −esto confirmado por un periodista de su círculo íntimo a este charro en 2018− se vio cercado y sin capacidad de maniobra. Su secretario de Gobierno anterior había resultado un fiasco para el control político interno y habría que sacarlo de la jugada.
Manolo fue ungido candidato por el clan y lo único que le quedó a la servidumbre fue lamerse las heridas y elucubrar un plan b a través de sus allegados: Román Cepeda y Olmos.
Pero la exigencia del dictador era orden y fulminante, y a como diera lugar blindar la candidatura.
La dinámica de las elecciones al gobierno en 2023 incluía sólo dos estados y, según la fórmula de paridad del INE, debería existir un candidato y una candidata en cualesquiera. El peligro era inminente y Rubén se apanicó. Como resultado fue expedida al vapor por los fieles pastores del templo de alabanza una ley llamada, en el argot político comarcano, “Manola”, la cual daba participación a las mujeres, pero en el año 2029.
Nunca pensaron que Morena reaccionaría con un precandidato como Mejía Berdeja y mucho menos que este pudiera atraer en fines de semana a miles de coahuilenses en sus giras en defensa de la 4T.
Los criterios del INE subsisten, salvo que en la legislación local se determinara otra disposición, luego Morena interpuso un recurso de inconstitucionalidad a nivel local y la UDC uno igual, pero ante la Suprema Corte.
Y entonces ahí entraron de nuevo los oficios de nuestro hombre en La Habana y sus obedientes colegas, ataviados de la ridícula toga negra (la misma que usaban los verdugos en la edad media o los inquisidores), echaron abajo la aberración cometida declarando reponer el procedimiento de esta ley a fin de ajustarlo al criterio de la Suprema Corte.
De esa manera salvaron la nominación de Manolito, pero ya sin la ley Manola, sino porque así lo decidiría el INE o la Suprema Corte. ¡Haya cosa!
Una nueva amenaza existe en esta elección coahuilense, la madre de todas las batallas a fin de expulsar a los Moreira del estado y terminar sus trapacerías, de ahí la importancia que significa ser dueños de los bats, las bases, el peto y las pelotas de este juego político.
Siguiendo con Weber: “Todas las estructuras políticas son estructuras de violencia”. Sin duda que, a esta tierra en 2023, le espera un panorama de violencia política y carroñera. Al tiempo.