Un soltero, un sabio y un asesino

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Opinión
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Su vida era la iglesia: tres misas oía diariamente. El cotidiano rezo del rosario en Catedral marcaba para él la terminación de la jornada

Se llamaba Cholito, y era célibe. Su soltería no fue fruto del azar, sino de ponderado cálculo: en su opinión era mentira aquello de “Llórate pobre, pero no te llores solo”. Estar solo cuesta menos que vivir acompañado. Cuando alguien le decía a Cholito que una esposa te ayuda a llevar las cargas de la vida, él contestaba:

–Las cargas que no tendrías si no tuvieras una esposa.

https://vanguardia.com.mx/opinion/a-chillidos-de-marrano-oidos-de-chicharronero-KN20878525

Se había hecho un horario de vida que convenía a sus propósitos de ahorro. A las 11 de la mañana comía; cenaba a las 6 de la tarde. De ese modo se ahorraba un alimento. Su vida era la iglesia: tres misas oía diariamente. El cotidiano rezo del rosario en Catedral marcaba para él la terminación de la jornada. Después de su magra colación vespertina se metía en la cama, y hasta el otro día. Cuando alguien le reprochaba ahorrar en comida y dormir tanto, Cholito argumentaba:

–También el sueño es alimento.

Nadie le conoció jamás amores ni odios. Su vivir lo sacaba de algunas breves rentas obtenidas de fincas que heredó de sus abuelos. No hizo nunca nada, y no deshizo nada nunca. Cuando murió nadie sintió su falta. Si aún viviera nadie tampoco notaría su presencia.

Se llamaba Cholito. Saltillense, apenas habrá alguien que lo recuerde. Yo anoté aquí su nombre porque me llamó la atención aquello de que a las 11 de la mañana comía y a las 6 de la tarde cenaba. Para ahorrarse un alimento. Por eso anoté aquí su nombre. Nada más por eso.

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En la cocina del rancho le cuento a don Abundio mis pesares. Por México estoy muy preocupado, digo. Y le hablo de la crisis económica: de la carestía; de la inseguridad.

–¡Cómo ha cambiado todo! –declaro en tono atribulado.

Se asoma el socarrón viejo a la ventana. Socarrón, digo, por temor a la hipérbole si digo sabio. Pero la verdad es que don Abundio tiene la sabiduría que dan los años bien vividos y –en estos momentos– el vino bien bebido.

Se asoma, pues, el viejo a la ventana. Como si hiciera un inventario, va recitando lo que ve.

–Ai’stá el cielo –me dice–. Ai’stá la tierra. A’i va el arroyo. A’i andan los chamacos. La casa sigue en pie. Y aquí estamos nosotros. ¿Por qué dice usté que todo ha cambiado? No ha cambiado nada.

Callamos. Va muriendo la llama en el fogón. La oscuridad me ayuda a ver mejor las cosas. Y pienso que, bien vistas las cosas, lo que me ha dicho el viejo es cierto: aunque cambie mucho nunca cambia nada.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-parian-IM20861108

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Contaban del padre Jáuregui, inolvidable sacerdote, que una tarde, después de confesar a una larga fila de beatas e iglesieros, oyó la confesión de un individuo que le dijo:

–Me acuso, padre, de que anoche maté a un hombre.

–¡Vaya, hijo, muchas gracias! –exclamó con entusiasmo el padre Jáuregui–. ¡Al fin un buen pecado! ¡Ya llevo dos horas aquí, y he estado oyendo puras pendejadas!

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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