Olor a beisbol con la primavera
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A mi entrañable amigo, Roberto Valdés Durón (+)
La primavera y el beisbol son complementarios; cobran vida las plantas, los árboles, los campos y también florecen los diamantes del deporte supremo. Hay hechos y anécdotas que trataré de comentar en el espacio que tengo disponible en esta columna.
Finanzas y Beisbol: Algunos de los grandes financieros tenían y tienen en común su afición por este deporte, como en los casos de Alan Greenspan y Ben Bernanke; ambos en su tiempo, titulares del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos, y Agustín Carstens, que estuvo al frente del Banco de México. Tres economistas reconocidos; los dos primeros tenían en común su origen judío, su pasión por revisar con detalle las estadísticas del beisbol y solían desayunar avena, lo que no puedo afirmar de nuestro paisano Carstens, pues no creo que se conformara con un plato de cereal; sospecho que es de buen diente.
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Jorge Pasquel llegó a tener en la década de los 1940s gran poder económico y político, lo que le permitió contratar a los mejores peloteros de color, que por la discriminación no podían jugar en Estados Unidos, lo que hizo posible que la afición mexicana disfrutara de una época de oro. Un domingo, en que las tiendas de la Quinta Avenida de Nueva York se encontraban cerradas, Pasquel recibió una llamada de María Félix, quien le pidió su ayuda para ir de compras, ya que al día siguiente regresaría a México. El magnate movió sus influencias y la “Doña” pudo renovar su guardarropa.
Marcelo Juárez y Sergio “Kalimán” Robles, siendo managers de “Los Saraperos” y “Los Diablos Rojos del México”, respectivamente, hartos de recibir instrucciones de sus magnates por el Walkie Talkie, se rebelaron contra ellos arrojando los aparatos al terreno de juego.
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Comentó en una ocasión Enrique Kerlegand que cuando los “Sultanes” de Monterrey fueron a iniciar serie a Córdoba con los “Cafeteros”, el magnate cordobés, Chara Manzur, le dio instrucciones y una buena cantidad de dinero a su hijo para que se llevara de parranda a Héctor Espino. El muchacho cumplió con su cometido, pues el gran cañonero llegó a su hotel ya entrada la mañana; sin embargo, el plan fue un rotundo fracaso, pues el “Niño Asesino” desató su gran poder ese día. Algo para la historia: a Espino le daban la base por bolas intencional con la casa llena.
La inolvidable hazaña de Martín Dihigo tuvo lugar en 1942, al disputarse el campeonato entre su equipo “Unión Laguna” y “Los Sultanes”. El inmortal cubano lanzó aquel domingo dos juegos de nueve entradas para darle el gallardete a los laguneros. Dihigo murió en Cuba aquejado por la tristeza, desilusionado por el rumbo que había tomado la Revolución de Fidel Castro, quien prohibió el beisbol profesional en la Isla.
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En el verano de 1964, nuestros padres nos llevaron de vacaciones y, paseando en Guadalajara, advertimos la presencia del gran lanzador Vicente “El Huevo” Romo afuera de un hotel. Nos bajamos de la vagoneta y nos tomamos una foto con él.
Una gran pérdida: extravié la pelota firmada por Johnny Bench, uno de los mejores receptores de todos los tiempos de las Ligas Mayores.