Óperas bufas en la 4T
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Acorralado, Rocha salió del escenario dando un portazo. En un escueto texto pidió ‘licencia temporal con carácter indefinido’, sin invocar ‘razones personales’ ni agradecer favores recibidos
La historia ayuda a entender el presente. En 1995, Carlos Salinas se rebeló contra Ernesto Zedillo con un mediático ayuno público de 36 horas. La semana pasada, Rubén Rocha se sentó a la brava en la silla de gobernador durante 34 horas y 50 minutos.
Salinas y Rocha calcularon mal. El primero interrumpió la ingesta de alimentos en una colonia regiomontana beneficiada por sus programas sociales; como la solidaridad popular nunca llegó, aceptó la llamada presidencial para tener una reunión. En 10 minutos se arreglaron: Salinas salió del país dejando en prenda al hermano incómodo, Raúl, en el penal de Almoloya.
Los sainetes vienen en racimos. Mientras Salinas se instalaba en Europa, el fiscal federal Pablo Chapa Bezanilla demostró su compromiso con el método científico. Para encontrar el cadáver de un diputado desaparecido y presuntamente involucrado en la ejecución del cuñado de los Salinas, José Francisco Ruiz Massieu, Chapa incorporó a su equipo a la Paca, una vidente famosa por sus conocimientos de vudú y cartomancia que, en un arrebato de clarividencia, “vio” el lugar donde reposaban los restos del diputado. Ahí escarbaron y encontraron unos huesos que, luego se supo, eran del consuegro de la Paca, exhumado para darle un gusto a la inolvidable vidente.
Rocha no justificó su conquista de la gubernatura invocando un arrebato místico; le bastó con el respaldo silencioso de AMLO, el certificado de inocencia obsequiado por la Fiscalía General y el juramento de lealtad a “nuestros liderazgos emblemáticos”. Al igual que lo hizo el presidente Zedillo en los noventa, la presidenta Sheinbaum se impuso desencadenando una avalancha de críticas. Acorralado, Rocha salió del escenario dando un portazo. En un escueto texto pidió “licencia temporal con carácter indefinido”, sin invocar “razones personales” ni agradecer favores recibidos.
La ópera bufa está lejos de haber terminado: ahora vendrá, imagino, la detención de Rocha por la fiscalía, su juicio y encarcelamiento, seguido, después de un tiempo, de la prisión domiciliaria concedida a quienes tienen más de 70 años (Rocha tiene 77).
Antes y ahora es notable la pobreza argumentativa. Es una vergüenza que los liderazgos de Morena sigan exigiendo a Washington pruebas de las trapacerías atribuidas a Rocha, cuando ellos mismos se han negado a investigar seriamente los múltiples indicios e inconsistencias que apuntan a Rubén Rocha, Adán Augusto López y Andrés Manuel López Beltrán, entre muchos más. Es igualmente ofensivo que la Presidenta interviniera en el nombramiento de una gobernadora interina, Graciela Domínguez, cercana a Rocha.
¿Qué sigue? Una parte importante del futuro depende de las decisiones tomadas en Washington. En 1995, la crisis se frenó gracias al rescate organizado por el presidente William Clinton, quien lo justificó en los intereses de su país y en su convencimiento de que “si alguien (podía) recuperar a México (era) Zedillo”.
Desde principios de este año, Washington ataca la impunidad con una presión que disminuye o aumenta de acuerdo con un plan maestro. En la crisis actual, decidieron respaldar a la presidenta Sheinbaum bañando de elogios al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, e imponiendo un disciplinado silencio a las dependencias de seguridad con presencia en México. Tanto así, que ni siquiera la DEA escribió sobre las desventuras del sinaloense.
Los sainetes sí impactan en las urnas. En 1997 el oficialismo perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y Cuauhtémoc Cárdenas arrebató la capital al PRI. ¿Tendrá Morena un descalabro equivalente en 2027? Es imposible anticiparlo, pero se están dando las condiciones para un voto de castigo en las principales ciudades del país; y en la CDMX crecen los síntomas de irritación con la corrupción y la ineficiencia de una parte de Morena.
Uno de los hechos notables de los noventa fue la observación electoral hecha por Alianza Cívica, el Grupo San Ángel y otras organizaciones. Ante el espectáculo ofrecido por árbitros electorales vasallos, es indispensable el renacer de esa práctica. Sólo así tendremos una elección equitativa y confiable.
Colaboraron Elena Simón Hernández y Andrea Ramírez Sánchez