Pan y circo, historia sin fin
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Antes eran las raciones de pan y el circo romano; ahora son los programas sociales y el Mundial de la FIFA. En tanto, se auguran unas elecciones locales desangeladas.
“El pueblo ha perdido su interés por la política, pues aquel que una vez nos dio poder, fasces, legiones, todo, ahora se contiene, y solo desea con ansia dos cosas: pan y juegos de circo”.
Juvenal.
Dentro de dos meses, el estado de Coahuila estará inmerso en por lo menos dos acontecimientos relevantes: por una parte, el arranque del torneo mundial de fútbol de la FIFA y, por otro, la elección de diputados locales.
Aunque ambos sucesos no coinciden con exactitud, es un hecho que el furor futbolero estará mucho más presente, como principal distractor, en el ánimo de los electores.
Frente a un proceso que ya de por sí se prevé desairado, ya que se realizará prácticamente en solitario respecto del resto del país, muchos se preguntan si la creciente euforia deportiva terminará por vaciar las urnas.
Todo indica que así será, pese a que Morena desplegará todo su aparato político y no escatimará recursos para obtener los votos que le permitan el control del Congreso, peldaño indispensable en su hoja de ruta para hacerse de la gubernatura en 2029.
Así pues, para lograr sus propósitos, el partido de Andrés Manuel López Obrador tendrá que sortear un doble obstáculo: el marcado desinterés ciudadano por las urnas y la distracción masiva que genera el Mundial.
Queda por verse si la cúpula de Movimiento Regeneración Nacional tendrá la astucia suficiente como para sincronizar el reparto de apoyos sociales con la euforia futbolera, convirtiendo el fanatismo deportivo en una herramienta de movilización efectiva.
Mientras tanto, el clientelismo y un fabuloso aparato propagandístico operan a su máxima capacidad en territorio coahuilense, como en sus mejores tiempos.
En tanto, seguimos sufriendo una milenaria plaga: los aduladores, es decir, los “amigos del César”, los delatores, ciertos intelectuales y los “augustianos” —aplaudidores a sueldo— con ovaciones para el emperador por cualquier dicho dirigido en público.
Afortunadamente, como contrapeso a la perniciosa influencia de esa ralea, tenemos a los detractores del imperio; traducido: los actuales críticos del sistema, a quienes también, como en la antigüedad, les suele tocar la peor parte.
Ejemplo de ello fue el escritor y poeta satírico romano Decio Junio Juvenal (55 d.C. al 138 d.C.), quien, antes de ser exiliado a Egipto por despotricar contra el César, escribió:
“Desde hace tiempo, exactamente desde que no vendemos nuestro voto a nadie, el pueblo ha perdido su interés por la política, pues aquel que una vez nos dio poder, fasces, legiones, todo, ahora se contiene, y solo desea con ansia dos cosas: pan y juegos de circo”.
Puesto que la naturaleza humana no cambia, el poder sigue incurriendo en los mismos vicios: capitaliza el desinterés político de la sociedad, ofreciéndoles asistencialismo y entretenimiento, tal como se hacía en la antigua Roma con el grano y el circo.
Antes eran raciones de trigo, pan, aceite, cerdo o sal; hoy son los programas sociales. Antes eran las carreras, las sangrientas peleas de gladiadores y la escenificación de batallas; hoy es el fútbol, aderezado con conciertos musicales y venta de cantidades industriales de cerveza.
Igualmente, antes era la tessera frumentaria; hoy es la “Tarjeta del Bienestar” o “La Mera Mera Mejorada”. Antes eran los anfiteatros y el Coliseo de Roma; hoy son las colosales canchas de balompié y las zonas oficiales de la FIFA Fan Festival™ con pantallas gigantes.
Los objetivos de los espectáculos promovidos por el Imperio Romano consistían en mantener distraída u ocupada a la plebe para que no cuestionaran el orden establecido o las decisiones políticas; asimismo, que estuviera apaciguada de modo que no hubiera revueltas por hambre o desempleo. De paso, se les evitaba el ejercicio de la democracia participativa.
A Roma no le interesaba en absoluto que la gente votara, en el sentido democrático moderno. De hecho, la transición de la república al imperio fue, en esencia, el desmantelamiento del voto ciudadano para, en su lugar, establecer la lealtad por beneficios.
El emperador Tiberio, sucesor de Augusto —y contemporáneo de Jesucristo—, eliminó por completo el derecho al voto de las asambleas populares y lo transfirió al Senado, que ya estaba bajo su control.
En este contexto, se entiende mejor la referida denuncia de Juvenal, en cuanto a que el pueblo “...ahora se contiene, y solo desea con ansia dos cosas: pan y juegos de circo”.
Será por eso que incluso durante las campañas electorales se gastan fortunas en artículos promocionales para regalar a granel a los votantes: gorras, playeras, saleros, vasos, llaveros, banquetes, despensas, kermeses, bailes, loterías, conciertos...
Dentro de 64 días arrancará la Copa Mundial de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), cuya duración será de 39 días, es decir, a partir del jueves 11 de junio —ocho días después de haber concluido el periodo de campañas electorales, y cuatro después del día de las elecciones en Coahuila—, para concluir el 19 de julio, periodo durante el cual se enfrentarán 48 selecciones nacionales en 104 partidos.
En la vecina capital de Nuevo León, los juegos se realizarán en el Estadio Monterrey —o “Estadio BBVA” —, donde tendrán lugar cuatro encuentros en las siguientes fechas:
Fase de Grupos: domingo 14 de junio: partido del grupo “F”; sábado 20 de junio: partido del grupo “F”; miércoles 24 de junio: partido del grupo “A”. Asimismo, en dieciseisavos de final, el lunes 29 de junio: partido de eliminación directa (primero del grupo “F” contra el segundo del grupo “C”).
En lo dicho: la antigua estrategia ya está en marcha, con objetivos muy claros: ganar popularidad y lealtad electoral mediante beneficios fugaces y entretenimiento enajenante, en lugar de soluciones estructurales o derechos políticos reales.
Tiempo al tiempo...