Papá también es importante
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Cuidar a un hijo es una responsabilidad que también le corresponde al padre. Asumirla significa conocer las rutinas y hacerse cargo de tareas completas, sin esperar a que la madre recuerde, organice y supervise cada paso
Un padre sostiene a su bebé mientras camina por la habitación, le habla suavemente y observa sus gestos para descubrir qué lo inquieta y qué lo tranquiliza. Aunque desde fuera parezca una escena cotidiana, en ese encuentro ambos comienzan a conocerse: el adulto aprende a interpretar las necesidades de su hijo y el pequeño encuentra a alguien que responde a su llanto, lo acompaña y le ofrece seguridad. La paternidad empieza en esos primeros acercamientos, mucho antes de enseñar a montar en bicicleta, ayudar con las tareas escolares o conversar sobre las decisiones de la vida.
En un artículo publicado recientemente en TIME, Alvin Thomas propone entender el permiso laboral por paternidad como una inversión en su desarrollo infantil, ya que permite que el padre participe en la crianza desde los primeros días. Esta propuesta nos invita a revisar una creencia que todavía influye en muchas familias: considerar indispensable la presencia de la madre y opcional la del padre, como si él tuviera que esperar a que su hijo creciera para comenzar a construir una relación.
Las investigaciones que recoge el autor vinculan la cercanía paterna, afectuosa y constante, con mejores resultados en el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños, aunque estas asociaciones no permiten afirmar que dicha presencia sea, por sí sola, la causa de esos beneficios.
Para comprender esta relación, conviene observar lo que sucede cuando un bebé balbucea y alguien le responde, busca una mirada y la encuentra, o expresa malestar y recibe consuelo. El Centro para el Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard explica que estos intercambios entre el pequeño y un adulto atento contribuyen a construir y fortalecer las conexiones cerebrales que sostienen el aprendizaje y el desarrollo. Mientras la persona que lo acompaña responde a sus sonidos, nombra lo que llama su atención y acompaña sus emociones, el niño participa en experiencias que favorecen el lenguaje y las primeras habilidades sociales.
El padre puede formar parte de este aprendizaje sin comprar materiales especiales ni convertir cada encuentro en una actividad de estimulación, pues las oportunidades surgen al cambiarle el pañal, cantar mientras lo arrulla o hablarle durante el baño. Lo importante es aprender a reconocer sus señales, responder con sensibilidad y comprender que también necesita descansar, de modo que acompañarlo implica respetar los momentos en que aparta la mirada o deja de interesarse por la interacción.
Esta participación nos obliga a revisar una expresión frecuente: “Yo ayudo con el bebé”, porque cuidar a un hijo es una responsabilidad que también le corresponde al padre. Asumirla significa conocer las rutinas y hacerse cargo de tareas completas, sin esperar a que la madre recuerde, organice y supervise cada paso. Preparar lo necesario para el baño, cambiarlo o acompañarlo en su rutina diaria le permite al papá adquirir experiencia y que su presencia se integre de manera constante en la vida familiar.
También debemos reconocer que aprender a cuidar puede generar inseguridad, especialmente cuando el bebé llora y el adulto no consigue tranquilizarlo. En lugar de interpretar esa dificultad como una incapacidad, conviene entender que conocer a un hijo requiere tiempo, orientación y práctica, por lo que las burlas y las descalificaciones pueden desalentar una participación que apenas comienza. El vínculo se construye mientras el padre pregunta, observa, acepta indicaciones y vuelve a intentarlo.
El permiso laboral ofrece tiempo para este aprendizaje, pero aprovecharlo requiere disposición para compartir las tareas de crianza y prestar atención a lo que ocurre en casa. Antes del nacimiento, la pareja puede conversar sobre sus responsabilidades y, después, revisar los acuerdos según la recuperación de la madre, las necesidades del bebé y las circunstancias familiares. Guardar el teléfono durante los momentos de cuidado es una forma sencilla de dedicarle al hijo una atención que le permita conocerlo mejor.
Reconocer el valor de la participación del padre también exige comprender las condiciones de quienes crían sin pareja o carecen de permiso laboral, pues los niños pueden establecer vínculos protectores con distintos cuidadores estables y sensibles. Promover una paternidad comprometida implica ampliar los apoyos para las familias y facilitar que los adultos se hagan presentes.
Como papás, conviene preguntarnos qué lugar queremos ocupar en la vida cotidiana de nuestros hijos y cómo lo estamos construyendo con nuestras acciones. La respuesta toma forma cuando aprendemos a cuidarlos, compartimos responsabilidades y dedicamos tiempo a conocerlos, mientras que, como sociedad, nos corresponde favorecer condiciones laborales que hagan posible esa participación. Desde los primeros días, la relación crece cada vez que un padre toma a su hijo en brazos y asume el compromiso de acompañarlo.