Apocalipsis Now
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La semana del domingo 1 de noviembre al viernes 6, no fueron días de muertos, ni semana de muertos y celebraciones. Fue una semana apocalíptica. Dura, rasposa, terrible. La reseca muerte nos quiere a todos en su panteón particular. Somos trofeos deseados. De usted depende estimado lector, alimentar a la siempre insatisfecha parca o bien, hacerse desear y no, no irse de minero tan rápido. No “Día de Muertos” mexicano, día de ritos, mitos y celebración, no; fue una semana áspera, perversa, ya insoportable.
Murió el sábado (yo supe la noticia, la infausta noticia el domingo 1 de noviembre) 30 de octubre y claro, por la mordedura del bicho chino, el gran Timo Quintana. Amén de ser mi amigo, era y es uno de los grandes y buenos músicos que ha dado esta tierra de talento y creación. Murió Timo (apenas 52 años sobre la tierra, puf) y apenas a días de haber muerto el maestro e historiador Javier Villarreal Lozano. Las desgracias y malas nuevas llegan en pares, de dos en dos. Noticias sordas las cuales duelen el doble.
Las noticias malas nunca llegan solas. En próxima entrega abordaremos la vida y la obra de Timo Quintana. Recuerdo una de sus últimas presentaciones en el concierto homenaje al músico y compositor de jazz, Eugenio Toussaint, quien, si mi memoria no me falla, se suicidó por una fuerte y emperrada depresión que padecía, en el año 2011. Al maestro de jazz Eugenio Toussaint lo escuché en par de conciertos en el CENART en la ciudad de México en años consecutivos, cuando se organizaban conciertos y ciclos de jazz mexicano. Hoy todo esto, una antigualla. Conciertos “presenciales” y en “tiempo real” los cuales han desaparecido del firmamento.
Pues bien, apenas me estaba recuperando del ramalazo en el alma por la muerte de don Javier Villarreal, cuando se vino lo del gran Timo Quintana. Una losa más. Pero, los días fueron transcurriendo con su carga de dolor y tristeza, días lerdos de esa semana del 1 al 6 de noviembre y conforme avanzaban los días, el puzzle se cuadraba de manera perfecta, alargando la preocupación, la desdicha y la nula esperanza. El académico y periodista letal, Luis Carlos Plata, me había platicado de una viróloga china, exiliada en alguna parte de Estados Unidos, la cual trae al mundo de cabeza. Ha concedido varias entrevistas a medios de comunicación en Estados Unidos y Europa. El apocalíptico Luis Carlos Plata hizo favor de compartirme todas las entrevistas y los artículos especializados publicados por Li-Meng Yan en revistas de ciencias de alto calado. La tesis de la viróloga china, a la cual la buscan los servicios secretos chinos para darle cuello, es la siguiente: “es un virus creado para matar a gran escala”. Y creo que usted lo recuerda señor lector, es lo mismo que le presenté aquí en un par de textos pretéritos, es la misma opinión del Premio Nobel de Medicina, Luc Montagnier: es un virus totalmente diseñado en laboratorio. Tan rico y finamente diseñado, que no va haber cura ni vacuna alguna. Al menos no en diez años.
ESQUINA-BAJAN
Entre el domingo 1 y martes 3 de noviembre, leí y vi toda la información mandada a este escritor por el apocalíptico Luis Carlos Plata. Tardé dos o tres días en digerir aquello por la cantidad de información severa y científica y también, porque los artículos de la viróloga china están en inglés y tuve que medio mal traducir con mis precarias herramientas (no sé inglés al 100% y menos la jerga científica) los textos. Li-Meng Yan lo dice claro: “Por el análisis de la secuencia del genoma, se basa en un virus basado 100% en el coronavirus del murciélago. No procede de la naturaleza”.
Siguen las declaraciones incendiarias de la viróloga, escondida en algún lugar del territorio norteamericano, “Nos hicieron cree que se había recombinado en la naturaleza a largo plazo, saltando a un ser humano que había contraído la infección… El virus estaba bien adaptado al ser humano y fue liberado en Wuhan. No necesitó ninguna adaptación”. Le creo a la viróloga. Y lo anterior me hizo recordar cuando en una consulta que fui con mi doctor de cabecera, el sabio Rafael Torres Rangel, quien me ha salvado de las garras de la muerte no pocas ocasiones, así también me lo dijo: “¿Sabe maestro cuánto tiempo se necesita para que un virus mute de un animal y de verdad infecte a un ser humano? Al menos 90 años.”
Le recuerdo entonces lo que dijo el 17 de abril y en portada al diario ABC de España, el científico francés, Luc Montagnier, Premio Nobel de Medicina en 1983. El SARS-Cov-2 (el temido coronavirus), “habría sido creado accidentalmente en un laboratorio chino”. Parte de su cita textual es la siguiente: “Eso de que el COVID-19 apareció tras una contaminación ocurrida en un mercado de animales salvajes, en Wuhan, es una bella leyenda. Imposible. Los científicos chinos son grandes especialistas. El virus salió de un laboratorio de Wuhan”. Leña a la hoguera: hoy, la científica Li-Meg Yan, ha espetado en Europa: “En mi segundo informe (su segundo texto científico al respecto) defiendo que el coronavirus no sólo es un arma biológica sino que es una arma biológica muy novedosa y sin restricciones. Es un virus creado para matar a gran escala”.
Se eriza la piel y el esqueleto. Tanta maldad junta en la mente retorcida de científicos chinos. Y el gobierno al sufragar semejante experimento y dar la autorización de liberarlo. No es un mito, es una confirmación ya. Para el martes 3 de noviembre creo que usted se dio cuenta de lo siguiente: Nuevo León rebasó la mortalidad por COVID a… China. ¿Población? Nuevo León, 5.2 millones de habitantes. China... Mil 393 millones de habitantes. Pero, ya hay más muertos por el virus en Nuevo León, que en todo el territorio chino.
LETRAS MINÚSCULAS
Andrés Manuel López Obrador dice que vamos “requetebién”. El Apocalipsis ha llegado y Dios no tiene nada qué ver en esto…