Profanación: una obra de voces, siluetas y alaridos reales

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Opinión
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Sinners Productions debuta en el escenario con su adaptación teatral de la obra Profanación, una historia repleta de actos nocivos e impunes

Tratar el tema de la violación puede ser bastante simple de expresar, o demasiado enmarañado que se termina diciendo mucho, pero por miedo a ser juzgado, se comunica solo la superficie El tema de la violación, en una expresión artística, nunca se debe tratar a medias, no importa si es un tabú en la ficción y un debate anormal en la vida real.

En la noche del 17 de mayo, acudí al Centro Cultural La Besana para ver la obra de teatro: Profanación, escrita por Tomás Urtusástegui. Fue producida por Leticia Castillo de ‘Sinners Production’ y dirigida por Ángel Robledo, con la asistencia de Paola Reyes. Previamente, esta casa productora había creado el cortometraje ‘Snitch’, donde se juega con la culpa y las consecuencias. En esta nueva producción, lo primero que destacó a mi perspectiva fue la gracia humana.

https://vanguardia.com.mx/show/artes/sinners-productions-debuta-en-el-teatro-con-la-obra-profanacion-en-saltillo-JB20650328

El horror y la comedia van de la mano, aunque nunca se ven a los ojos. Es un factor que a muchos artistas les gusta distanciar porque temen la pérdida de seriedad. Pero aquellos que conocen la complejidad de un tema tan escabroso como es el ‘abuso sexual’ saben que solo comunicar desde un ángulo no es efectivo. El movimiento es vital en esta obra. El equipo actoral está compuesto por Lilith Carrillo, Eva Gutiérrez, Dana Oropeza, Alejandra Vigil, Carlos Garay, Leonardo Rivera, Diego Lazo y la misma productora, Leticia Castillo.

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La química entre las actrices es palpable. Pequeñas sonrisas, cambios de tonos e incluso miradas de amistad y súbita frustración hacen que la experiencia no se limite a gritos y risas. Cada una de las protagonistas, pues todas tienen un papel principal y al frente, logra sostener el momentum que la anterior dejó al terminar su turno. Por su parte, los papeles masculinos fueron el marco perfecto para que la estructura de la trama, al igual que los puntos más retorcidos, se sintieran reales y escabrosos.

En términos breves, la trama se concentra en 5 mujeres que acuden a un show de televisión para relatar sus trágicas experiencias.

La historia se concentra en la incomodidad. Pero no quema el punto de ‘la violación’ en cada diálogo; lo conserva a través de toda la obra. La incomodidad se refleja en detalles. Se muestra cómo cada una de ellas se sienta. El escenario del programa, quizás, las hace sentar en un solo sillón, porque no tiene intención de diferenciarlas. Las pone en un solo grupo de personas: víctimas de violación. Ese contexto muestra las exigencias y prejuicios de la producción de este ficticio programa de televisión. La trama ocurre a deshoras, cuando todas están cansadas, hambrientas. Están sometidas a cumplir un contrato, que a primera vista parece bilateral, pero realmente los únicos beneficiados son quienes explotan la atención y el origen de estas tragedias. Y como dije, son detalles donde se destaca la gracia humana.

Las protagonistas se quejan, lloran, gritan, explotan en rabia, pero también ríen, se burlan, platican y se conocen. Se desarrolla el antes, el después y el después del después. Hasta las consecuencias invisibles, son perceptibles por una simple palabra o reacción. Se crean duplas momentáneas, para luego hacerse una coreografía de diálogos en la que ninguno queda en el vacío. En instantes, hay silencios que son interrumpidos por un coro de gritos detrás del escenario y la dimensión del teatro construye una profundidad que te jala a saber más.

La ambientación, acompañada por un tenso y grave chelo, aprovecha las características del teatro ‘black box’. Poco se vuelve mucho. Desde un principio, es evidente que el peso de la trama iba a recaer en las interpretaciones de las actrices.

Sin embargo, el apoyo visual, elaborado con juegos de sombras, similar a las producciones clásicas de Japón, te transporta al pasado de los personajes, sin tener que mover algún mueble. La coordinación de los actores, detrás de la tela, manifestó el cómo las víctimas de esta obra recuerdan el trauma. Son simples memorias que aparentan ser bidimensionales, pero transmiten una amalgama de sentimientos monstruosos. No se siente como dinámica repetitiva que detiene la tensión. No. Complementa el tono de cada monólogo en la obra.

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La narrativa pasa de ser lógica a ser emocional. Y sí, las emociones que los personajes emiten se originan de una tragedia demasiado real y presente en el conocimiento público.

Los villanos son numerosos, humanos, algunos sin nombre. Solo llevan títulos como: Doctor, papá, mamá, esposo, patrón o licenciado. Aun sin rostro, todos ponen su piedrita en la pirámide de la historia. El rango actoral es visible. Como siluetas, el equipo de actores entonó otras voces, ajenas a las que estaban frente a los espectadores. Causó dinamismo. La comunicación de línea a línea, tanto física como vocal, nunca fue disonante.

La trama no se desarrolla en: mujer habla, cuenta su historia, se sienta, los espectadores reaccionan y la siguiente continúa. No, para nada. El flujo narrativo fue constante y adaptable. La teatralidad de las sombras muestra lo que no se puede hacer de manera explícita, y la orquestación de dichas escenas mantiene el momentum, sin la necesidad de volver a contextualizar.

El estado emocional es lo que te va guiando por los puntos de control de esta obra. Todos son sobre ‘violación’ y nunca se siente que la situación se estanca, pues las charlas que se llevan a cabo no son lúgubres, son humanas. Hasta en las escenas más extremas, repletas de frustración y violencia, los personajes son verosímiles. Logran generar interés en lo que dicen las actrices, en cómo lo dicen. Entre sus oraciones, gestos y ademanes se muestran las grietas de lo que esconden. Sí. Por ello, lo más destacable es cómo un mismo evento, tan atroz y naturalmente monstruoso, puede ramificarse con base en la forma de ser de uno.

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Son las reacciones a un evento que tiene tantos factores que limitarse a una sola personalidad sería superficial. Cada reacción es diferente, porque el contexto emocional y biográfico de las mujeres que lo sobrevivieron no es igual. Incluso, la obra se siente atemporal, en el buen sentido. Aunque ciertos diálogos contextualizan un presente cercano, la temática abarca tanto que la obra podría ocurrir en varias décadas.

Y el horror de la violación permanece, sin flanquear su daño explícito e implícito. Es inamovible. Su interpretación es lo que sí adquiere tonos distinguibles. Aunque el significado de la palabra se dialogue y se encarne en varios escenarios, su forma permanece firme y se mantiene el sinónimo de ‘profanación’ vinculado.

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No es una obra que se limita a decir ‘la violación es mala’. No. Con eso no logras desarrollar una historia que retenga la atención. Por ello, esta producción destaca. En menos de dos horas, la producción y dirección teatral de Sinners logró abarcar los temas de abuso, acoso, de impunidad, de hipocresía, aborto, de explotación, de machismo, de violencia doméstica, de pedofilia, incesto y de revictimización, de tal manera que nunca se perdió la humanidad de las palabras, de las interacciones.

https://vanguardia.com.mx/show/artes/debuta-sinners-productions-productora-independiente-de-saltillo-con-el-corto-snitch-EL19741050

Profanación no es una obra fácil de digerir. Nada relacionado con la violación lo es o lo será, pero al ser un tema real, debe ser expuesto, y esta historia lo hace con rabia y profundidad.

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Actual editor web de breaking news en la redacción de Vanguardia MX. Cubre noticias de última hora y te comparte el contexto en tiempo real.

Es egresado de la Licenciatura en Historia y Humanidades de la Universidad Autónoma de Nuevo León. En el 2019, escribió la novela de fantasía oscura “Las melodías fragmentadas del Pandemonium”, editada y publicada por la editorial Literalika, en la cual es tallerista de creación literaria para jóvenes escritores. Es parte del equipo editorial de “Bloch. Revista estudiantil de Historia”. Es co-creador y locutor de “La cueva de Grendel”, podcast sobre películas y libros de fantasía, ciencia ficción, misterio y terror. Sus temas de interés siempre han sido la historia militar, la teoría de la historia y la literatura.

Su fascinación por la música, en específico, del subgénero del Metal, lo ha incursionado en escribir una serie de artículos sobre esta temática y cómo esta contracultura se ha mantenido viva en la escena del noreste mexicano.

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