Pruebas que no prueban nada
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El régimen nos presenta las pruebas más balinas, endebles y chafas de su eficiencia y honestidad
Somos una especie curiosa.
Nos obligamos a leer las especificaciones de un producto que dice “light” porque dudamos de su verdadero contenido calórico. Pero si nos dicen que un ser mágico y omnipotente, de la nada y por puro aburrimiento, creó el universo, la Tierra y toda forma de vida; que debemos consagrarle nuestro amor y devoción absolutos de manera irrestricta y obedecer además sus caprichosos códigos morales y de conducta... ¡Lo aceptamos sin chistar!
“¡Pruebas, pruebas, pruebas!”, pide la doctora con P de científica. Y hace bien. Si alguien nos quiere convencer de algo, lo menos que podemos exigirle es una evidencia que soporte sus afirmaciones. Sobre todo si lo que se argumenta tiene implicaciones para nosotros.
Si alguien afirma que puede aguantar dos horas buceando sin tanque de oxígeno, pues adelante. ¡Suerte con ello!
Pero ya si lo dicho tiene que ver con algo que nos atañe o afecta, pues lo mejor sería no depender exclusivamente de la aseveración, porque bien podría tratarse de un error de juicio o haber detrás una perversa intención de manipularnos.
Entonces, pedir pruebas es no sólo recomendable, sino hasta saludable.
Claro, el reclamo de pruebas que hace doña “Shein” no es legítimo, sino una argumentación falaz y un recurso teatral para mantener a salvo a uno de los hijos predilectos de la Transformación (Rubén Ro-Chamoya) del requerimiento de la justicia gringa.
Pero es que la instancia en la que se encuentra su caso no requiere pruebas condenatorias, sino apenas los indicios suficientes para presentarlo en una corte donde, entonces sí, han de exhibirse todas las evidencias de las que sea capaz la fiscalía. Y si llegado el momento fuera un caso débil, insuficiente o pobremente armado, hasta la opinión pública y la prensa darían fe de ello.
Pero todo esto lo sabe ella de sobra, nomás que tiene que fingir sorpresa e incredulidad institucional, así como gritar legalidad y su tan cantada soberanía.
Pero volvamos con las pruebas. El fin de semana, la Cuarta Transformación ofreció a propios y extraños, a aliados y detractores, a bienquerientes y opositores, y a la opinión pública en general, dos fehacientes, tangibles e incontestables pruebas de: (1) su eficiencia y (2) su rectitud.
Ahí nomás, para cerrarnos los hocicos a todos los incrédulos insidiosos de mala entraña, la Presidenta más rápida y furiosa que haya tenido México apareció en un evento público a bordo de un prototipo de Olinia, ya usté’ sabe: la línea de vehículos de bajo costo que el Gobierno mexicano está desarrollando (porque no es como que tenga que resolver la gobernabilidad, la seguridad, la educación o la salud en el País)... A falta de algo mejor que hacer, ¿por qué no incursionar en el sector automotriz sin la menor experiencia, pero eso sí, con mucho entusiasmo, y producir un auto barato para el pueblo?
¿Sabe cuál fue el último régimen que diseñó un coche y lo bautizó literalmente “Auto del Pueblo”? ¡Exacto! Y eso no terminó nada bien.
En fin, que la Presidenta hizo de piloto de pruebas nomás para que no le dijeran que el “Amlorghini” se iba a quedar a medias como todo lo que la 4T emprende, puros proyectos inconclusos que, lejos de ser inofensivas incursiones tecnológicas, son multimillonarios descalabros al erario; para muestra: Vacuna Patria, Ventiladores Ehécatl, Megafarmaciototota, Gas Bienestar, etcétera...
En el caso de la farmacia, por ejemplo, no se trataba de tener una bodega para almacenar medicamentos (cosa que ni siquiera se hizo), sino de establecer una cadena de adquisiciones, resguardo, distribución y abasto eficiente. El inmueble (inaugurado y todo) no era prueba de que el problema estuviera resuelto. La bodega no hace a la farmacia; el sistema de distribución –que jamás se diseñó– sí.
Así con la vacuna, que no bastaba con desarrollar un suero, sino que debía ser “testado” y aprobado bajo los estándares internacionales y producido en masa para su distribución ¡oportuna!, ¡a tiempo! Antes de que el bicho mutara y lo volviera inútil.
¡Puro dinero tirado al caño! Lo mismo con Mexicana de Aviación, los Hoteles del Mundo Maya, et al.
Ahora con Olinia se habían propuesto presentar el prototipo durante la inauguración del Mundial (este jueves, si no me equivoco). Y lo de menos sería tener para ese día uno o diez modelos en su etapa de pruebas. El problema será llegar a pasar todos los estándares internacionales de eficiencia y seguridad y garantizar la capacidad de producirlo en masa a un precio más que competitivo, que sea una alternativa real para toda la gente que no puede acceder a un vehículo de las marcas establecidas.
Sabemos perfectamente que esto jamás ocurrirá y que todo es sólo otra forma creativa de quemar dinero, desviar recursos y entretener a la masa.
Ese carrito en el que llegó la doctora Sheinbaum a su evento no es prueba de que México sea ya una realidad en lo referente a diseño y producción nacional automotriz. Un prototipo que ande probablemente lo hagan dos ingenieros y un equipo de cinco chalanes en un garage, pero competir con el “know how” de empresas que tienen más de un siglo fabricando autos es algo que debería estar intentando un soñador emprendedor, no un Estado.
Corte a... El gobernador de Tamaulipas se la sacó y nos la enseñó a todos.
No, no me confundí con el senador con licencia por investigación, Enrique Inzunza. Américo Villarreal, mandatario tamaulipeco, nos mostró su visa gringa para acallar el rumor desatado por el L.A. Times, de que le habían retirado el documento para cruzar a Estados Unidos y que ahora, como informante sobre la red de huachicol en la que participaba, cruzaba la frontera con una licencia especial para los soplones, digo, para los testigos cooperantes.
Bueno... Ya don Américo nos enseñó la visa... Quiere decir que... estábamos todos equivocados, ¿no? Comenzando por el L.A. Times, ¿qué no?
Dígamelo usted: Acaso si EU le retirara su visa... cree que los agentes migratorios van a ir a apersonarse a su domicilio para decirle: “¡Buenas tardes, don Pepe! Fíjese que venimos por su visa. ¿La tendrá de casualidad a la mano? Entréguenosla, por favor, rápidamente y sin hacerla de jamón”.
¡Obvio no! Lo más seguro es que, si usted pierde el privilegio de cruzar “al otro lado”, la visa en cuestión simplemente se desactive en el sistema gringo. No le retiran el plástico, sino que su enmicado ya no sirve para cruzar porque se cancela. Usted conserva el recuerdo, pero no el permiso de ingresar a EU. Y eso es lo que nos habría enseñado don Americote, el puro recuerdo. Aunque él insiste en que, ya que nos enseñó el plástico, todo lo que se ha dicho sobre su presunta colusión con el crimen organizado –y la investigación por instancias estadounidenses– es en consecuencia falso... ¡Ay, ajá!
Sabedor de nuestra naturaleza contradictoria, que a veces exige evidencia sobre las minucias, pero es capaz de obviarlas en asuntos trascendentales, el régimen nos presenta las pruebas más balinas, endebles y chafas de su eficiencia y honestidad. Pruebas que no prueban nada, pero al menos son consistentes con lo que intentan demostrar.