Rebelión en las bases de la 4T

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Opinión
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Las dos personas que están en el centro de los señalamientos son Citlalli Hernández, presidenta del Comité de Elecciones de Morena, y Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de asesores de la Presidencia

Como en la famosa novela de George Orwell, “Rebelión en la Granja”, en la 4T se vive un momento distópico. Existe una rebelión en las bases de Morena, a veces pública y en otras ocasiones soterrada, contra la dirigencia del partido por haber manipulado y realizado negociaciones oscuras para beneficios personales. Las dos personas que están en el centro de los señalamientos son Citlalli Hernández, presidenta del Comisión de Elecciones de Morena, y Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de asesores de la Presidencia de la República. Ambos, además de ambiciones y protección futura, comparten la lealtad con el jefe político del movimiento.

Los conflictos que se viven dentro del partido en el poder han sido posibles por la falta de liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha permitido que fuerzas internas de Morena actúen por encima de sus prioridades y decisiones previas. Una de ellas, relevante para el proceso de selección de candidaturas, fue el intento de intervención de su secretario particular, Carlos Augusto Morales –secretario de Gobernación de facto–, y del jefe de la Oficina de la Presidencia, Lázaro Cárdenas, que naufragó porque Hernández los avasalló y tejió alianzas para ajustar los intereses presidenciales a los suyos.

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En la penumbra de las cañerías, en donde le gusta operar agazapado detrás de otras personas, Ramírez Cuevas está jugando uno de los papeles más desleales con la Presidenta en el controvertido proceso de Morena para sacar adelante sus candidaturas. Fuentes del partido lo ubican como el organizador de la revuelta de las bases contra el proceso por la opacidad y las divisiones que provocó en varios estados. Pero su actuar no es como el de alguien preocupado por el equilibrio y la justa competencia de los aspirantes, sino algo mucho más mezquino. Dos objetivos, según las fuentes de Morena, son los que persigue.

El primero tiene que ver con su interés personal en Tlaxcala, donde el ala dura de Morena, encabezada por él, respalda a la senadora Ana Lilia Rivera, una política con larga trayectoria dentro de la izquierda social que participó como delegada en la Convención Democrática del EZLN en 1994, donde fortaleció su relación con Ramírez Cuevas, quien servía como uno de los operadores del movimiento zapatista bajo su cobertura de periodista. En Tlaxcala, está del lado de la Presidenta, que originalmente respaldaba a la senadora, aunque ha dejado campo abierto que permite la defensa de intereses particulares, como el de su estratega electoral, Iván Silva, que junto con el senador Adán Augusto López apoya al alcalde con licencia de la capital, Alfonso Sánchez García, hijo del exgobernador Alfonso Sánchez Anaya.

Operadores políticos de Morena señalaron que la revuelta interna alimentada por Ramírez Cuevas busca que el dedazo en Tlaxcala cambie de destinataria, bajo el argumento de que Sánchez García no ha podido superar en las encuestas a Rivera. Ella cuenta también con el respaldo de la diputada Dolores Padierna, quien junto con su esposo René Bejarano –mentor político de Ariadna Montiel, presidenta de Morena– tiene una fuerte presencia en la disputada alcaldía Cuauhtémoc, y del senador Gerardo Fernández Noroña, que ha roto lanzas contra los liderazgos de Morena, convirtiéndose en una figura incómoda y disruptiva para los nodos de poder en el partido.

Pero hay una segunda variable en el interés mezquino de Ramírez Cuevas, de acuerdo con la información interna, y es una diputación plurinominal para blindarse políticamente de un mal desenlace del gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, bajo investigación en Estados Unidos por sus vínculos con el crimen organizado. La relación entre ambos personajes es estrecha. De acuerdo con los expedientes que se están armando en Estados Unidos, y con investigaciones en México, el exvocero de López Obrador y colaborador cercano de Sheinbaum también está involucrado en la red criminal del empresario Sergio Carmona, que financió ocho campañas para gobernador y otros cargos de elección popular en 2021, cuyo dinero en efectivo entregaba al funcionario federal en un departamento en Polanco.

Si cae Villarreal, es altamente probable que Ramírez Cuevas sea formado en la fila de políticos a ser acusados por la justicia estadounidense. El exvocero de López Obrador tiene cuentas pendientes por todos lados y una pésima imagen en los medios de comunicación, al haber sido el arquitecto de todos los ataques contra periodistas y medios durante los últimos ocho años, y responsable de armar una legión de comunicadores a sueldo para reforzar el linchamiento de los críticos del régimen.

Sin embargo, el caso públicamente más escandaloso es Zacatecas. La petición de Sheinbaum fue que se apoyara a la senadora Verónica Díaz, como parte de un acuerdo con el diputado Ricardo Monreal: a cambio de evitar que su hermano Saúl Monreal buscara la candidatura del PT –al limitarlo la norma contra el nepotismo– y provocara una fractura, le regalaron el derecho de poner candidata. El legislador escogió a su excuñada, madre de dos de sus sobrinos, en un nepotismo disfrazado donde Hernández encontró también espacio para negociar directamente con Monreal.

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Citlalli Hernández hizo hasta lo impensable por sacar adelante a Díaz, tras tejer un acuerdo colateral con Monreal: su respaldo en la alcaldía Cuauhtémoc, por la que le dijo la Presidenta competiría el próximo año. Hernández, que no tiene bases de apoyo en esa alcaldía, se esmeró por ganarse todos los favores de Monreal, que la gobernó. Su primera gran decisión fue que, contra lo que se había anunciado, no se daría a conocer ningún resultado de las encuestas ni la metodología. El argumento del oficialismo es que era para evitar heridas que no pudieran cicatrizar, pero lo que pasó fue lo opuesto.

La candidatura debió haber quedado en manos del diputado Ulises Mejía, quien nunca dejó de estar por arriba de todos sus adversarios en las preferencias. Incluso dos semanas antes de que le dijeran que la senadora Verónica Díaz lo había derrotado por 15 puntos, él la superaba –en la encuesta hecha por la misma empresa– por más de 20 puntos. Citlalli Hernández no reveló cómo quedaron los resultados de la medición ni la casa encuestadora que la realizó –a la que obligaron a hacer trampa–. Tampoco difundieron los datos y la metodología que habían prometido dar a conocer, por decisión de la propia encargada del proceso.

La protesta legítima llevó a Hernández a declarar la semana pasada que, si fuera necesario rehacer una encuesta para generar certidumbre, no le veía ningún problema. Salvo que así lo exigiera Sheinbaum, apostarán a que se diluya el conflicto con el tiempo.

rrivapalacio2024@gmail.com

X: @rivapa_oficial

Periodista en busca de decodificar la toma de decisiones en la política mexicana y exponer las tensiones del sistema en el que operan. Actualmente es director general del periódico digital Eje Central.

Columna: Estrictamente personal

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