Reforma laboral: ¿Justicia y amor para la clase trabajadora?
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Los mexicanos son los ciudadanos en el planeta con menos horas libres. Y para que arda, según datos oficiales, casi el 15 por ciento de los trabajadores en México labora más de 48 horas semanales
Aplicar la justicia implicaría un ejercicio que uniría el entendimiento y el sentimiento; esta consideración sería una razón sensible, entonces la justicia arroparía un sueño creador y de esperanza para muchos, al sentir que se aplican normas o leyes para protegerlos y no para intimidarlos con ellas. Así lo veía la filósofa María Zambrano: la justicia como una forma de amor.
Si bien la aplicación de la ley es un campo cerrado con su propio lenguaje, también es una disciplina que regula la condición humana; es por ello que los asuntos que aborda podrían sumar mayores consideraciones, como el orden social como resultado del deseo de bondad y unión.
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¿Y qué nace de normas que buscan la bondad y la unión? Ambientes de tranquilidad o de bien; la gran mayoría de las personas aspiran a ellos. Por el contrario, leyes que se mueven mayormente en el ámbito de los resultados y la medición económica se alejan de la consideración de los límites humanos.
Un cuerpo no sólo trabaja, también ama, es decir, usa su cuerpo para otras cosas que no son el uso de su fuerza física para generar bienes o servicios; por ejemplo, lo usa para decir que ama, tiene un íntimo deseo de bondad y placer.
Amar es un ejercicio (ahora atravesado por imaginería y estulticia, pero ese no es el recorte hoy) cada vez más complejo de darse. La clase trabajadora mexicana se encuentra entre las más explotadas del mundo y forma parte de los 3 mil 300 millones de personas que en el planeta constituyen la fuerza laboral. No se suman aquí los 172.5 millones de desempleados que hay en el orbe, los cuales quedarían todavía menos habilitados para amar.
Y es que amar requiere, todos lo sabemos, sus recursos, espacios, tiempos y dinámicas. Estar con los seres queridos, los hijos, los amigos, además es parte de la higiene mental. La recién debatida reforma laboral no habla de dos días de descanso obligatorios, sólo de cuarenta horas laborales, con entrada en vigor prevista el 1 de mayo y una implementación gradual posterior.
La clase trabajadora no sólo es una descripción que ubica posiciones en un tablero real, es la expresión colectiva del reconocimiento del hecho de que existe la explotación, y la clase es la forma en la que la explotación encarna o desarrolla una estructura social. No nos asustemos por llamar a las cosas por su nombre: México es un país explotador defendido por pensadores y servidores públicos que son “maiceados”, un término que es apropiado, porque es una palabra que proviene de dar de comer a animales domésticos, sí, domesticados. ¿Cuál amor por la clase trabajadora? Es decir, ¿cuál consideración y atención?
Seguimos igual que los logros obtenidos desde la promulgación de la Constitución de 1917, producto de la lucha revolucionaria, cuando se logró reducir la bestial jornada laboral a 8 horas con un día de descanso, es decir, 48 horas a la semana. Desde ese tiempo, los mexicanos son los ciudadanos en el planeta con menos horas libres. Y para que arda, según datos oficiales, casi el 15 por ciento de los trabajadores en México labora más de 48 horas semanales.
Entre los 40 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las naciones latinoamericanas: Colombia, Costa Rica, Chile y México son los que tienen un promedio de horas laborales por semana más elevado. La clase trabajadora de Países Bajos es la que menos horas de trabajo a la semana tiene: 30.1 horas, y el promedio de todos los países de la OCDE es de 37 horas.
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Consideremos, además, que en México más del 50 por ciento trabaja en la economía informal, lo que les imposibilita tener derechos y protección social.
En realidad, trabajar más horas no se traduce en una mayor productividad. Además, en las personas que trabajan muchas horas se acumula el cansancio, aumentan los índices de errores y no queda mucha energía para innovar. Incluso, el riesgo de accidentes mortales y no mortales se incrementa.
El vocablo “trabajo” proviene del latín tripalium, instrumento de tortura hecho de tres palos.