RESICO al 7%: saque la calculadora antes de festejar. No es una rebaja. Es renunciar a acreditar
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Estimado lector, la semana pasada Hacienda entregó al Congreso el Paquete Económico 2027.
Seguramente ya escuchó algo. Se lo platicó su compadre en la comida, o su vantiktoker favorito ya subió el video con los subtítulos de colores. Y ahora está pensando: ya sé lo que tengo que saber.
Deme dos minutos. Quiero contarle una conversación de oficina de esa semana.
Bárbara llega con el café a la oficina de IVAn el Terrible y suelta la pregunta sin sentarse: ¿es cierto que va a bajar la tasa de IVA para los RESICO?
IVAn voltea sorprendido. “La Tesorito” preguntando por una iniciativa que tiene menos de veinticuatro horas de vida. Algo no anda bien.
Titubea y contesta: los contribuyentes del RESICO tendrían la opción de pagar el IVA aplicando el 7% sobre lo que efectivamente cobren en el mes.
A Bárbara le brillan los ojos. Y no es para menos. Fuera de la oficina tiene un pequeño negocio de diseño gráfico y piensa cambiar la computadora, el monitor y la tableta. Ya tiene las cotizaciones en el celular.
IVAn la para en seco. ¿Tienes claro cuáles son tus costos y tus gastos?
¿Y eso qué tiene que ver con que baje el IVA?
IVAn responde en tono sarcástico: casi nada. Tú vas a seguir facturando con IVA al 16%. Tu cliente te va a seguir pagando el 16%. Lo único que cambia es la forma de calcular lo que le enteras al SAT. En lugar de restar el IVA de tus compras al IVA que cobraste, aplicas el 7% directo sobre lo cobrado y ahí muere. Pago definitivo. Renuncias al acreditamiento.
¿Y esto solo es para nosotros los chiquitos, o mi cliente el de la constructora también? Porque él es empresa.
También. Personas físicas y personas morales del RESICO, las dos.
¿Y por qué querría el SAT que paguemos menos?
No quiere que pagues menos. Quiere dejar de procesar devoluciones, quiere contabilidades más simples y quiere gente adentro del sistema formal. El 7% no lo sacaron de un sombrero: salió de mirar a los millones de contribuyentes que ya están en el régimen y calcular cuánto pagan en promedio. A unos les saldrá barato. A otros, carísimo.
Bárbara, que ya perdió la sonrisa: dime qué hago.
Identifica qué pagas cada mes y cuáles traen IVA. Y si no tienes esa información a la mano, hay un atajo: toma el IVA a cargo que determinaste cada mes de 2026 y compáralo contra el 7% de tus ingresos cobrados en ese mismo mes. Si el 7% resulta menor, te habría convenido. Si resulta mayor, te habría salido cara.
Estimado lector, hágalo. La respuesta para 2027 ya está en su contabilidad de 2026.
Esta opción le sirve a quien tiene pocos gastos, o a quien la mayor parte de lo que paga no trae IVA. Sueldos, cuotas de seguridad social: ahí no hay nada que acreditar, así que no hay nada que perder. Y si todo lo que gastas sí trae IVA, la regla se vuelve una sola cifra: si tus costos y gastos son menores al 56.25% de tus ingresos, te conviene el 7%.
Quizás lo perdí. Entre el 16% que usted traslada y el 7% que enteraría hay nueve puntos de diferencia, y el 16% de 56.25 da exactamente nueve.
Bárbara hace la cuenta en voz alta. Renta, software, internet, impresiones. Todo con IVA. Su gasto anda muy arriba de ese 56.25% y lo único sin IVA es el sueldo de la muchacha de medio tiempo.
O sea que no me conviene, dice.
No en un año normal, contesta IVAn. Y en este menos, porque vas a cambiar todo el equipo. Ese IVA se te iría a la basura. La compra te sale casi un dieciséis por ciento más cara.
Y ojo, remata: esto no es un interruptor que prendes y apagas según el mes. Se avisa y se toma por el ejercicio completo. Quien elige mal en enero lo paga hasta diciembre.
Un apunte más, estimado lector: si su actividad genera saldos a favor con regularidad, ni se asome. Y no se emocione todavía: esto es una iniciativa y falta el proceso legislativo, que seguiremos en esta columna.
El punto de fondo no es si el 7% le conviene. Es que usted todavía no lo sabe, su compadre tampoco, y el tiktoker mucho menos, porque ninguno de los tres ha visto sus facturas.
Sacar la cuenta cuesta una tarde. No sacarla cuesta doce meses. Bárbara salió de la oficina con el café frío, las cotizaciones sin mandar y una tarea pendiente. Usted ya sabe cuál es la suya. Empiece por ahí.