Los Juegos Olímpicos del contribuyente (Parte 2). No todas las medallas llegan al medallero

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Opinión
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El estadio está lleno. Los jueces están terminando de recabar la información y en unos minutos empieza el conteo. Mírelos bien desde aquí. Todos esos atletas compitieron, todos ganaron algo, y todos portan orgullosamente las medallas recibidas.

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Pero no todas las medallas van a aparecer en el medallero. Algunas subirán completas. Otras, solo la mitad. Y otras no van a aparecer.

¿Se acuerda de lo que vimos hace dos semanas? Que todas sus medallas se suman en un solo medallero y sobre ese total se calcula el ISR anual. Pues sí, pero no. Hay casos especiales.

Permítame explicarle cuáles se quedan afuera y por qué. Porque no todas se quedan afuera por la misma razón, y confundirlas sale caro.

Empecemos por las que suben a dos podios.

Imagine a don Rubén. Compró un terreno hace diez años pensando construir una bodega, nunca la construyó, y este año por fin lo vendió. Ganó un buen dinero. ¿Y ahora qué? ¿Todo eso se le apila encima en la declaración anual?

No. Y aquí el juez es más sensato de lo que uno esperaría. Porque don Rubén no construyó ese patrimonio este año. Lo construyó en varios. Si toda la ganancia le cayera de golpe al medallero, lo dispararía a la categoría más alta por un esfuerzo de varios años.

Así que se reparte en el tiempo. Digamos que la ganancia fue de un millón. Esa medalla no sube completa: se divide entre los años que tuvo el terreno. Suponiendo que hubieran sido diez, se acumularían cien mil pesos a sus demás ingresos en la declaración anual. El resto compite en otro podio, con su propia tasa.

Y si lo que vendió fue la casa donde vivió toda la vida, considere que puede haber una exención de por medio. Eso significa que buena parte de esa medalla quizás ni siquiera pese.

La otra disciplina de doble podio son los dividendos, y aquí la prueba es de relevos.

La empresa ya corrió su tramo antes de pasarle el testigo: pagó ISR corporativo sobre esas utilidades que le está distribuyendo. Cuando por fin las reparte y usted recibe su dividendo, lo acumula y acredita el ISR que la empresa ya pagó. Ese reconocimiento del tramo anterior es lo que sube al medallero.

Pero encima le retienen un 10% adicional. Y ese no se recupera, no regresa jamás. Se queda en el segundo podio, mirándolo desde lejos.

Ahora vamos con las que ni siquiera aparecen en el medallero: los deportes de exhibición.

Aquí no hay reparto ni ceremonia. Le cuelgan la medalla, le pagan ahí mismo y usted se va a su casa. El impuesto se cubre en ese instante y nunca llega al conteo anual.

El caso más claro son los premios. Si se sacó la rifa, el sorteo o el concurso, le entregan el premio ya con la retención hecha. El impuesto quedó cubierto ahí mismo y no se considera en la anual.

Si usted vende acciones en la bolsa y al final del año, al revisar todas las operaciones que realizó, resulta que tuvo utilidad, le van a retener 10% sobre esas ganancias y asunto concluido.

También está la disciplina más nueva del programa, los ingresos por plataformas digitales, donde bajo ciertos supuestos la retención puede ser definitiva.

Y todavía falta la categoría donde compite más gente de la que usted cree.

En el deporte, antes de competir hay que pasar por la báscula. Si el peso da, entra a esa categoría y juega con ese reglamento. Si no da, compite en otra.

RESICO es exactamente eso. No es que esa medalla tenga menor valor. Es que compite en otra categoría, con reglamento aligerado: tasa fija sobre ingresos, sin deducciones, con sus pagos mensuales definitivos. Suena cómodo. Y lo es. Mientras califique.

Porque toda categoría tiene su límite. Si rebasa el tope de ingresos o deja de cumplir requisitos, ya no compite ahí. Regresa a la general: reglamento completo, obligaciones completas, medallero completo.

¿Y sabe qué es lo peor? Que ese cambio no siempre se nota a tiempo. Cuando se nota, ya es demasiado tarde. Estimado lector, hay algo peor que perder una competencia: no saber en cuál estaba compitiendo.

Sus ingresos ya tienen disciplina asignada. Usted no la escoge. La escoge la ley, según de dónde viene cada peso. Lo único que puede escoger es enterarse ahora o enterarse en abril.

Porque en estos Juegos no lo descalifican por desconocer el reglamento. Le pasa algo peor: el juez no le dice nada, y de todos modos le cobra.

huorsa@ortizgarza.com.mx

X: @huorsa

Substack: Historias de impuestos bien contadas

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Columnista de VANGUARDIA, comediante fiscal por vocación no diagnosticada. Dicen que los contadores nacemos sabiendo sumar... pero Hugo René también nació sabiendo restarle drama al SAT. Es licenciado en Contaduría Pública y Finanzas por el Tec de Monterrey, lo que básicamente significa que aprendió a sufrir con estilo y corbata. Tiene dos maestrías: una en Impuestos (porque a alguien tenía que gustarle eso) y otra en Derecho Internacional, por si alguna vez hay que explicarle al SAT que el tequila no se exporta con IVA incluido.

Empezó su carrera en California, donde trabajaba en una empresa de arroz... porque uno tiene que saber de granos antes de hablar de deducciones. Luego se fue metiendo al mundo de la contaduría, ese hermoso universo donde la emoción más fuerte es cuadrar el balance a la primera. Y cuando pensó que ya nada podía sorprenderlo, ¡lo invitaron al mismísimo SAT! Así es: fue asesor de la jefa del SAT y también trabajó en Planeación, es decir, ayudó a diseñar el mapa del infierno... pero con Excel.

Hoy es socio director en la firma Ortiz Garza y Asociados, donde lidera proyectos fiscales y se dedica a hacerle la vida más fácil a los que le temen al buzón tributario más que a su ex.

Además de contar números, también cuenta historias: fue conductor de “Frecuencia Fiscal” durante 14 años, donde explicaba impuestos como si fueran recetas de cocina (”agarre su CFDI, métalo a la licuadora fiscal y espolvoree deducciones”). Hoy conduce el pódcast “Entre Contadores”, donde se hablan de temas serios... pero con risas entre líneas y anécdotas que harían llorar a un auditor.

También ha sido catedrático, presidente de comisiones, columnista en El Financiero y miembro activo del Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León. Es decir, Hugo René no solo conoce la ley, también sabe aplicarla sin que a uno le den ganas de esconderse en las Islas Caimán.

Si alguna vez pensaste que los impuestos eran cosa seria... es porque no has leído una columna de Hugo René. Prepárate para entender tus finanzas como si te las explicara tu compadre chistoso... pero con cédula profesional.

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