Resiliencia: Puerto Eagle Pass–Piedras Negras
COMPARTIR
Si a nuestro puerto se le diera un trato proporcionalmente equitativo y justo, tendría una capacidad que superaría los 3 mil cruces al día. El de Laredo casi llega a los 20 mil
Primero vamos a los datos y a los hechos. Los puentes internacionales de Eagle Pass y Piedras Negras ya nos quedaron chicos. En nuestra frontera las cosas se hacen bien: tenemos empresas, agentes aduanales, parques industriales, transportistas y servidores públicos de primera. Pero también doctores, hospitales, hoteles, tiendas y restaurantes de primera. No obstante, dependemos de los gobiernos estatales y federales de ambos lados de la frontera para llevar a nuestro puerto fronterizo a otro nivel. Y no es por gusto o necesidad; es por ley. Hay facultades que superan a nuestras autoridades locales, y se entiende: es un cruce internacional.
En el lado mexicano de la frontera, la poca visión y atención de los gobiernos estatales y municipales del pasado nos tienen atorados en una ruta fiscal que parece un embudo inmanejable. A esto se suma que el Gobierno del Estado de Coahuila, concesionario del lado mexicano del Puente II, sigue cobrando en efectivo, billetes y monedas, en pleno año 2026, complicando aún más el cruce y afectando los tiempos de espera. Al respecto no hay ni propuesta ni visión de cambio. La solicitud de ampliación de la concesión, presentada por Coahuila ante el Gobierno Federal, no contempla modificación alguna en estos dos rubros. Eso pasa cuando las decisiones se toman a 437 kilómetros del lugar de los hechos.
Sigamos con los datos. El puerto de Eagle Pass y Piedras Negras opera con apenas dos casetas comerciales en el lado estadounidense. En comparación, Laredo tiene quince casetas comerciales. A esto se suma una serie de filtros estatales y federales que se aplican con más rigor en Eagle Pass que en Laredo. La consecuencia lógica no tardó en llegar: los tiempos de espera aumentan, los costos logísticos crecen y la competitividad regional se deteriora. El volumen de cruces comerciales por nuestra frontera cayó de dos mil operaciones diarias a menos de 800 hace un mes, y ya andamos en torno a los 15 cruces. Si a nuestro puerto se le diera un trato proporcionalmente equitativo y justo, tendría una capacidad que superaría los 3 mil cruces al día. El de Laredo casi llega a los 20 mil.
No quiero pensar que existe una intención de frenarnos. Pero sería ingenuo no reconocer que eso ocurre cuando una región no es prioridad, por desidia, falta de personal o de presupuesto, mala planeación o mera intención. Quienes gobiernan Saltillo, Austin, la Ciudad de México y Washington D. C. tienen sus agendas, y alguien pagó y votó para ser prioridad.
En Eagle Pass y Piedras Negras nos toca reconocer una realidad incómoda: las capitales estatales y federales se mueven con dinero y votos. Así llegan y así se van unos y otros. Así funciona el poder. No es nuevo; lleva muchos siglos. Siendo honestos, no tenemos ni los unos ni los otros, al menos no en la proporción de los dos Laredos, McAllen/Reynosa, Austin o Saltillo.
En dinero hay dos tiempos: en las campañas, quién paga y quién da más; y en el ejercicio del poder, quién paga y quién aporta más en empleos e impuestos. Pero también cuentan los votos: quién da más y a quién cortejan con más cariño los electos. En población, en Texas, Eagle Pass es la ciudad número 122 y el condado de Maverick es el número 70. Nada mal si consideramos que Texas es la octava economía del mundo dentro de la primera. Piedras Negras, por su parte, es la cuarta ciudad de Coahuila dentro de la decimotercera economía del mundo.
No todo es malo; así funciona. Algunas cosas se entienden y otras son tan perversas que sólo toca mirar desde la impotencia, el tiempo y la comprensión. A fin de cuentas, gracias a la ambición de otros, hoy Eagle Pass y Piedras Negras no tienen el caos ni la inseguridad de otras fronteras, ni el impacto social de otras ciudades dizque desarrolladas.
Esperar pasivamente a que los gobiernos estatales y federales resuelvan el caos del Puente II y del comercio en general es una ilusión. Nos toca exigir soluciones concretas: más casetas, más personal, mayor flexibilidad operativa y, del lado mexicano, algo tan básico como modernizar la ruta fiscal y el sistema de cobro. Para ello será indispensable fortalecer el músculo electoral y construir causas regionales capaces de unirnos por encima de las diferencias partidistas que tantas veces nos dividen.
Esto ya no se trata únicamente de Eagle Pass y Piedras Negras. Los Cinco Manantiales, Quemado, Uvalde, Carrizo Springs y muchas otras comunidades tienen en el éxito de este puerto fronterizo una de sus pocas rutas reales hacia el bienestar económico. Lo que ocurre aquí impacta a toda una región binacional que depende del comercio, la logística y la movilidad para sostener empleos y generar crecimiento. Por eso toca actuar con lógica regional. Unidos somos más fuertes, somos más, votamos más y generamos más.
Eagle Pass y Piedras Negras siguen funcionando. Nuestra planta laboral es de primera, así como los servicios que giran en torno al comercio y que corren en paralelo a éste. En turismo médico nos estamos distinguiendo con gran fuerza. La cooperación es real, cotidiana y productiva. Eso demuestra algo importante: cuando los gobiernos estatales y federales fallan, la región encuentra maneras de salir adelante. La resiliencia nos distingue.
Tal vez por eso ha llegado el momento de regresar a las fuentes. A aquello que históricamente ha sostenido a nuestra comunidad fronteriza: la capacidad de organizarnos y resolver entre nosotros lo que otros ignoran, y exigir lo que por derecho nos corresponde. Nuestra fortaleza siempre ha estado en lo que hacemos por nosotros mismos. El futuro de esta región fronteriza dependerá de nuestra capacidad para actuar unidos en la promoción y defensa de nuestros intereses.
Facebook: Chuy Ramírez