Saber mejora la lectura
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Muchos autores coinciden en que una de las mejores maneras de trabajar la lectura no es sólo enseñar estrategias lectoras, sino también ampliar de manera sistemática el conocimiento general de los alumnos
En los últimos años no solamente me ha impactado el nivel tan pobre de comprensión lectora entre nuestros hijos, sino también el declive de las puntuaciones de lectura en muchos países del mundo. A pesar de todos los intentos por mejorar la enseñanza de la lectura mediante programas fonológicos, técnicas de comprensión y prácticas de alfabetización, los indicadores continúan reflejando niveles de lectura muy bajos. En estas circunstancias, algunos especialistas han empezado a plantearse una pregunta: ¿podría la enseñanza de la historia ayudar a mejorar las habilidades de lectura?
Esto es precisamente lo que plantea Rick Hess en su artículo “Reading Scores Are Awful. Can Teaching History Help?” “Reading Scores Are Awful. Can Teaching History Help?” (Los resultados en lectura son alarmantemente bajos. ¿Puede la enseñanza de la historia ayudar?), donde reflexiona sobre cómo el conocimiento de contenidos puede ser un recurso muy potente para mejorar las habilidades lectoras.
Históricamente, la enseñanza de la lectura se ha centrado en habilidades como la decodificación, la fluidez, el vocabulario y las estrategias de comprensión. Sin embargo, un número importante de investigadores demuestra que comprender un texto va más allá del simple reconocimiento de palabras u oraciones. Por ejemplo, si un estudiante lee sobre la Revolución Industrial, la Segunda Guerra Mundial o la Independencia de México, requiere conocimiento previo de esos sucesos para interpretar la información. De lo contrario, el texto se vuelve mucho más difícil, incluso si se es capaz de leer palabras. Dicho de otra forma, la lectura depende en gran medida del conocimiento acumulado, almacenado en la memoria a largo plazo.
Desde la psicología cognitiva se ha demostrado que el cerebro aprende al integrar la nueva información con los conocimientos previos. Cuando un estudiante cuenta con antecedentes acerca de un tema:
• Comprende mejor lo que lee.
• Aprende vocabulario con mayor facilidad.
• Hace inferencias más precisas.
• Retiene más información.
En contraste, cuando el conocimiento es limitado, la comprensión lectora se reduce considerablemente. Aquí es donde la historia adquiere un valor estratégico: aporta el fondo informativo necesario para interpretar buena parte de los textos académicos y expositivos.
Durante un periodo, varias instituciones educativas redujeron el tiempo dedicado a estudios sociales e historia, en favor de aumentar el horario de matemáticas y de lectura, convencidas de que esto podría mejorar los resultados escolares. No obstante, estudios recientes sugieren que esta decisión tal vez haya sido errónea.
La historia proporciona:
• Un contexto cultural.
• Un conocimiento geográfico.
• Una comprensión política.
• Una ampliación del vocabulario académico.
• Un pensamiento crítico.
Además, alumnas y alumnos “aprenden a aprender”: interpretar documentos, comparar fuentes, evaluar evidencias y construir argumentos, destrezas muy asociadas con un nivel avanzado de comprensión lectora.
Cuando el estudiante intenta comprender un texto sin conocimientos previos suficientes, la mayor parte de sus recursos cognitivos se dedica a decodificar conceptos poco familiares. En cambio, si el lector ya domina el tema, el cerebro puede enfocarse en el análisis y la relación de ideas más complejas para darle un significado. Por consiguiente, la memoria a largo plazo se presenta como un “andamiaje cognitivo” en el aprendizaje. Por eso, muchos autores coinciden en que una de las mejores maneras de trabajar la lectura no es sólo enseñar estrategias lectoras, sino también ampliar de manera sistemática el conocimiento general de los alumnos.
Nuestros hijos necesitan:
• Leer más textos informativos.
• Aprender historia, ciencia y geografía desde los primeros años de la vida escolar.
• Hablar de historia y ciencia e ir a museos.
• Desarrollar un vocabulario académico amplio y ver documentales.
• Construir una base sólida de conocimiento general.
Un estudiante que sabe más del mundo entiende mejor lo que lee; y un estudiante que entiende mejor lo que lee, aprende más del mundo. Por ello, reforzar la enseñanza de la historia no sólo ayuda a que la ciudadanía sea más informada, sino que constituye una potente estrategia para mejorar la comprensión lectora, fortalecer el pensamiento crítico y prevenir el aprendizaje superficial de nuestros hijos.