Semana de 40 horas: los impactos que traerá
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Es normal que, de entrada, la reducción de la jornada laboral se vea sólo como un motivo de incremento de costos. Pero también puede convertirse en una oportunidad de mejora
No hace falta ser particularmente perspicaces, ni esforzarse mucho en el análisis, para llegar a la conclusión de que la reducción de la jornada laboral, de 48 a 40 horas, traerá consigo un impacto económico para los patrones. Tampoco es necesario argumentar mucho para dejar claro que, justamente por ello, se negoció la implementación gradual de la medida.
La ecuación es simple: una vez agotado el periodo de transición, es decir, al inaugurarse el año 2030, la jornada laboral se habrá reducido en una sexta parte, lo cual se traduce, en términos puramente aritméticos, en un hecho concreto: por cada cinco trabajadores que hoy tiene una empresa, deberá contratarse uno más para cubrir el mismo número de horas laborales.
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Y eso, en términos contables, implica que el costo de la nómina crecerá en la misma proporción.
Tal realidad, sin embargo, no tiene por qué funcionar de forma mecánica, es decir, no necesariamente todas las empresas tienen por qué resentir los efectos de esta modificación legal en la forma de un incremento en sus costos. En otras palabras, la reforma constitucional que ya ha sido aprobada por el Senado de la República también constituye una oportunidad.
¿Cuál es esta? La de trabajar en un rubro que no ha sido suficientemente desarrollado en múltiples unidades productivas en México: el de la productividad.
En otras palabras, una de las alternativas que se tiene, frente al arribo de un nuevo paradigma en términos laborales, es el de actuar para mejorar la eficiencia de nuestros procesos, de forma que pueda absorberse una porción significativa –idealmente el total– de la reducción de la jornada.
Resulta alentador en este sentido que la Secretaría del Trabajo de Coahuila dé a conocer que, incluso cuando la regla no se aplicará de inmediato –una vez que concluya el proceso legislativo–, sino hasta enero de 2027, al menos una empresa establecida en Piedras Negras trabaja ya en la implementación de una prueba piloto que implicará reducir en tres horas la jornada laboral de un grupo de sus empleados, este mismo mes.
Lo más interesante es que, de acuerdo con la información difundida, la empresa está diseñando un esquema que le permita hacer lo mismo que hoy hace, pero en el 90 por ciento del tiempo que hoy emplea en ejecutar las tareas inherentes a sus procesos.
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Sin duda es entendible que, en primera instancia, los propietarios de unidades económicas, sobre todo los que tienen menos personal, vean la modificación legal sólo desde la perspectiva del impacto económico que puede acarrearles.
Sin embargo, valdrá la pena que las autoridades y las distintas agrupaciones gremiales aprovechen la oportunidad para impulsar un cambio cultural que convierta a esta reforma en un instrumento para mejorar la productividad y, con ello, lograr que los impactos económicos no solamente puedan ser absorbidos sin complicaciones, sino incluso que se conviertan en una ventaja.