Sensaciones de vacío y soledad: Hopper y ‘Her’
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La impersonalidad en las relaciones humanas. Una impersonalidad que lleva a la angustia y a una contenida desesperación
Edward Hopper lo destacó en sus cuadros: melancolía y tristeza, en medio de una profunda soledad. Su obra retrata el silencio de una sociedad ante la debilidad, la vulnerabilidad y la tristeza íntima de sus miembros.
La mujer que viaja sola en el vagón del metro, inmersa en la lectura. Nadie la acompaña. Una escena que se va a repetir constantemente en el resto de su obra.
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El autor, nacido en 1882 en Nyack, Nueva York, cautiva con la propuesta intrínseca: hay aislamiento, hay nostalgia, ansiedad y retraimiento en hombres y mujeres que trabajan en una oficina, que esperan o conversan en restaurantes de tonos oscuros; hay fragmentos de la ciudad vacía, del puerto sin un alma, de la habitación solitaria frente al mar; en el vestíbulo del hotel.
Son fragmentos de la vida cotidiana en cualquier parte del mundo (hasta de nuestra ciudad) que nos hace imaginar la tristeza, la soledad, el vacío: en general, la impersonalidad en las relaciones humanas. Una impersonalidad que lleva a la angustia y a una contenida desesperación.
Aunque su obra presenta a los hombres y mujeres en soledad, apreciada aun cuando están en pequeños grupos, por la ausencia de comunicación evidente, Hopper los representa, paradójicamente, en busca de una salida a su tristeza.
Los coloca frente a grandes ventanales, ya sea en restaurantes o habitaciones. Las vistas son amplias, extensas, lo suficiente para profundizar más en el vacío. En los ambientes predomina el silencio.
En el mundo, las expresiones artísticas que nos describen, que describen a los seres humanos en su entorno, en su vida cotidiana, van de la mano. El arte sublimiza el retrato de la vida de todos los días.
Hay una película, de título “Her”, que hace un vívido retrato, ya en la década de 2010, específicamente en el año 2013, de un tipo de soledad regido ahora por la tecnología. En ella, un hombre solitario establece una relación con un sistema operativo que está diseñado para conocer y evolucionar.
La relación que en un inicio está dada entre el hombre y la máquina, se va sustituyendo hasta alcanzar niveles de interacción personales. Todo gira alrededor de la máquina y esta adquiere la personalidad de una humana, hasta donde ello es posible.
La vida de Theodore Twombly, en sí misma impresa por la soledad, se aísla cada vez más; las relaciones con la gente de su entorno se le dificultan y centra su atención en la máquina, mientras la satisfacción de la relación humana se ve sustituida por lo que esta máquina le ofrece.
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Si en una primera instancia el espectador se sorprende con la premisa, de pronto se ve envuelto en ella misma, cuando observa que el resto de las personas hacen lo mismo que Theodore: caminan como autómatas siguiendo una comunicación exclusiva con sus celulares.
La tecnología nos alcanzó: la inteligencia artificial es hoy el presente y el futuro, sin que estemos alertados de sus dimensiones, su grado de influencia y el impacto en nuestras vidas.
La soledad, la tristeza, el aislamiento, el retraimiento que nos muestran los cuadros del Edward Hopper del siglo 20, vienen a asentarse en un terreno abonado en este siglo 21 con el avance de una tecnología en la que, en la medida en que se desee, se estará atento para comprenderla y saber utilizar.