Sin ambages

Opinión
/ 2 julio 2023
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Somos contemporáneos de una realidad en donde el poder lo da la imagen, la ficción y la mentira, en donde lo efímero y la inmediatez están en lo alto; en donde la información visual penetra directamente en la sensibilidad y afectividad de las personas creando valores y pautas de conducta; en donde se llega a despreciar el ejercicio de la razón; una realidad en donde existe una tremenda deshumanización, una desbocada violencia y una creciente crisis existencial.

Vivimos una época que exige adquirir conocimientos prácticos para poder alcanzar una eficiencia y efectividad que puedan traducirse fácilmente en resultados y, por consecuencia, en remuneración económica.

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Habitamos un mundo en donde la verdad ya no inspira. En donde predomina el vértigo; en donde el hombre sigue siendo el lobo del hombre; en donde por voluntad propia nos condenamos.

Ante la interminable violencia, agresividad, soledad y desprecio por la vida humana, sería bueno rescatar los valores vitales extraviados; en este sentido, existen testimonios de vida que nos pueden ayudar y orientar; que son inspiradores y que defienden la esperanza y que muestran una actitud que impulsa a valorar la vida en todas sus circunstancias y a encontrarle significado incluso en los momentos más difíciles. Testimonios que sirven de recordatorio de la belleza que nos rodea, de la fortaleza del espíritu humano y de la capacidad que tenemos todas las personas para superar cualquier adversidad.

FUERA DE SERIE

Uno de estos testimonios es, indudablemente, el de Etty Hillesum, escritora y mística judía, nacida en los Países Bajos en 1914 y asesinada en Auschwitz en 1943 durante el Holocausto.

Esta inquebrantable mujer a través de su diario y cartas dejó un testimonio conmovedor de su experiencia durante ese tiempo oscuro de la historia.

Etty fue una mujer profundamente introspectiva y espiritualmente consciente. En sus escritos abordó temas como el amor, la fe, la compasión y la naturaleza humana. Su diario, conocido como “Una vida conmigo misma”, captura sus pensamientos y emociones en medio de la persecución y la opresión.

A pesar de las circunstancias extremas en las que se encontraba, Etty buscaba la paz interior y el significado de la vida en medio del sufrimiento. Su escritura revela una profunda conexión con el mundo y un compromiso con su crecimiento personal y espiritual, incluso en los momentos más desesperados.

Etty se destacó por su compasión hacia los demás, incluso hacia aquellos que participaban en su propia persecución. Buscó entender y perdonar, fue siempre abogada de la empatía y la humanidad en un tiempo de intolerancia y odio.

Aunque su vida fue truncada prematuramente en Auschwitz, su legado vive a través de sus escritos, que se han convertido en una fuente de inspiración y reflexión para muchas personas. Su capacidad para encontrar la luz en medio de la oscuridad y su mensaje de amor y compasión continúan resonando hoy en día.

Esta maravillosa mujer nos recuerda la importancia de mantener la esperanza, la resiliencia y la humanidad incluso en los momentos más difíciles. Su historia es un recordatorio poderoso de la fortaleza del espíritu humano y nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas y sobre las acciones que diariamente realizamos.

Etty continúa inspirando a vivir con autenticidad, a buscar el amor y la sabiduría en medio de la adversidad, y a nunca perder la fe en la humanidad. Su voz perdura como un testimonio poderoso de resiliencia y resistencia, y su legado es una fuente de inspiración para generaciones futuras.

BÁLSAMO

La obra de Etty también es un referente ético del siglo XX, como lo comenta José Ignacio González Faus en su libro “Etty Hillesum. Una vida que interpela”:

“Parece imposible que el diario, que comienza con los clásicos problemas de una muchacha «postmoderna» de hoy (vida sexual muy libre, aborto, malas relaciones con sus padres, depresiones, bulimia...), termine convirtiéndose en una auténtica oración, en un encuentro con Dios que rebosa hasta proporcionar un sentido a su vida en medio del mayor sinsentido de la historia y que la convierte (en expresión suya) en bálsamo derramado sobre tantas heridas”.

Este diario refiere una experiencia espiritual y religiosa asombrosamente vivida desde la perspectiva del dramático sufrimiento derivado de la persecución nazi. Es destacable como una joven mujer atormentada y discriminada, afronta mediante la conversión religiosa, el drama que intempestivamente le sobrevino.

TRANSFORMACIÓN

Etty estaba obsesionada de sí misma, de sus propios intereses y necesidades, hasta que los nazis aparecieron y entonces empezó a experimentar una metamorfosis, un camino de total interiorización como ella misma lo describe:

“Y ahora parece que los judíos no podrán más entrar en los negocios de fruta y verdura, que deberán entregar sus bicicletas, que no podrán subir más a los tranvías ni salir de la casa después de las 8 de la noche (...) Me siento simplemente muy triste, y entonces esta tristeza busca confirmación. No son nunca las circunstancias exteriores, es siempre el sentimiento interior -depresión, inseguridad, etc.- que da a estas circunstancias una apariencia triste o amenazante. En mi caso, funciona siempre del interior al exterior, nunca viceversa. A menudo las disposiciones más amenazadoras -y son muchas actualmente- van a quebrarse contra mi seguridad y confianza interior, y una vez resuelta dentro de mí, perdono mucho de su carga temerosa”.

‘MI ACEPTACIÓN’

En julio de 1942, escribió: “No es resignación ni falta de voluntad, y no dejo de experimentar el elemental desdén moral por el régimen que trata así a los seres humanos. Pero lo que nos ocurre es demasiado grande, demasiado diabólico, para que reaccionemos con rencor y amarguras personales. Sería una reacción pueril, sin proporción con la fatalidad de los acontecimientos”.

Contundente manera de expresar la magnitud del sufrimiento que los judíos padecían, pero sin dejar que esta realidad erosionara su alma, sin permitirse que el odio se convirtiera en su estandarte de vida.

BUSCADORA

Tratando de encontrarse a sí misma, Etty se convierte en indagadora de Dios: “Dentro de mí hay un pozo muy profundo. Y ahí dentro está Dios. A veces me es accesible. Pero a menudo hay piedras y escombros tapando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo. Me imagino que hay gente que reza con los ojos dirigidos hacia arriba. Ellos buscan a Dios fuera de sí mismos. También hay otras personas que agachan la cabeza profundamente y que la esconden entre sus manos; creo que esa gente busca a Dios dentro de sí misma”.

AYUDANTE DE DIOS

“Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad, y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica... Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones” (...) Tú también vivirás pobres tiempos en mí, Señor, en los que no estarás alimentado por mi confianza. Pero, créeme, seguiré trabajando por ti y te seré fiel y no te echaré de mi interior”.

A PESAR

Para Etty es importante trascender el sufrimiento, en este contexto el misterio del dolor humano no se encuentra en el hecho de sufrir, sino en el modo en que se sufre.

“A pesar de todo, la vida está llena de sentido (...) La vida y la muerte, el sufrimiento y la alegría, las ampollas en mis destrozados pies y el jazmín detrás de mi casa, la persecución, las innumerables crueldades sin sentido: todo eso está dentro de mí como una fuerte unidad, y lo acepto como un todo (...) Suena casi paradójico: cuando uno deja fuera de su vida la muerte, la vida nunca es plena; y cuando se incluye la muerte en la vida, uno la amplía y enriquece”.

VIDA PLENA

Etty, desde el dramatismo de su vida y época, abre a los jóvenes de hoy el poder de la esperanza, junto con un testimonio repleto de valor, ética y sentido de trascendencia.

Esta espléndida mujer demuestra la profunda necesidad que, para los jóvenes de todos los tiempos, tiene el ejercitar valientemente una experiencia religiosa madura y permanente a fin de disfrutar una vida plena, equilibrada, repleta de significado y sentido. Y esto acontece precisamente cuando, sin ambages y sin miedo, dejan entrar a Dios en sus vidas.

cgutrierrez@tec.mx

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