Sucesión Coahuila 2023: el ‘efecto Jericó’
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Digámoslo pronto: para todo efecto práctico, el diputado Jericó Abramo ya está fuera del PRI.
Digámoslo aún más claro: el anuncio concreto y los elementos de éste -cuando eso ocurra- serán un mero formalismo para dejar constancia, en los registros hemerográficos, de la fecha precisa en la cual se llevó a cabo la declaración oficial.
Pero en los hechos la salida ocurrió el lunes pasado, a partir del rompimiento hecho público por el aún legislador tricolor en una entrevista con Juan Manuel Udave y Adriana Gaona, en el programa Desayuno, de Multimedios Radio. Jericó no lo dijo de forma explícita, no anunció en esa entrevista su renuncia al tricolor. Pero eso significan las expresiones por él usadas durante los 28 minutos de la charla.
Y como el hecho todavía no es “formal” persisten las incógnitas: ¿a dónde va?, ¿con quién se aliará?, ¿quiénes serán sus compañeros de viaje una vez fuera del partido en el cual ha militado largamente y con cuyos colores saltó tantas veces al campo de batalla electoral?
Porque también está clara otra cosa: Jericó seguirá en la política y, en lo inmediato, será un actor -relevante, desde mi punto de vista- en el proceso de sucesión local cuyo punto culminante será la jornada electoral del domingo 4 de junio de 2023.
¿Será candidato a la gubernatura de Coahuila? Si fuera obligatorio apostar en este momento, personalmente me inclinaría por la afirmativa, aunque también considero la posibilidad contraria, como lo expondré más adelante: sí lo veremos en la boleta. ¿Bajo cuáles siglas partidistas?, ¿o se lanzaría por la ruta independiente? Para eso ya no me alcanzan los datos y no me atrevería a poner la cabellera sobre la mesa.
Y si es candidato, ¿tiene posibilidades de convertirse en el sucesor de Miguel Ángel Riquelme? Pues mire usted: faltan 14 largos meses para la jornada electoral y cualquier cosa podría ocurrir. Tampoco me atrevería a apostar en este momento, pero sí a plantear tres escenarios en los cuales podría traducirse el “efecto Jericó” en la elección del año próximo:
El primero de ellos consistiría en ser adoptado por una coalición opositora (cuyo núcleo sea Morena) y convertirse, a partir de ese hecho, en un aspirante con posibilidades reales de triunfo en las urnas.
El segundo sería verlo sumarse a la candidatura de quien termine imponiéndose como candidato en Morena, jugar un papel destacado en la construcción de la alternancia en Coahuila y aspirar a un cargo relevante en el nuevo gobierno estatal... en caso de triunfar dicha opción, desde luego.
Finalmente, podría convertirse en candidato de un tercer polo, capaz de llevar al electorado a dividirse en tercios, y desde esa posición jugar el papel de fiel de la balanza para definir el destino de la elección.
En cualquier caso, y contrario a la idea difundida en las mesas de café, no veo a Jericó jugando un papel secundario en el proceso electoral ya en marcha, sino más bien como un actor de primera línea a quien, en una de esas, le alcanza para convertirse en el favorito del electorado.
Se equivocan, me parece, quienes consideran la elección del año próximo como un mero trámite o ven en los posibles aspirantes opositores (opositores al PRI, desde luego) enemigos de poca monta a quienes pueden despreciar o minusvalorar porque “no representan nada, o representan muy poco”.
La incertidumbre del resultado electoral es la mejor evidencia de estar ante una elección democrática. En el caso de Coahuila, la incertidumbre del resultado es cada vez más evidente y eso es bueno para todos, pues le pone sabor a un ejercicio, como ya he señalado antes, muy aburrido hasta ahora.
¡Feliz fin de semana!
@sibaja3
carredondo@vanguardia.com.mx