¿Traicionará Trump a Taiwán?

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Opinión
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En la cumbre de esta semana en China con Xi Jinping, el presidente estadounidense se enfrentará a un líder paciente, perspicaz y ambicioso

Por Eyck Freymann, Project Syndicate.

STANFORD- Desde la guerra con Irán y las armas nucleares hasta los aranceles y la inteligencia artificial, la agenda de la cumbre de Pekín de esta semana entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping está repleta. Es casi seguro que Xi también sacará a colación el tema de Taiwán, aunque solo sea para demostrar su inflexibilidad al respecto.

Pero nadie necesita reunirse con Xi cara a cara para comprender su postura. Una visita al Museo Nacional de China en la Plaza de Tiananmen, en particular, a la exposición “El camino hacia el renacimiento”, que narra el ascenso y el gobierno del Partido Comunista de China, podría ser aún más reveladora.

Xi llevó al Comité Permanente del Politburó a la exposición “El camino hacia el renacimiento” en 2012, apenas unas semanas después de asumir el poder, utilizándola como telón de fondo para su declaración de que el mayor “sueño chino” es el “gran renacimiento de la nación china”. Xi amplió la exposición en 2018 con un lujoso anexo dedicado a sus propios logros: una planta entera de dioramas militares, maquetas a escala de buques de guerra y lanzamisiles, y muestras del dominio tecnológico de China, desde sumergibles de aguas profundas hasta la fabricación de semiconductores.

El anexo, en particular, ofrece una visión de cómo el líder más poderoso de China desde Mao Zedong ve su lugar en la historia. Para comprender su mensaje, sin embargo, debemos considerar primero lo que no está allí. Aunque Xi considera que la “reunificación” con Taiwán es una piedra angular de su visión para el rejuvenecimiento nacional, situándola en el “núcleo de los intereses fundamentales de China”, como señaló recientemente un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, la isla no se menciona en absoluto en la exposición.

Lo que sí incluye el anexo de Xi es una serie de fotografías que muestran cómo otro ilustre líder chino, Deng Xiaoping, obligó a los británicos a entregar Hong Kong en 1997. No hubo invasión; no se disparó ni un solo tiro. En cambio, Deng se aseguró la capitulación británica acumulando una influencia abrumadora y manteniendo una postura firme.

Xi pretende aplicar una estrategia similar en Taiwán. El escenario de crisis más probable no es una invasión repentina, sino una campaña de coacción a cámara lenta para estrangular a la isla. Por ejemplo, China podría declarar una “zona de control aduanero” alrededor de Taiwán, exigiendo a los buques mercantes que se registren en puertos del continente antes de entrar en los puertos taiwaneses. Y podría ampliar sus maniobras militares alrededor de la isla, normalizando así la presencia de buques de guerra en la zona y creando una especie de cuasi-bloqueo continuo.

China también podría presionar a las multinacionales para que reclasificaran a Taiwán como mercado interno chino, socavando la identidad económica de la isla contrato a contrato. Es fundamental señalar que ninguna de estas medidas constituiría el tipo de acto dramático que obligaría a Estados Unidos a responder militarmente. Sin embargo, en conjunto, erosionarían gradualmente la autonomía de Taiwán, asfixiarían su economía y abrirían el camino a una toma de control “pacífica” por parte de China.

La coacción económica y militar es solo la mitad de la estrategia; la otra mitad es psicológica. China inundaría Taiwán con propaganda y desinformación diseñadas para convencer a los taiwaneses de que el apoyo de Estados Unidos es un espejismo y que la resistencia a la influencia china es inútil. Crear una sensación de desesperanza e inevitabilidad facilitaría enormemente una toma de control china. Como me dijo un alto funcionario taiwanés de seguridad nacional: “La guerra de China contra nuestras mentes puede ser incluso más importante que la guerra contra nuestros cuerpos”.

La Administración Trump podría reforzar inadvertidamente esta campaña. Se destacaría cualquier declaración descuidada que posicionara a Taiwán como moneda de cambio o que pusiera en duda la voluntad de Estados Unidos de cumplir sus compromisos de seguridad. Por eso Xi quería reunirse con Trump en primer lugar. Independientemente de lo que se diga en privado, China intentará presentar la reunión como prueba de que Estados Unidos está dispuesto a abandonar a Taiwán. Si Trump no tiene cuidado, esa será la historia.

Xi ha ordenado al Ejército Popular de Liberación que esté listo para la lucha. Se ha puesto el uniforme de faena e inspeccionado maquetas a escala de la oficina presidencial de Taiwán en las llanuras de Mongolia Interior, donde las tropas ensayan ataques de decapitación. Una acción exitosa contra Taiwán consolidaría el estatus de Xi como uno de los líderes más grandes de China. Pero una invasión fallida destruiría el legado que ya ha construido y documentado en ese anexo del Museo Nacional.

Xi lo entiende bien. Por muy ambicioso que sea, el plazo que se ha autoimpuesto para el “rejuvenecimiento” es 2049, momento en el que tendría 96 años. Este no es el calendario de un hombre que se lanzaría a una invasión precipitada. Xi cree evidentemente que, si China sigue haciéndose más fuerte y pensando estratégicamente, el problema acabará resolviéndose por sí solo. Mientras Estados Unidos vacila y los taiwaneses pierden la esperanza, China podrá coaccionar a Taiwán para que se someta.

Para frustrar esta teoría de la victoria de Xi, Estados Unidos deberá colaborar con sus aliados para establecer un plan de acción conjunto para escenarios de “zona gris”: cuarentenas, coacción económica e intimidación militar que no lleguen a constituir un ataque armado. Pero tal esfuerzo depende de la unidad de los aliados. Por lo tanto, Estados Unidos debe reforzar su coalición con Australia, Japón y otros socios.

Al mismo tiempo, Estados Unidos debe evitar una retórica que convenza a Xi de que su oportunidad se está agotando. Y debe tranquilizar a Taiwán asegurándole que su compromiso con la isla sigue siendo creíble, incluso mediante la búsqueda de acuerdos con Taiwán en materia de energía, tecnología y comercio. Si los líderes y los residentes de Taiwán llegan a convencerse de que están solos, la estrategia psicológica de China habrá triunfado y su posición será mucho más fuerte.

En la cumbre de esta semana, Trump se enfrentará a un líder paciente, perspicaz y ambicioso. La mejor manera de salvaguardar la autonomía de Taiwán es garantizar que Xi nunca reciba la señal de que ya no es necesaria la paciencia, y que Taiwán nunca dude de quiénes son sus amigos. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Eyck Freymann es investigador de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford y autor de Defending Taiwan: A Strategy to Prevent War with China (Oxford University Press, 2026).

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