Trump no solo está provocando a Canadá. Está ayudando a que el país se divida

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Opinión
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El separatismo no es una idea nueva en Canadá. El gobierno provincial de Quebec ha tenido la noción de la independencia cocinándose a fuego lento durante las últimas décadas

Por Curtis Gillespie y Chelsee Ivan, The New York Times.

Este ensayo forma parte de “El nuevo desorden mundial”, una serie que explora la desintegración del sistema internacional de posguerra y cómo se están ajustando los países a medida que Estados Unidos se hace a un lado.

El desayuno político de panquecas es una de las tradiciones más antiguas de la Estampida de Calgary, el rodeo y feria anual de Alberta. Miembros del partido gobernante de la provincia, el Partido Conservador Unido, organizaron uno el 2 de julio, el día después del Día de Canadá. La primera ministra de extrema derecha de la provincia, Danielle Smith, ataviada con botas vaqueras Lone Star, un sombrero Stetson y una corbata con el emblema de los Texas Longhorns, hizo una aparición. Era difícil no interpretar el atuendo como un guiño consciente a los otrora amigos de Canadá al sur de la frontera, porque el presidente Donald Trump, el movimiento MAGA y Estados Unidos son inconfundiblemente temas de conversación en Alberta por estos días.

Después de voltear algunas panquecas, la primera ministra se dirigió a la multitud, asegurándose de lanzar una panqueca para sus seguidores al decir que los migrantes —o “recién llegados” como ella los llamó— habían causado que el gasto público se disparara. Le recordó a la gente que la Estampida es una expresión de los valores fundamentales de Alberta: agallas, determinación y volver a la silla de montar. El contraste implícito era con los burócratas incompetentes en Ottawa de quienes no se puede esperar que sepan nada sobre esos asuntos.

Habría sido un típico desayuno de la Estampida de no ser por los avistamientos de una criatura política antes huraña: el separatista descarado de Alberta, una raza aparte de la especie más común, el habitante del oeste alienado. Llegaron en grupos como Albertans4Freedom y United Alberta Flags, que abogan para que Alberta se separe de Canadá con el fin de convertirse en una nación judeocristiana independiente. Alentaron a los habitantes de Alberta a votar el 19 de octubre para iniciar el camino hacia la separación en una pregunta de referendo que Smith, afín a Trump, impulsó para que se incluyera en la boleta.

La mayoría de los habitantes de Alberta están indignados por el hecho de que su lideresa electa le haya dado credibilidad a la idea, a pesar de que las encuestas muestran que tiene pocas posibilidades de ser aprobada. Un par de semanas después de la Estampida, cuando Smith volvió a preparar panquecas en otro evento, un manifestante gritó que sus panquecas eran “fascistas”. Fue un comentario poco justo para las panquecas, pero de todos modos evocador. También hay muchos separatistas furiosos porque consideran que la redacción de la pregunta de separación, que pide a los votantes avanzar con un referendo vinculante adicional, es demasiado ambigua.

$!Don Strandquist se encuentra al final de un remolque de caballos en los terrenos de Calgary Stampede en Calgary, Alberta, Canadá.

El separatismo no es una idea nueva en Canadá. El gobierno provincial de Quebec ha tenido la noción de la independencia cocinándose a fuego lento durante las últimas décadas para usarla como palanca con el gobierno federal, aunque las encuestas muestran que la mayoría de los quebequenses en realidad no quieren irse. Ahora que Alberta está considerando la idea, la normalmente acogedora colcha de retazos que es Canadá realmente está comenzando a reventar una o dos costuras. Simplemente se siente como si todos estuvieran enojados, en todas partes, todo el tiempo.

Es el momento perfecto, en otras palabras, para que Trump rasgue aún más la colcha insultando a nuestros líderes (especialmente al primer ministro Mark Carney), amenazando nuestra soberanía, atacando nuestra economía —particularmente después de la ruptura sumamente enconada de las conversaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos a finales de agosto—, enfrentando a unas provincias con otras mediante aranceles diferentes, especulando sobre borrar la frontera y, en general, simplemente metiéndose en nuestros asuntos. Al hacerlo, el presidente estadounidense muestra cómo no solo está afectando la cortesía entre las naciones que data del final de la Segunda Guerra Mundial. También está, de manera activa o con el ejemplo, desgarrando internamente el tejido de las naciones.

El gobierno de Trump se ha entrometido en Argentina a favor del presidente de derecha, Javier Milei; ha interferido en elecciones en Hungría, Honduras, Colombia y Brasil; le ha dado un impulso al ascendente partido de extrema derecha AfD en Alemania, y ha ofrecido estatus de refugiados a sudafricanos blancos. “Este gobierno no ha tenido ningún escrúpulo en interferir en las elecciones nacionales, la política nacional” de los aliados de Estados Unidos, me dijo Daniel Drezner, profesor de política internacional en la Universidad de Tufts. A Trump “obviamente no le agrada Carney” y “hará todo lo que pueda para menospreciar o minimizar la autonomía de Canadá”. Sus acciones también podrían envalentonar a las fuerzas internas divisivas, incluidos los separatistas de Alberta, dijo Drezner.

Cuando se trata de Alberta, la presencia MAGA ha tomado varias formas. Smith dice que les dijo a los funcionarios del gobierno de Trump que hicieran una “pausa” en los aranceles “para que podamos pasar unas elecciones”; lo que significa, por supuesto, evitar aranceles sobre el petróleo y el gas, los pilares de la economía provincial. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, en una entrevista, pareció mostrar simpatía hacia los separatistas en Alberta. “Tienen grandes recursos. Los habitantes de Alberta son personas muy independientes”, según se informa que le dijo a Real America’s Voice, un medio de comunicación de derecha. Los separatistas se han reunido varias veces con funcionarios del gobierno para hablar sobre la logística de la separación de Alberta y cómo Estados Unidos podría apoyar ese proceso. El gobierno de Trump ha reconocido las reuniones, pero dijo que no había funcionarios de alto rango presentes.

$!Una bandera de Canadá ondea frente a una casa en High River, Alberta, Canadá.

El mayor favor que Trump les ha hecho a los separatistas de Alberta no ha sido promover una Alberta independiente, sino socavar a un Canadá soberano. La descripción que hace Trump de Canadá como débil, roto y en deuda con Estados Unidos no hace más que promover la causa separatista. Todo esto es una complicación de la que podríamos prescindir. Subirnos a un bloque de carnicero con Trump sosteniendo un hacha simplemente no parece ser algo muy inteligente.

A tres horas al este de Edmonton, a través de un terreno ondulado de ranchos y campos de canola, la ciudad de Bonnyville se asienta en el borde de las vastas arenas bituminosas de Alberta. Muchos de sus residentes están conectados a la industria del petróleo y el gas, aunque Mitch Sylvestre no. Es dueño de una tienda local de artículos deportivos y armas de fuego, y también es uno de los líderes del Proyecto de Prosperidad de Alberta (Alberta Prosperity Project), un grupo que promueve una Alberta independiente.

Visité a Sylvestre en su tienda durante una minigira que hice este verano por la Alberta separatista. “No queremos comunismo, que es lo que es el Nuevo Orden Mundial”, dijo, quejándose de que Ottawa ha mantenido sometida a Alberta y Carney está trayendo el comunismo chino a Canadá a través de su búsqueda de nuevas relaciones comerciales con Pekín como seguro contra la anarquía económica de Trump.

El gobierno federal está “saboteando” la industria petrolera, dijo, principalmente al frenar el desarrollo de oleoductos y hacer exigencias normativas y ambientales excesivas. “No quieren que crezcamos y tengamos éxito”, dijo. “Ese es el corazón de la independencia de Alberta”.

Alberta se convirtió en provincia de Canadá en 1905 y prácticamente desde entonces se ha estado quejando. Al principio, la ira local estaba dirigida a Ottawa por mantener el control de los recursos naturales. Luego vinieron las políticas energéticas nacionales que obstaculizaron al sector petrolero en la década de 1980. Hoy en día, muchos de los agravios se reducen a la sensación de que la provincia rica en petróleo es solo un cajero automático gigantesco en el que Ottawa mete la mano cuando necesita efectivo, que es siempre.

Los cálculos varían, pero a través de un programa federal llamado Compensación, Alberta aporta entre 15 y 20 millardos de dólares al año más a las arcas tributarias federales de lo que recupera en financiamiento y servicios. Pero esto no es sometimiento: son matemáticas. Las tasas de los impuestos sobre la renta federales, tanto personales como corporativos, son las mismas en todo el país, y el habitante promedio de Alberta gana más que el habitante promedio de Manitoba o Quebec. Las provincias más ricas contribuyen más para que todos los canadienses reciban niveles de servicio equitativos. Es así como se supone que debe funcionar.

$!Nubes de tormenta se acumulan sobre la calle principal de Waskatenau, Alberta, Canadá, el martes 11 de agosto de 2026.

Pocos legisladores en la provincia son abiertamente separatistas, pero muchos miembros del gobernante Partido Conservador Unido y la propia Smith han dicho una cosa (un Canadá unido todavía podría funcionar) mientras hacen otra (crear un camino para el referendo y hacer que la idea de la independencia de Alberta parezca normal). Las encuestas varían, pero ubican a alrededor del 20 por ciento de la población de la provincia como separatista o con curiosidad separatista. Una franja significativa y volátil del electorado —alrededor del 15 por ciento— no quiere separarse, pero no se opone a enviarle a Ottawa un mensaje contundente votando el próximo mes para comenzar el proceso de considerar la separación.

Muchos separatistas afirman que salir de un país roto hará que los habitantes de Alberta sean más ricos, pero eso no es lo que dicen los números. Trevor Tombe, un economista de la Universidad de Calgary, reconociendo las muchas variables, estima que la separación podría conducir a una reducción de hasta el 13 por ciento del producto interno bruto de la provincia. Es cierto, ya no habría costos de compensación para los habitantes de Alberta, pero ¿qué pasa con sus pensiones públicas, defensa, servicios indígenas, relaciones exteriores, seguridad fronteriza y mucho más? La porción de la deuda federal que una Alberta independiente tendría que asumir sería de alrededor de 180 millardos de dólares. Perdería más de 54 millardos de dólares al año que Alberta recibe a cambio en financiamiento y servicios.

“Las matemáticas no cuadran”, dijo Tombe. “No hay un escenario razonable que respalde las afirmaciones más extremas que se están haciendo”.

Los verdaderos creyentes no se preocupan demasiado por las matemáticas. Después de visitar Bonnyville, pasé a Mirror, un caserío ubicado a unos 90 minutos al sur de Edmonton, donde otro separatista prominente, Christopher Scott, dirige el Whistle Stop Café. Él cree que Alberta necesita madurar y dejar de estar subordinada a Ottawa. Desde enero ha estado organizando en toda la provincia unas charlas llamadas “Hablemos de Alberta” para fomentar el apoyo al separatismo. Los eventos se anuncian como diálogos abiertos sobre una Alberta independiente, pero el encuentro al que asistí en la pequeña ciudad de Camrose en julio consistió principalmente en personas blancas mayores absorbiendo felizmente los temas de conversación separatistas sobre cómo una Alberta independiente brillaría cuando esté libre del control de Ottawa.

Después del evento, le pregunté a un pequeño grupo de hombres indígenas en el estacionamiento qué pensaban de la reunión y de la separación. Es pura basura, dijo el mayor de los tres, Patrick Buffalo, de la Nación Cree Samson en Maskwacis. “¿Dónde están los asiáticos?”, preguntó. “¿Dónde están las personas negras? ¿Por qué solo hay personas blancas?”. Todo se trata de Trump, dijo. El mundo estaba dividido en todas partes debido a él. “Muchas de estas personas”, dijo, señalando hacia el salón, “incluso amenazan: ‘Iremos por la vía pacífica por ahora’”. ¿Y luego qué?

El ambiente era más tranquilo y más conspirativo en la oficina de Keith Wilson, un abogado en St. Albert, una ciudad dormitorio cerca de Edmonton. La iluminación tenue de la habitación y el banco de 14 pantallas que reproducían diferentes transmisiones de noticias me hicieron sentir como un extra en una película de espionaje. A Wilson se le considera un ideólogo importante en la operación separatista. Su principal argumento a favor de la independencia es que Canadá hoy sufre de un “defecto estructural democrático” porque la mayoría de los votantes residen en Ontario y Quebec y tienen todo el poder. “No estoy enojado por eso, de la misma manera que no estoy enojado por la gravedad”, dice. “Simplemente, es así”.

Pero imagina, dijo, que eres el negociador comercial de una superpotencia petrolera —Alberta— sin el obstáculo de las obligaciones federales contrapuestas. “Aunque Trump nunca lo dirá”, dijo, “una cantidad significativa del petróleo que los estadounidenses usan todos los días proviene de Alberta, y si eso se interrumpiera sería un impacto mucho mayor que el del estrecho de Ormuz”. Y añadió: “Imagina lo que podríamos lograr si liberamos nuestro potencial y nos quitamos la rodilla de Ottawa del cuello”.

De regreso en Edmonton, me reuní con Thomas Lukaszuk en las oficinas de Forever Canadian, una organización a favor de la unidad. Lukaszuk cumplió cuatro mandatos en la Asamblea Legislativa provincial como miembro del Partido Conservador Progresista de Alberta, un movimiento de centro, antes de que en 2017 se fusionara con el partido de derecha Wildrose para formar el Partido Conservador Unido. A medida que el movimiento separatista ha ganado fuerza, ha emergido como una voz federalista líder en la provincia.

Lukaszuk reconoció que Canadá necesita abordar el resentimiento de los occidentales por la influencia que ejercen Ontario y Quebec. “Si les prestáramos más atención y al menos los hiciéramos sentir que están siendo escuchados, tal vez no llegaríamos a este punto”, dijo. Cuando le conté sobre los simpatizantes separatistas con los que me había reunido, como Sylvestre, dijo: “Si alguna vez fuera a tomarme una cerveza con alguno de ellos, sería con él, porque está engañado y equivocado, pero parece un buen tipo. Muchos de los otros son bastante ruines”.

Algunos de esos otros incluyen al abogado Jeffrey Rath, a quien recientemente le congelaron sus activos por acusaciones de que malversó millones de un cliente de las Primeras Naciones, y quien ha declarado que las Primeras Naciones están siendo compradas por George Soros y “dinero extranjero”. O Dennis Modry, un antiguo aliado de Smith, de quien un tribunal civil determinó que había malversado 1,3 millones de dólares de sus parientes. O David Parker, acusado de filtrar la lista de 2,9 millones de votantes de Alberta a través de una aplicación llamada The Centurion Project. El software se basó en un programa llamado 10xVotes, que es utilizado por organizadores de derecha estadounidenses y respaldado por Pete Hoekstra, el embajador de Estados Unidos en Canadá. El posible motivo de Parker para una filtración no está claro, pero está bajo investigación de la Real Policía Montada de Canadá y Elections Alberta.

Rath ha negado haber malversado fondos. Modry no ha hecho comentarios sobre el hallazgo del tribunal civil. Elections Alberta ha dicho que Parker se ha negado a cooperar.

Jared Wesley, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Alberta en Edmonton, dice que lo que ha permitido que las brasas separatistas se conviertan en un incendio forestal es la validación de la idea por parte de Smith. “La primera ministra ha hecho más que nadie para normalizar la sensación de que los habitantes de Alberta están tan agraviados que esto es posible, que realmente podríamos irnos”, dijo Wesley. “Su comportamiento a lo largo de su carrera sugiere que la motiva retener el poder”.

La respuesta pública estándar de Smith a las preguntas sobre el referendo es que ella espera que siga siendo posible “apoyar la autonomía de Alberta dentro de un Canadá unido”. Pero esta lealtad poco conmovedora a su país se ve desmentida por sus acciones y declaraciones que facilitan el movimiento separatista. A fines de agosto, planteó un cronograma y procedimientos para un referendo vinculante sobre la separación en la primavera de 2027, todo esto antes de siquiera conocer los resultados del referendo de octubre.

Smith, quien declinó ser entrevistada para este artículo, no tiene reparos en adoptar ideas que viven en los márgenes de la política. Una vez dijo en una reunión del partido que consultaría con el Pentágono para ver si el ejército estadounidense estaba dejando estelas de vapor como una forma de rociar Alberta con sustancias químicas. Ha afirmado que las primeras etapas del cáncer podrían vencerse a través del autocontrol. Durante la covid, comparó a las personas que se vacunaron con los seguidores de Hitler. Una vez afirmó falsamente tener herencia cheroqui.

Luego están sus vínculos con el movimiento MAGA. Además de reunirse con el presidente durante las elecciones canadienses, Smith le ha rendido homenaje en Mar-a-Lago y ha aparecido en el escenario en una gala con el provocador conservador Ben Shapiro, quien ha dicho que Canadá, si fuera anexado por Estados Unidos, nos “recibiría como libertadores”.

Los líderes del movimiento separatista tienen vínculos con el ecosistema de Trump. Sylvestre se reunió con Tucker Carlson para los eventos de Take Back Alberta en Calgary y Edmonton. Wilson ha participado dos veces en el programa de entrevistas de Glenn Beck para hablar sobre el movimiento. Rath afirma que ha tenido planes de reunirse con funcionarios del gobierno en Washington para buscar un préstamo de independencia de 500 millardos de dólares.

Naheed Nenshi es el líder del Nuevo Partido Democrático, la principal oposición en la Asamblea Legislativa de Alberta, y un exalcalde de Calgary. Smith “simplemente no ve o no le importa lo peligroso que es esto”, dijo. En cuanto a las políticas de los separatistas, dependen de “un canal de ideas que proviene directamente del movimiento MAGA”.

Es difícil saber qué tipo de estragos causará Trump a continuación en Canadá y Alberta. Sin embargo, parece razonable asumir que no ha terminado con nosotros.

Lukaszuk tiene una preocupación especial: que Trump está empeñado en socavar a Canadá y ampliar cualquier grieta que pueda encontrar. Ninguna encuesta indica que el referendo del 19 de octubre tendrá éxito, pero si los habitantes de Alberta votan 75 a 25 por quedarse, ¿qué le impedirá decidir que necesita liberar a los habitantes de Alberta atrapados?

“No quiero que suene descabellado”, dijo Lukaszuk, “pero ese es exactamente el argumento que usó Putin para invadir el este de Ucrania”, refiriéndose a que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, justificó la invasión como un rescate irredentista de los rusos étnicos.

Es posible que Alberta se separe o no, pero ya se ha hecho mucho daño. La confianza de Alberta en Ottawa podría estar en su punto más bajo en la historia. El resto de Canadá seguramente está perdiendo la confianza en Alberta. Grandes sectores de los habitantes de Alberta no confían entre sí. Varias facciones de la causa separatista no confían en otras facciones. Pocos canadienses confían en Estados Unidos. Y no debe haber muchas criaturas en el planeta que confíen en la mayoría de las palabras que salen de la boca de Donald Trump.

Dicho todo esto, lo que suceda en Alberta después del referendo nos va a decir algo sobre la capacidad del mundo para resolver diferencias. Porque si no podemos lograrlo en Canadá, con nuestra democracia, estabilidad, economía, historia, constitución, sistema legal y 150 años de paz y orden, entonces buena suerte a todos los demás. Es algo difícil de ver, y mi viaje por carretera no ayudó. La forma en que se están desarrollando las cosas me ha dejado enojado, triste, tenso, preocupado y frustrado.

Lo que hace que me sienta igual a cualquier otro habitante de Alberta, supongo. c. 2026 The New York Times Company.

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El periódico publicado en la ciudad de Nueva York es editado por Arthur Gregg Sulzberger y se distribuye en los Estados Unidos y otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta la fecha, lo ha ganado 132 veces.

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