Un arzobispo norteño en Yucatán

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Opinión
/ 14 febrero 2026

Gustavo Rodríguez Vega se ha convertido en un activista en pro de los migrantes y de las prácticas agroecológicas en comunidades indígenas y rurales de la región

Conocí en el 2014 a monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en Bustamante, Nuevo León. Él estaba de visita para cerciorarse de los avances de la restauración del Templo de San Miguel Arcángel, que data de 1728 y que estaba a mi cargo porque, francamente, en ese momento contratar a un profesional hubiera hecho más inalcanzable el presupuesto. Entonces él era el obispo de la Diócesis de Nuevo Laredo, Tamaulipas. El anfitrión fue el padre Juan Sánchez, de origen tlaxcalteca. Recuerdo que a través de la Fundación Mundo Sustentable se logró obtener el 90 por ciento de los recursos para dicha restauración; el resto fue aportado por ciudadanos del municipio y también se obtuvo de actividades organizadas por los parroquianos.

No es nada fácil intervenir una estructura con base de adobe, un poco de sillar en la zona del altar y un largo techo de concreto que se había construido sobre los muros, cambiándose las vigas de madera originales con apoyo de los hermanos Ignacio, Manuel y Alberto Santos, empresarios nacidos en esta comunidad hortelana.

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Recuerdo que se creó en 2013 el Comité Tres Centurias, el cual presidí junto a otros ciudadanos que nos impusimos la tarea de que, al cumplirse el tricentenario de estar en este sitio la antigua imagen de bulto del Cristo –históricamente reconocido como El Señor de Tlaxcala–, el templo que lo resguardaba tuviera la mayor dignidad posible. La historia de todo el proceso social y de restauración la escribí en el texto “Los Caminos de El Señor de Tlaxcala”.

Volver a ver en la ciudad de Mérida a monseñor Rodríguez Vega, quien funge como arzobispo de Yucatán desde el 1 de junio de 2015, fue una oportunidad, ya que se está organizando un foro sobre multiculturalidad maya en agosto de este año en Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, al que Rodríguez Vega estará invitado. Nos encontramos a la hora acordada y me congratulé por el trabajo que está haciendo, no solamente en Yucatán, sino en México y Latinoamérica.

Se ha convertido en un activista en pro de los migrantes y de las prácticas agroecológicas en comunidades indígenas y rurales de la región. Me dijo que con el propósito de que la Iglesia católica tuviera una mayor presencia en Latinoamérica, fundó y presidió la Red Clamor, compartiéndome también que clamor es una palabra sacada del libro del Éxodo: “He visto la opresión de mi pueblo, he escuchado su clamor”, dijo el Señor a Moisés para enviarlo a liberar su pueblo...

El arzobispo Gustavo Rodríguez –quien, además de fundar esa red en 2017, fundó en 2019 una red agroecológica para México y Centroamérica basada en saberes ancestrales– ha tenido un liderazgo certero y cercano, por lo que no le han permitido ausentarse de sus funciones a favor de los migrantes, pues sigue al frente de un consejo latinoamericano que considera los temas de migración, refugio y trata de personas.

– Ya había una red de este tipo en la región del Amazonas y nos inspiramos en ella. Declara el brillante arzobispo de origen regiomontano, muy orgulloso de sus raíces norteñas sefarditas, pero que sabe hablar en lengua maya para comunicarse con sus feligreses que pertenecen mayoritariamente a esta maravillosa etnia.

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Me parece importante destacar que, gracias a la creación de la red, existe una escuela de agroecología ubicada en Maní (cuya población no ha querido aceptar el distintivo Pueblo Mágico), que pertenece a la Parroquia de Maní.

Sé que habrá personas a las que les parezca impensable que altas autoridades religiosas del catolicismo puedan ser activistas sociales, pero aquí tenemos el ejemplo de este arzobispo norteño, quien recibió con alegría el pan de Saltillo, las glorias de Linares y la carne seca de Bustamante que le llevé como regalo, porque seguramente le recordarán sus raíces. Le agradezco que me haya contactado con líderes sociales de México y de Venezuela con los que pronto me comunicaré. También me ofreció el contacto del nuevo obispo de la Diócesis de Nuevo Laredo, monseñor Luis Carlos Lerma, otro norteño, pero de origen chihuahuense, con el que ya tuve el gusto de conversar, vía aparato celular. Hay que hacer equipo.

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