‘Ustedes no juegan futbol, sólo patean el balón’

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 19 marzo 2026

En Dinamarca, la formación educativa y la certificación de competencias y habilidades laborales son un gran mecanismo de igualdad social

La semana pasada escribí sobre algunas impresiones de mi relación con varios de los daneses con quienes he tenido la oportunidad de interactuar. El ingeniero danés que conocí hace más de 40 años, en la planta de Cementos Mexicanos en Torreón, era muy observador y se interesaba por muchos de los aspectos de nuestra vida.

En varias ocasiones, después de la jornada laboral, se acercaba con los trabajadores que se quedaban a jugar fútbol en un campo sin pasto ubicado adentro de la planta. Les preguntaba: ¿Quién los entrena? Al saber quién era el entrenador, lo cuestionaba: ¿Dónde se había capacitado para ser entrenador? ¿En qué escuela de entrenamiento deportivo se formó? ¿Cuál era el plan de estudios para un entrenador? El “obrero-entrenador” le respondía que no había asistido a una escuela para formarse como entrenador. Que él jugaba futbol, y jugando aprendió; y que ejercitarse en los llanos le permitió capacitarse para entrenar a su equipo sin tener que asistir a la escuela.

https://vanguardia.com.mx/opinion/dinamarca-un-ejemplo-de-sociedad-justa-y-consciente-BL19567978

Eso desconcertaba al danés, pues en su país para ser entrenador de fútbol había que ir a una escuela, no a la “escuela” de la vida o a la de los llanos. El asombro era mayor ante la respuesta a sus preguntas: Si se lesionan, ¿quién los atiende? ¿En qué escuela estudian? Los jugadores señalaban al “sobador”. El danés le preguntó: ¿Eres enfermero o médico? La respuesta era: “No, soy sobador, y aprendí a sobar aquí, jugando. Me enseñó otro sobador. Si se lesionan, les aplico algún ungüento y los vendo para alivianarlos”. Asombrado preguntaba: “Entonces, ¿tampoco fuiste a una escuela?”.

Y enseguida dijo: “¿Y quién es el árbitro?”. Cuando se lo presentaron, le preguntó “¿en qué escuela había estudiado arbitraje?”. Para su sorpresa, había aprendido en los llanos. Y siguió escudriñando: ¿Y el manual de las reglas del juego? El “árbitro” le contestó: “¡No tenemos! Pero le puedo platicar las reglas, me las sé de memoria”. Las había aprendido jugando en el llano. En concreto, no había entrenador, ni médico deportivo, ni árbitro que hubieran estudiado en alguna escuela. Y es lógico deducir que tampoco los jugadores recibieron formación deportiva, ni había cuerpo técnico que dirigiera al equipo, ni estrategia de juego. Sólo esperar que la Virgencita de Guadalupe los guiara por la senda del triunfo. La conclusión del ingeniero danés fue lapidaria: “No juegan futbol, sólo patean el balón”.

Mi yerno tiene una carrera profesional, es ingeniero, y su mejor amigo, albañil. Él se formó en la escuela para ese oficio. Son carreras de cuatro años. Para sorpresa de muchos, no hay grandes diferencias entre sus niveles de ingresos. En México, en cambio, un ingeniero civil tiene una gran diferencia de ingresos con respecto a un albañil.

En Dinamarca, un electricista o un carpintero también reciben educación por cuatro años. La formación educativa y la certificación de competencias y habilidades laborales son un gran mecanismo de igualdad social. A ello también contribuye que quien gana más paga más impuestos, y quien gana menos aporta menos.

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-felicidad-es-el-nuevo-objetivo-publico-de-las-sociedades-desarrolladas-EE19482402

Dinamarca tiene también un sistema de formación profesional para adultos, desde 1960. Son escuelas superiores populares que ofrecen cursos intensivos no formales, incluyendo especializaciones deportivas. Es un país donde se dignifica la vida con educación. No importa el rango: todos tienen oportunidad. Además de la cultura de la educación formal, tienen otra cualidad: la honestidad.

En los pueblos vecinos que visitamos en el campo, alrededor de Odense, Dinamarca, observamos que en las pequeñas granjas los agricultores venden sus productos agrícolas recién cosechados afuera de sus propiedades. Es muy común encontrar verduras, papas y fresas de temporada. Exhiben en un mueble sus productos con los precios respectivos y, en un recipiente aparte, la gente que compra algún producto deja el monto correspondiente o deposita en la cuenta indicada. Ofrecen sus productos a la comunidad en general, que transita por esos lugares, no necesariamente a sus conocidos. Son una especie de puestos autogestionados (el cliente paga y toma sus productos) basados en un sistema de honestidad. Cada quien se despacha solo: hace sus pagos sin que nadie los observe, sólo su conciencia. No hay robos ni agandalles. Por eso son el pueblo más honesto del mundo y uno de los más educados.

jshv0851@gmail.com

Temas



Localizaciones



Columna: Fractalidades

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM