Vacío de poder presidencial
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La Presidenta tiene poder, pero no mando. La política interna es un rosario de desaciertos, incluso si el objetivo fuera beneficiar al mismo régimen
Resulta paradójico que, cuando la Presidencia de la República ha acumulado poder y atribuciones como nunca, se presente un vacío de poder. Algo tiene que ver con el no ejercicio de las facultades metaconstitucionales a las que aludía Jorge Carpizo en su aguda caracterización del régimen presidencial.
La Presidenta tiene poder, pero no mando. La política interna es un rosario de desaciertos, incluso si el objetivo fuera beneficiar al mismo régimen. Acontece en la plaza pública, al igual que en el proceso legislativo, por la combinación de incompetencia, altanería y ceguera. Un sistema de justicia inexistente es condena.
Ante las dificultades, el régimen se regocija persiguiendo a sus adversarios y fustigando a los medios independientes que dan cuenta del diario acontecer. Ambos, en la versión del régimen, son traidores a la patria. Hasta el senador Enrique Inzunza, acusado por un gran jurado de Estados Unidos de narcotraficante, se asume víctima de una campaña mediática de la derecha, como también el gobierno nacional, aunque eleva un poco la mira al darle una condición más radical con origen en el exterior. Para la presidenta, México está amenazado por la ultraderecha, no por la impunidad que gozan los funcionarios bajo sospecha razonada de connivencia con el crimen organizado para exportar fentanilo al agraviado vecino del norte.
El régimen está bajo asedio hasta de los suyos. Para imponerse al Gobierno Federal, la CNTE recurre a la extorsión, como siempre. Por otra parte, es muy mal precedente que sus compañeros de viaje, el PT y el PVEM, fueran amenazados con excluirlos de la coalición en la iniciativa de reforma constitucional que elaboró Pablo Gómez. Hay pérdida de confianza. Representa un punto de quiebre en la relación porque dejó al descubierto el desprecio y menosprecio de la Presidenta hacia ellos; dicho sea de paso, indispensables para lograr la mayoría absoluta y la calificada. Morena no cuenta con los votos para tal cometido, propósito del cambio frustrado: hacerlos redundantes.
La selección de candidatos se anticipa problemática. Los gobernadores van a tratar de imponer a los suyos sin importar antecedentes y compromisos, porque en la sucesión ven su impunidad, como el PRI en su etapa terminal. El mensaje del evento de la Presidenta del domingo deja un ominoso precedente.
Los gobernadores morenistas tienen agenda propia, al igual que los coordinadores parlamentarios. En este último tramo quedó al descubierto que iniciativas fundamentales no fueron consultadas con los morenistas más representativos. El rechazo de Alfonso Ramírez Cuéllar a la decisión de reelegir a los magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral y la abstención de 22 diputados son ejemplo de las diferencias sustantivas en la agenda política, todo a causa del sigilo y de decisiones tomadas a partir del arrebato presidencial. El sentido de la amenaza que se avecina los vuelve más erráticos y propensos a la represión, como recurso para mantener la cohesión y contener las expresiones del descontento.
En medio de la tormenta, el gobierno reitera su afán de presumir buenos resultados en todos los frentes, mientras que EU anticipa una acción punitiva de proporciones mayores. Los datos duros confirman el negro escenario, mientras que en la población crece el descontento por la mala economía, la inseguridad, la extorsión, la galopante corrupción y ahora la persecución de opositores.
El obradorismo se ha desfondado y anticipa dificultades en el frente electoral, de lo que habrán de dar cuenta los resultados de las elecciones del próximo domingo en Coahuila, sin considerar la muy complicada e incierta agenda judicial impuesta por el gobierno de EU. Las elecciones de 2027 no serán un día de campo para nadie.
Llama la atención la exasperación de la Presidenta y su confrontación con EU. Por una parte, la toma contra la oposición y sus gobiernos, señalándolos de traidores a la patria; por la otra, los medios son objeto de ataque y descalificación, a grado tal que instruye a su consejera jurídica para que abra un espacio vespertino en el que un derecho ciudadano, el de réplica, sea apropiado por el Estado, con todos los efectos que entraña.
Nadie debiera regocijarse por la tormenta que se avecina. Se entiende, para muchos, que la situación no puede estar peor y consideran que el colapso del régimen de autoridad abriría un cambio para bien. Se equivocan, especialmente si consideran que el vecino hará el trabajo político o judicial que sólo a los mexicanos corresponde.