Vamos a Tepa

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Opinión
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En Tepatitlán ejercitó su ministerio durante muchos años el Padre Reynoso, hombre de grandes ocurrencias

¿Puedes recordar, lector –a ti, lectora, no te hago la pregunta–, cuál fue la primera grosería que aprendiste de niño? ¿Fue acaso la del cachetón del puro? ¿O fue aquella de “préstame el lápiz”, etcétera? Yo de mí sé decir que una de las primeras leperadas que conocí de niño fue la que se cantaba con música de “Las Alteñitas”:

Qué linda la mañana cuando sale el sol,

se agacha tu abuelita y se le ve el calzón.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-torbellino-BH23062201

Quien daba voz a esa formidable badomía debía confesarse luego con el Padre Secondo. Él le recomendaba que no anduvieras diciendo esas groserías, y le ponía de penitencia tomarse una taza de chocolate con pan de azúcar. Las penitencias del Padre Secondo no parecían de jesuita; parecían más bien de franciscano. Dios tiene seguramente en su santo reino a ese buen sacerdote.

Las alteñitas son las muchachas de Los Altos de Jalisco. Tierra de cristeros es ésa. Los hombres son alzados, tanto de estatura como de ánimo. Gustan de los caballos, y tienen muchos dichos sobre ellos. De Los Altos de Jalisco es esta férvida oración:

¡Que Dios me libre de un rayo,

de un burro en el mes de mayo,

y de un pendejo a caballo!

Tepatitlán es el corazón de Los Altos de Jalisco. Acostumbran los de Tepa irse a trabajar a Estados Unidos. Regresan cada año a su lugar de origen en esos grandes automóviles que los mexicanos gustan de comprar en el otro lado. Un niño viajó con su papá a Los Ángeles, California. Vio los vehículos y dijo:

–Mire, ’apá. Puras placas de Tepa.

En Tepatitlán ejercitó su ministerio durante muchos años el Padre Reynoso, hombre de grandes ocurrencias. Una vez, en Navidad, estaba dando a besar la imagen del Niño Dios a los fieles. Una gran multitud se aglomeraba para adorar al Niño. Le dijo al Padre Reynoso uno de sus sacerdotes:

–Padre, ¿no quiere usted que traiga otro Niño Dios para darlo a besar al pueblo? Así acabaremos más pronto.

–No, hijo –le contestó el señor Reynoso–. Hay gente tan pendeja que va a pensar que la Santísima Virgen tuvo gemelos.

El Padre Reynoso habría sido un detective supereminente. A cierto borracho le había dado por hacer sus necesidades en un rincón del atrio de la iglesia. Pasó por ahí una mañana el señor cura Reynoso con el sacristán, y le dijo éste:

–Mire usted, Padre: Fulano hizo otra vez de las suyas.

–No –lo corrigió el Padre Reynoso–. Esto es obra de mujer. Fíjate como las dos cosas que hizo están muy juntas una de otra.

Un Miércoles de Ceniza, estaba el Padre marcando la frente de los feligreses. Llegó uno muy moreno, de tez como el carbón.

–¡Perfecto! –llamó el señor cura Reynoso al sacristán–. ¡Tráeme un gis blanco! ¡A este cabrón no se le va a notar la ceniza!

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-estudiante-y-el-ciego-IC23039247

Un matrimonio originario de Tepa hizo fortuna en Guadalajara e invitó al Padre Reynoso a que bendijera su elegante mansión. Cuando llegó el párroco, la señora –al fin nueva rica– empezó a presumirle la casa.

–Tiene siete baños, Padre –le dijo–. Uno en cada recámara, son cuatro; otro en el salón de juegos, cinco; uno más para las visitas, seis; y el de la criada, siete.

Sugirió el padre Reynoso:

–Pues pídanle a Dios que no les falte qué comer, ya que les sobra dónde zurrar.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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