Vocabulario para sustos
COMPARTIR
Se habla de ‘terroristas’ y se abre un abanico de implicaciones
Ya se hablaba de maleantes, delincuentes, pandilleros y más.
Pero ingresa al vocabulario un término explosivo. Se habla de “terroristas” y se abre un abanico de implicaciones. En su semántica, la palabra incluye cometer o formar parte de actos de violencia.
Incluye intimidación o coerción sistemática con el fin de generar pánico en la población. Inclusive presionar a un gobierno o alcanzar objetivos políticos.
Lo explosivo del término está en que, en el país vecino del norte, hay la criticable legislación que considera lícito atacar al terrorismo en cualquier país, si hay consecuencias mortales en el propio.
¿INVASIÓN SIN ANEXIÓN?
Empieza a mencionarse, como amenaza, otro término improvisado. Se habla de posible “invasión”. Históricamente, significa meter tropas violentamente a un territorio ajeno, con intenciones de anexión por fuerza.
En el caso, el término apropiado podría ser “operación militar”, que supone el consentimiento y aun la invitación del país que padece la violencia interna.
Como alternativa viable, se empieza a hablar de “capacitación” en estrategias. Se enviaría a la milicia, escogida acá, para ser capacitada allá. Así, la operación militar ya no sería extranjera, sino nacional.
TAREAS URGENTES NO ATENDIDAS ALLÁ
Se suma a esto último la sugerencia de realizar operaciones en aquel país para combatir tanto la “adicción” creciente como el que se sigan armando aquí los llamados “terroristas” con armas conseguidas allá.
La palabra más sabia en el vocabulario podría ser “concertación”. Coloquio permanente para ofrecer terapia efectiva a este padecimiento de frontera común.
Así, mejor que telefonemas interpresidenciales y párrafos iracundos de red social, se borrarían esos términos explosivos para llamar a todo por su nombre y dedicarse cada gobierno a las tareas peculiares y acertadas. Así se ahuyentaría todo riesgo de precipitaciones destructivas.
RODEO NORTEÑO SALTILLENSE
Casi se llenan los hoteles de esta capital. El imán del evento, con ambiente México-tejano, atrae visitantes de todos los puntos cardinales.
Sombrero de ala con ondulaciones, botas recias, pantalón de mezclilla con cinturón de gran hebilla, paliacate al cuello o medallón de herradura al frente. Igual puede ser jinete o espectador. No faltan damas ensombreradas con falda de cuero y botas estilizadas.
Los minutos sobre el toro son un zarandeo de círculos, con saltos y sacudidas. Se soportan con manos al aire, con inclinaciones y acostadas hasta que se produce una ladeada inicial que deja atorado el pie o sobreviene el empuje que dispara al jinete a maromear en la arena. La codicia del toro terco es vencida por el atrevimiento de los rescatadores intrépidos. En los tendidos grita, aplaude, se asusta y ríe un público entusiasta de gran afición...
TÉ CON FE
– ¿Qué es eso que llaman soledad?
Es sólo la ignorancia o el olvido de la amorosa compañía divina, que puede disfrutarse y agradecerse, con alegría, en cada momento de la existencia humana.