Vuelven a la moda las calaveras literarias
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Famosos personajes saltillenses escribieron calaveras de otros saltillenses famosos
En plena festividad de difuntos, tan especial para los mexicanos, me da la impresión de que han vuelto las calaveras literarias. Por diferentes medios, me llegaron varias escritas por autores distintos y con la misma intención. Algunas no cubren del todo los requisitos de la métrica usual para dicha composición. Aunque sí muestran el humor negro y el cariño respetuoso a quien o quienes inspiraron la composición, no todas alcanzan la profunda ironía y el ingenio literario recomendable para escribir esos versos conforme a las reglas marcadas.
Por tradición, esas estructuras se escriben en cuartetas: estrofas de cuatro versos con rima consonante, es decir, que a partir de la sílaba acentuada en cada verso sean iguales las consonantes y vocales de la palabra final en los versos primero y tercero, y también iguales, pero diferentes a estas, las de la segunda y la cuarta línea.
La combinación de los versos y las estrofas debe formar así una rima perfecta. Y, claro, el tema central es siempre la búsqueda de alguien por “la Parca” para llevárselo al panteón o la forma en que “la Flaca” o “la Calaca” termina por hacerlo, a veces en forma cómica, exaltando o haciendo burla de las cualidades o defectos del personaje. El tema es el mismo para los que se llamaron epitafios, no siendo imprescindible en ellos la misma estructura formal.
Estas composiciones nacieron en el virreinato en la Nueva España y, aunque se consideran una herencia de las llamadas danzas macabras europeas y los epitafios satíricos tradicionales, a fines del siglo 19 y durante las primeras décadas del 20 se utilizaron en México para criticar veladamente a las autoridades civiles y eclesiásticas, así como para denunciar la desigualdad social, el abuso de poder y la corrupción, lo que motivaba censuras frecuentes. Durante el Porfiriato y la Revolución Mexicana, las calaveras hallaron su máxima expresión y en ellas encontró el famoso grabador José Guadalupe Posada la inspiración para sus dibujos de esqueletos vestidos, de los cuales nació la Catrina, hoy consolidada como un símbolo mexicano de la festividad de Difuntos.
Famosos personajes saltillenses escribieron calaveras de otros saltillenses famosos. Don José García Rodríguez es autor de los textos siguientes: el primero, un epitafio dedicado al profesor Francisco Sánchez Uresti, y el segundo, una calavera para José Elizondo:
Francisco Sánchez Uresti
Se paseaba Pancho en el eterno
sitio de horror y maldición. Un diablo
alza una mano hasta tocarse un cuerno,
a guisa de saludo, y -Hola, amigo:
-Le dice afablemente. -¿Habla conmigo?
don Francisco pregunta. -Contigo hablo...
¿Cómo te va de Infierno?
-Aquí no es el Infierno; aquí es la Gloria,
Con firme convicción, Sánchez contesta
y al oír su respuesta, los ojos asombrados,
volviendo el diablo hacia diversos lados,
echa raudo a correr, y en un momento
la caterva, la infernal patulea
a don Francisco innúmera rodea.
Él con seguro y persuasivo acento
que allí la Gloria está, dice y sostiene.
Y con risas, cornetas y alaridos,
los demonios se dan por convencidos.
Entonces, sonriendo de soslayo,
el gran Luzbel, cuya experiencia tiene
tanta fama en el mundo,
dijo para su sayo:
-¡La terquedad de Pancho me conviene;
y en esa piedra mi dominio fundo!
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José Elizondo
En la tumba de Elizondo
aterroriza a la gente
un rumor confuso y hondo,
mas un vecino valiente
se asoma y suelta la risa:
la Musa y la Bella Unión,
aquella en pura camisa
y esta con rico mantón,
a mordiscos y arañazos,
de sangre el rostro cubierto,
se disputan los pedazos
del idolatrado muerto.