Limp Bizkit llena de energía a Monterrey
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Una avalancha de gorras de beisbol inundó el Auditorio Banamex para cantar junto a Limp Bizkit los éxitos por los que son más recordados
Monterrey, NL. Entre el círculo infernal y Stayin' Alive, la noche del martes el Auditorio Banamex fue una mezcla de emociones y melodías, guiadas por un líder de gorra, barba y pantalones guangos, que desde el escenario orquestaba la locura de un grupo de personas dispuestas a comérselo vivo. Él controló a la bestia en que se había convertido su público como pudo, aunque apenas consiguió domarla. Con gran valor, se abalanzaba sobre ellos e incluso llegó a meterse entre las fauces de ese animal. Están locos, estaba luchando por mi vida ahí, dijo cuando por fin pudo regresar al escenario, el lugar donde la gente, aunque quisieran tomarle fotos o tocarlo, prefería que estuviera para que pudiera cantarles.
Se trataba de Fred Durst, líder y vocalista de la agrupación Limp Bizkit que se presentó por primera vez en Monterrey, y la multitud frente a él eran regiomontanos y fanáticos de las localidades aledañas, a quienes no les importó el retraso de media hora del concierto, cuando los cinco hombres que se dieron a desear por fin aparecieron. Sin demasiada parafernalia, sencillamente caminando en el escenario para ocupar sus lugares, así apareció Durst, acompañado de Wes Borland, John Otto y Sam Rivers, miembros originales de la agrupación, que llegaron junto a un nuevo integrante que está con ellos durante los conciertos, Franko Carino, reemplazo de DJ Lethal en las tornamesas, luego de que éste abandonara el grupo en 2013.
Las cabezas que los esperaban estaban casi todas cubiertas por gorras, de preferencia que fueran rojas, de preferencia que fueran de los Yankees de Nueva York, y, muy importante, debían ser utilizadas con la visera hacia atrás. Tratando de emular el look que Fred Durst hizo famoso en los primeros años de la banda, la multitud del concierto pintó gran parte del lugar con sus cabezas rojas, mismas que comenzaron a moverse frenéticas ante las órdenes de los originarios de Jacksonville, Florida, quienes orquestaron un caos a través de su música, hasta convertir el centro de la explanada en un círculo donde el sudor y la sangre, producto del slam, abrieron un pequeño portal al infierno, pero lleno de energía y mucha diversión para los que decidieron caer en él, por voluntad propia.
ESTALLA EL SLAM
¡Cuando les diga que se levanten, ustedes se levantan! ordenó Durst antes de comenzar con la enérgica Why Try, tema de su más reciente producción Gold Cobra. Pero aunque no fuera uno de los llamados clásicos, tuvo la energía suficiente para despertar a la bestia, levantando de sus asientos a aquellos que tenían lugares numerados y que una vez que inició la música, hicieron caso omiso de la silla que tenían detrás, a menos que fuera para sostener su cerveza. Se siente bien esta noche, comentó Durst, que se movía de un lado a otro sobre el escenario, como un niño hiperactivo, que no podía dejar de ver al público, comenzando una interacción constante que se fue acentuando conforme la noche avanzó.
El primer viaje al pasado llevó al publico hacia el famoso disco Chocolate Starfish and the Hotdog Flavored Water (2000). Primero llegó Hot Dog, ese tema que define casi a la perfección la personalidad del grupo, misma que se reflejó en el concierto: bromistas, malhablados, extravagantes y con una combinación exacta entre el metal y el hip-hop. El sonido poderoso de su música, que parecía inmenso para venir solo de una guitarra, un bajo, una batería y un DJ, retumbaba por todo el recinto. A esto agreguémosle los coros de la gente, quienes no perdieron tiempo para cantar cuando Durst anunció el momento de Rollin', tema que el público no solo acompañó con sus voces, sino con su brazo en el aire, puño cerrado, moviéndose de un lado a otro, simulando el volante invisible de un automóvil. Keep, rollin', rollin', rollin'..., cantaba Durst.
Entre canción y canción había casi un intermedio. Se podía ver que el guitarrista Wes Borland se estaba preparando para lo siguiente, cambiando de instrumento siempre que fuera necesario. Como siempre, estaba vestido de forma inusual, mientras que sus compañeros optaban por ropas flojas, pero convencionales, él llevaba una especie de saco con estampado curioso, un sombrero del mismo color (café con amarillo o una mezcla de ambos), botas negras, la cara pintada de blanco y unas gafas oscuras que completaban su atuendo demencial. Él era, probablemente, la razón por la que el grupo se detenía entre temas, incluso poniendo de fondo otras canciones que nada tenían que ver con la banda.
AMIGOS DEL PÚBLICO
Antes de Nookie, mientras el guitarrista preparaba su instrumento, la pista del tema se escuchó de fondo, anticipando al publico ansioso. Durst hacía bromas mientras esperaba, bailando sobre el escenario y viendo a ver qué se encontraba entre la muchedumbre. ¿Están bailando?, invitaba a los presentes, antes de que comenzara a cantar: I did it all for the nookie..., en uno de los momentos más esperados que llegó tal vez demasiado temprano, pero que los presentes recibieron con entusiasmo, incrementando cada vez más el slam, con vasos de cerveza volando, saltos y el circulo del infierno que seguían atizando toda la noche los más salvajes.
En su interacción, el vocalista decidió subir a un pequeño niño al escenario. Lo divisó y lo pidió prestado a sus acompañantes en medio de los aplausos de la gente. Cargándolo, lo puso encima de la estructura donde John Otto tenía su batería y desde ahí le mostró el dedo medio, acto que el niño imitó, para luego mostrarlo al resto del público, quienes también hicieron lo mismo, no tanto como un insulto, sino casi como un saludo fraternal. En otro momento preguntó a otro chico de la audiencia ¿cuánto tiempo has esperado? ¿17 años? Ven aquí, sube, mereces algo más. El joven sudoroso no perdió tiempo para correr al escenario y abrazar a Durst. Pero contrario al niño pequeño, él recibió la envidia del público, quienes le entonaron en coro puto, puto, puto... o el ya clásico culeeeeerooooo, culeeeeerooo...
La mayoría de los temas evocaron al pasado. Primero llegó I'm Broke, de su Significant Other (1999) y luego Durst dijo cuatro palabras de forma pausada: three-dollar-bill-yaaaaall, nombre de su disco debut, del cual interpretaron Counterfeit y un fragmento de Pollution. Three-dollar-bill-yaaaaall, siguió diciendo el cantante, para luego preguntar, ¿lo conocen? Levanten la mano los que lo conocen. Malditos mentirosos, sentenció a las manos levantadas. Los amo, tienen mucha pasión, señaló emocionado el vocalista, mientras, tal vez también presa de la emoción, Wes Borland se removió parte de su atuendo quedando en una especie de vestido o camisa muy larga que dejaba ver sus piernas desnudas.
Al son de if only we could fly... la noche estalló en gritos y el slam alcanzó su nivel más álgido. Fue el esperado momento de My Generation, donde la emoción llegó a tal grado que alguien le lanzó un sostén que dio en la cara de Durst, quien lo tomó, lo miró, lo olió y después volteó al público intentando buscar en vano a la mujer dueña de esa prenda. Después de My Way, el vocalista preguntó, en cuclillas sobre el escenario: ¿les gusta Nirvana?, gritos, a nosotros también, ¿les gusta Deftones?, gritos más fuertes, a nosotros también. Entonces comenzaron los acordes de Heart-Shaped Box, de la agrupación liderada por Kurt Cobain, de la que interpretaron solo una parte. Pero ese no fue el único cover de la noche, pronto llegó, no Deftones como había anunciado, sino Killing in the Name de Rage Against the Machine y su fuck you I won't do what you tell me resonando por todo el recinto.
La noche se acercaba a su final luego de Re-Arranged, cuando Fred decidió bajarse del escenario y meterse hasta lo más hondo de la multitud, deteniéndose a su paso para saludar a sus fanáticos, que se abalanzaron sobre él y lo persiguieron por todo su recorrido, una vuelta completa a la explanada. Esa hazaña detuvo por un momento el tema Take a Look Around, hasta que el cantante pudo volver a su lugar, desde donde interpretó la canción que forma parte del soundtrack de Mission: Impossible II (2000). Aparentemente estaban por despedirse, pero Wes Borland se negó y tocó los primeros acordes de Break Stuff, llamando de regreso a sus compañeros. Buenas noches, decía Durst, a lo que Borland respondía con guitarrazos; buenas noches, insistía, como ordenándole que bajara del escenario, a lo que el guitarrista volvía a responder con su instrumento.
Por fin la agrupación cedió, haciendo de Break Stuff la despedida oficial y dándole al slam una última oportunidad de destrozar, como dice la letra de la canción, todo lo que se encontraran en su camino. El asunto no llegó a tanto, pero los presentes sí terminaron muy cansados y satisfechos. Cuando la banda había guardado silencio, sonó de fondo el tema Stayin' Alive de los Bee Gees, a cuyo ritmo Durst bailó y regaló la hoja del set-list al público, mientras Borland aventaba uñas de sus guitarras como souvenir, para quien pudiera atraparlas. Con la música disco de fondo, las gorras rojas comenzaron a abandonar el lugar.
El dato
La agrupación se presentó con media hora de retraso.
El concierto fue el primero de Limp Bizkit en Monterrey.
Estuvieron acompañados por Franko Carino, quien reemplaza a DJ Lethal.
Fred Durst interactuó constantemente con el público, subiendo al escenario a dos personas.
Wes Borland portó su característico atuendo extravagante.
Interpretaron temas como My Generation, Nookie, Rollin' y My Way.
Tocaron dos covers: Heart-Shaped Box de Nirvana y Killing in the Name de Rage Against the Machine.